A merced de las llamas los que menos tienen

Por Sandra Caquías Cruz

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ADJUNTAS – El fuego que redujo a cenizas ocho frágiles casas de madera y zinc, a pasos de la plaza pública de este pueblo, ejemplifica la vulnerabilidad en la que viven miles de familias en todo el país.

La ubicación de viviendas en estrechos callejones, con un mínimo de separación una de la otra y entre estructuras abandonadas y utilizadas como refugio por malhechores, se convierte en acelerante en caso de un fuego, ocasionando que, no una ni dos, varias familias se queden sin techo en un abrir y cerrar de ojos.

Apenas habían transcurrido cuatro meses desde que se quemaron dos casas en el callejón Salsipuede, en Adjuntas, cuando ocho estructuras, algunas de ellas abandonadas, fueron consumidas por las llamas. Era viernes en la mañana cuando vecinos y bomberos se las ingeniaban para apagar el fuego.

Uno de los hidrantes no funcionó. En el otro no había presión de agua. El camión cisterna lo tuvieron que estacionar en la plaza pública y desde allí conectaron mangueras para llegar a Salsipuede, narró Florencio Ortiz Caraballo, uno de los vecinos que perdió dos paredes de su vivienda.

Y mientras las llamas y la brisa amenazaban con desaparecer el barrio, José Ramón Rodríguez y Ana Elba Soto Álvarez, luchaban para colocar en un sillón de ruedas a uno de los residentes que vive inmóvil en una cama de posiciones. Aunque esa residencia se mantiene en pie, las llamas y el calor la hicieron prácticamente inhabitable, explicó Soto Álvarez.

“Eso fue horrible”, describió la mujer, quien recordó que no se cansó de gritar: “Hay que salvar a Aníbal (encamado). Hay que salvar a Aníbal”. En el incendio de Adjuntas no hubo víctimas fatales.

Los daños de este fuego fueron estimados en $350,000.

La causa del fuego, según la investigación, fue que hubo mano intencional porque minutos antes vieron a una persona salir de la vivienda en la que comenzó el fuego, informó el comisionado del Negociado del Cuerpo de Bomberos, Alberto Cruz Albarrán.

El funcionario reconoció que las condiciones de vida en algunas comunidades, donde el único acceso a las viviendas son estrechos callejones, ponen en riesgo la vida de los que allí residen porque en caso de fuego son varias las viviendas que se queman y si los residentes no avanzan a salir podrían perder la vida.

“Esos lugares son bien incomodos para trabajarlos”, manifestó Cruz Albarrán antes de señalar que a esa situación se suman los problemas con los hidrantes en mal estado, como ocurrió en Adjuntas, donde no pudieron utilizar ninguno de los dos hidrantes a la entrada de Salsipuedes. “Todo eso es tiempo en el que las llamas siguen consumiendo viviendas”, señaló el funcionario.

Los Bomberos inspeccionan los hidrantes una vez al año. La Autoridad de Acueductos y Alcantarillado  (AAA) es la encargada de arreglarlos. Las querellas de hidrantes dañados también la puede radicar cualquier ciudadano. Cruz Albarrán dijo que en el informe más reciente se reportaron unos 93 hidrantes dañados.

Imborrable La vivencia del fuego no se borra de la mente de los vecinos de Salsipuedes, donde permanecen los escombros. Los pocos residentes que quedan en ese vecindario temen que un poste de madera que permaneció en pie colapse en cualquier momento.

“Esto es no me llames que yo te llamo”, dijo Ortiz Caraballo, molesto por la demora en atender la situación de los pocos residentes que quedan en Salsipuedes. Explicó que las familias afectadas con esta situación buscaron refugio en la vivienda de un familiar y que entre ellos hay menores de edad.

Todos esperan que los puedan reubicar en una vivienda segura.

Recomendaciones Cruz Albarrán recomendó a las personas que viven en comunidades cuyos accesos son callejones, a instalar detectores de humo en sus hogares para que tenga más tiempo para reaccionar en caso de una emergencia.

Explicó que es importante tener un plan de desalojo de ese vecindario. “Lo que pretendemos es que la persona se salve”, insistió. También pidió que acudan a los municipios a notificar las viviendas abandonadas que pudieran poner en riesgo la comunidad y que son utilizadas por malhechores. “Nunca dejen una vela desatendida”, recomendó Cruz Albarrán.

Las estadísticas del Negociado de Bomberos, donde laboran unos 1,247 bomberos y hay 243 plazas vacantes, revelan que en el 2017 hubo 1,075 fuegos de estructuras y que en lo que van del año habido 547 incendios en estructuras. Cruz Albarrán informó que en el 2017 fallecieron cuatro personas en incendios y en el 2018 se han reportado dos víctimas.