Abandonados los caminos y carreteras rurales

 

Por Eduardo L. Questell Rodríguez

Fotos: Tony Zayas

redaccion@esnoticiapr.com

 

PONCE – Cuando se construyen las autopistas se celebran las aperturas por todo lo alto y más de un conductor siente que su calidad de vida ha mejorado por que se acortó su tiempo de viaje o simplemente porque la condición de la carretera es más segura.

Sin embargo, las personas que viven en las carreteras que de ser principales pasan a ser rurales viven una situación agridulce. Por un lado, sus vidas se tornan más llevaderas, porque no existe el bullicio del tráfico continuo.

Sin embargo, de la tranquilidad se pasa al temor, la carretera se torna desolada, los comerciantes cierran, las luminarias se funden y ya nadie las repara y los residentes comienzan a ser blancos del crimen, luego viene el éxodo.

Lydia Esther Carrasquillo Rivera es natural de Canóvanas, pero lleva 44 años viviendo en el barrio Guaraguao, en Ponce, actualmente administra el colmado Rivera en la PR-123, aunque no por mucho tiempo más.

Lydia Esther Carrasquillo Rivera

“Nací en Canóvanas y llevo una vida aquí, pero recientemente vendí mi casa y compré en Carolina, ya tener un negocio como este no es tan rentable. Más encima, luego del huracán, mucha gente se ha mudado. Las condiciones de esta carretera nunca han sido las mejores, pero ahora con menos gente transitándola y como la dejó el huracán, menos caso le hacen”, dijo.

“Por aquí no ha venido nadie, ni la alcaldesa ni nadie, nos tienen en el olvido. Yo quisiera que vieran el camino el Portugués, como está la 516 o el parque de esta comunidad, el abandono es total”, aseguró la comerciante.

Es Noticia constató las condiciones de ambas carreteras y exhiben el mismo patrón de abandono, por parte de las autoridades, que muchas otras de la zona. Luego del huracán María los males antes descritos, desolación, éxodo y el abandono, se han recrudecido. Esa realidad se ha apoderado de las carreteras de los campos de la región.

Un ejemplo craso de esto es la carretera PR-123, antigua PR-10 de Ponce a Adjuntas. Esa vía perdió varias porciones, dejando un carril o carril y medio para el tránsito a raíz de derrumbes por las lluvias intensas que dejó el fenómeno atmosférico. En el km 24.2, 27, ambos en Ponce y el 30.8 jurisdicción de Adjuntas, la vía está en paupérrimas condiciones.

Bastante cerca en el kilómetro 24.4, de la PR-123, se encuentra la intersección de la carretera PR-515. Esta vía conecta el expreso PR-10 con la antigua 10 y sus condiciones son similares. Las grietas, deslizamientos, levantamientos del asfalto, hoyos y pedazos donde ya no existe brea son la orden del día. El agua ha ido haciendo de las suyas, socavando y erosionando el terreno al punto del más franco deterioro.

Un residente de los pocos que quedan en la zona, quien prefirió no identificarse, expresó su frustración y tristeza al sentirse marginado y olvidado por funcionarios públicos que pensó que no le fallarían.

“Esto aquí en las noches no hay quien salga, primero porque luz en los postes, ya eso aquí casi ni existe. Segundo, la maleza tapa a uno y ni hablar que a veces se escuchan tiros, otras veces, el montón de motoras con música altísima, carros chillando goma. Lo mejor es quedarse encerrado”, describió.

“Lamentablemente cada vez somos menos los que vivimos acá en el campo y más después de María. Aquí sí que hubo que sobrevivir y nos las vimos negras. En los campos sufrimos el huracán dos veces, cuando pasó, que eso arrasó con todo esto aquí, y luego el tiempo en que se tardó en llegar la luz, el agua y la ayuda del gobierno. Como cada vez somos menos nos discriminan y más que muchos de nosotros ya somos viejos, no les importamos a nadie”, declaró casi entre lágrimas.

Escenas similares se observaron en las carreteras PR-503 del Barrio Tibes y en la PR-504 de camino al sector Río Chiquito. Allí el hermoso paisaje es opacado por las casas abandonadas, un asfalto que ya se confunde con la tierra, donde predominan las protuberancias que hacen que vaya brincando en su asiento y los cráteres donde puede perder el aro de su neumático.

La historia se repite en la carretera PR-505 de camino a la Yuca y el barrio Montellanos de Ponce. Esa vía está repleta de caminos vecinales que de igual forman albergan aún cientos de familias que no les queda de otra que seguir aguantando, otros ya se han dado por vencidos. Caminos como Chamorro, Pasto 1, Pasto 2, Montellanos, Pou, entre otros, al parecer han sido completamente borrados del mapa de las agencias públicas.

El gobierno estatal, por su parte, ha anunciado por todo lo alto programas de impacto de reconstrucción y repavimentación de carreteras como es el caso de “Abriendo Caminos” y las gestiones que hacen para obtener fondos de recuperación a través de las agencias federales para reparar las carreteras. Sin embargo, nada de eso aún siquiera se asoma en los campos.

Es Noticia hizo las gestiones con la ingeniera Marilyn Rodríguez Díaz, directora regional de la Autoridad de Carreteras y Transportación, para que ofreciera una versión oficial sobre las condiciones de las carreteras rurales, pero al cierre de esta edición la información no fue ofrecida.