Ataque contra el acceso libre al Internet

Hoy usted me lee desde su celular, computadora, tableta o algún otro aparato tecnológico que le permite conectarse al Internet.  Quizás antes de leerme visitó alguna otra página en la red, ya sea para conectarse con sus familiares o amigos, enterarse de las noticias locales e internacionales, hacer alguna compra, pagar deudas, buscar información solicitada en su trabajo o por sus estudios, etcétera.  En fin, usted, como yo y muchos más, nos conectamos al Internet libremente para buscar la información que queramos cuando queramos.  ¡Es una maravilla!

Bueno recordar que desde finales de la década del 1990 hemos disfrutado el navegar por la “web” sin restricciones (que sepamos), salvo aquellos servicios que para dirigirlos mejor a nuestros intereses particulares, tendríamos que pagar.

Sin embargo, esa decisión recae en nosotros si deseamos ser un “Premium Customer” o quedarnos con el servicio básico que de todas formas nos funciona muy bien.  Lo asombroso de esto es que si cambiase de opinión, en cualquier momento puedo unirme al prestigioso grupo de los “Premium Customers”.

Para la mencionada década, America Online (AOL) fue una de las primeras compañías proveedora de servicios el cual la mayoría de nosotros nos “conectábamos” al Internet.  Esta compañía ofrecía una tarifa de $19.99 al mes para poder navegar “ilimitadamente” por la red.

La FCC aprobó desmantelar las regulaciones a las compañías proveedoras de acceso ilimitado al Internet.

La función de AOL preparó el terreno para la gran revolución tecnológica de las comunicaciones.  Nos rediseñó cómo nos relacionaríamos a través de la red.  Tan así, que en 1997, AOL proveyó a sus usuarios servicios de mensajería directa vía “chat rooms” y textos en tiempo real, manteniendo la privacidad y la discreción en la interacción.  Este servicio no estaba incluido en el plan de telefonía (¿recuerdan los dial up para conectarse?).

Durante este proceso histórico, los celulares estaban en el mercado pero a precios muy poco accesibles.  Por tanto, el servicio de “beeper” nos permitía conectar, a través de un tercero, con nuestros cercanos.  Más adelante en el tiempo, el correo electrónico hizo su entrada triunfal, revolucionando mucho más la manera de comunicarnos.

Desde los tiempos de MySpace y ICQ, hemos experimentado distintas plataformas sociales que nos conectan, nos reconfiguran la manera de comunicarnos y de darle sentido al mundo que vivimos.  Como todo en la tecnología evoluciona o se transforma, cabe denotar que la mensajería de AOL concluye operaciones hoy.

Todo aparentaba marchar bien entre nuestra relación existencial y el Internet.  Hasta ayer jueves, 14 de diciembre de 2017.

La Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, por sus siglas en inglés) aprobó el desmantelamiento que regulaba a las compañías proveedoras de servicio, el acceso ilimitado al Internet.  Es decir, la regulación llamada “net neutrality” de la administración Obama, prohibía que las compañías proveedoras de servicios pudieran restringir el acceso a páginas web y/o sus contenidos. Ayer fue revocado. Ahora sí pueden restringir el acceso por una tarifa.  La avaricia de estas compañías han encontrado nuevas vías para enriquecerse a través de los legisladores que ellas mismas ubican en el Congreso a través del inversionismo en sus campañas políticas.

Net neutrality es el principio que las compañías proveedoras de servicio no tienen el poder de decidir qué podemos ver y acceder en la red.  Como cosa del pasado, es solo cuestión de tiempo para que veamos los efectos negativos cuando el Internet se parezca cada vez más a los servicios de cable TV.  Nos ofrecerán paquetes de qué plataformas o páginas web queremos acceder.  Los precios variarán según la oferta.  Aquellos tiempos de Internet ilimitado pasaron al antaño.

El peligro de esta movida se encuentra en que estas compañías pueden discriminar contra ciertos contenidos, páginas o plataformas como las redes sociales.  Esto se presta para ocultar, invisibilizar o desaparecer del ojo público todo aquel material o reclamo social que vaya en contra de los intereses económicos de gobiernos, corporaciones o políticos en sí.  Peor aún, que tengamos acceso a lo que ellos quieren que solamente veamos.

La fijación por el control y manipulación de la población por las corporaciones poderosas lograron, hasta el momento, tener a la FCC bajo su dominio.  Ahora queda librar la lucha en el Congreso bajo el Congressional Review Act que permite revertir toda regulación dentro de los primeros 60 días luego de su aprobación.  Queda de parte del pueblo estadounidense presionar a sus legisladores con más fuerza que el poder económico que cabildea en contra de la neutralidad de la red.  Veremos.

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