Roberto y Ana celebran 60 años de casados

Por Angelique Fragoso Quiñones

angelique.fragoso@esnoticiapr.com

 

Roberto y Ana volvieron a jurarse amor eterno tal como lo hicieron hace 60 años.

La pareja celebró el pasado domingo su aniversario de bodas con la renovación de sus votos matrimoniales en la capilla San Miguel de los Santos, en Ponce, iglesia que por 45 años ha servido de lugar de encuentro familiar.

Seis hijos, 20 nietos y 23 bisnietos son el fruto de la entrega y el sacrificio de este matrimonio que por seis décadas se ha dedicado a promover la unión familiar a través de la práctica de valores cristianos.

Ana Morales Lucena y Roberto Hernández Vargas cada domingo escogen como punto de encuentro familiar la Iglesia donde sus nietos participan regularmente en los cánticos, lecturas y ofrendas poniendo en práctica las enseñanzas que estos le transmitieron desde pequeños.

“Mucha paciencia, mucho diálogo y sobretodo tener a Dios en la casa”, es la razón que doña Ana atribuye a la firmeza de su matrimonio y a la unión de su familia que va por una cuarta generación.

“Ellos se criaron en la Iglesia y una vez fueron creciendo hicieron todos los sacramentos y se casaron todos en la misma iglesia”, indicó doña Ana al señalar que todos los matrimonios de sus hijos salieron del grupo de su parroquia Juventud Acción Católica.

Esos valores también los transmitieron a sus nietos. Muchos de ellos fueron bautizados en la misma parroquia y conocieron a sus parejas también allí.

“Mis nietos son muy buenos, no tienen vicios”, dijo orgulloso don Roberto. “El amor de nietos es tan inmenso porque es carne de tu carne y sangre de tu sangre”, añadió emocionado.

Ni hablar de la llegada de los bisnietos. “Los primeros dos bisnietos nacieron en Texas y nosotros volamos para allá porque había que irlos a ver rápido”, expresó el bisabuelo orgulloso.

Indicó que “ya tenemos cuatro generaciones hasta la fecha y que si vienen en 3 o 4 años los tataranietos, llegaremos a la quinta generación”. Esto porque el bisnieto mayor tiene 18 años.

Donde todo comenzó

Una mirada fue suficiente para darse cuenta de que sería la mujer con la que pasaría el resto de sus días.

Y es que don Roberto –para el 1956- tenía 18 años y se enamoró de Ana desde el primer momento en que la vio.

Él trabajaba en el Bazar Atocha  y en los mediodías iba en su bicicleta hasta la escuela donde estudiaba Ana.

“Al mediodía era la oportunidad porque sus papás me dejaban ir a la casa una vez a la semana, un ratito; una vez pasaba una hora empezaban a cerrar puertas y ventanas para que me fuera”, contó entre risas.

Doña Ana era hija única. La madre estuvo un poco reacia a esa relación, sobretodo porque tenía apenas 15 años. Sin embargo, el padre fue un poco más permisivo y lo aceptó. 

El amor no se hizo esperar y la perseverancia les ayudó a que su amor se concretara luego de seis meses de relación.

El 11 de febrero de 1957 unieron sus vidas en matrimonio y al mes y medio ya esperaban a su primera hija, quien nació a finales de ese mismo año.

“Él quería tener como 12 hijos, iba a ser un ‘team’ de pelota y quería nenes y nenes y le salieron nenas y nenas”, comentó Ana al explicar que solo el segundo hijo fue varón y que al intentar buscar más varones nacieron otras cuatro mujeres.

Por muchos años criaron a sus hijos en una casita en la calle Diamante. En el 1972 se mudaron a la urbanización Las Delicias, en Ponce, donde un año después nació la que sería su última hija, Ileana. Allí han vivido los últimos 45 años.

Don Roberto comenzó a trabajar desde los 15 años en el Bazar Atocha y allí permaneció hasta el 1995.

Luego en el 1997 trabajó en el BPA Office Supplies, hasta que se retiró en enero de 2016 para acompañar y cuidar a su esposa.

Doña Ana estudió cosmetología en la Academia Ponceña y su esposo le ayudó a montar un pequeño negocio en su casa para que pudiera estar al cuidado de sus hijos a la misma vez que ejercía su profesión. Por situaciones de salud dejó de laborar en el salón de belleza hace cinco años.

 

Lo que la unión les enseñó

Para este sexagenario matrimonio la perseverancia, la paciencia y el diálogo es la clave para mantenerse unidos.

“Aquí nosotros no podemos estar más de 15 minutos sin hablarnos, si está más de 15 minutos sin hablarme yo le paso por al lado y le pellizco la nalga para que me hable”, dijo entre carcajadas don Roberto.

“En estos 60 años de matrimonio hemos aprendido que el amor es infinito y que para el amor no hay barreras; que en la familia mientras más grande, más amor hay”, manifestó don Roberto agarrado de la mano de su esposa.

Explicó que entre hijos, yernos, nietos, bisnietos y allegados son alrededor de 60 amores diferentes y que cada uno ocupa un lugar especial en sus corazones, todos del mismo tamaño, aclaró. 

Doña Ana, por su parte, señaló que en su familia siempre se practicó la igualdad y que nunca hubo más amor para uno que para con otro.

Incluso cuando no había dinero para regalarle a todos en alguna ocasión especial preferían no regalarle a nadie porque era “para todos o para ninguno”.

“Siempre arreguinda’os  del Señor”, ese es el secreto de don Roberto para -en medio de las dificultades- mantenerse en pie de lucha confiados en que siempre llegará una solución.

“En el matrimonio siempre hay momentos buenos y malos. Si no hubiera problemas fuera monótono”, expresó doña Ana, quien cree que esos momentos de dificultad son los que en realidad fortalecen a la familia.

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