De una vida tormentosa a predicador de jóvenes

Por Angelique Fragoso Quiñones

angelique.fragoso@esnoticiapr.com

 

PONCE – Una vida marcada por la pobreza, la marginación, el maltrato, el abuso, las adicciones y la falta de fe, formaron a Edgardo Rivera, un joven adulto que se ha convertido en la esperanza de muchos jóvenes y matrimonios que ven en su testimonio de vida un ejemplo de superación.

Vivió sus primeros años de vida en una pequeña casa techada en zinc en la calle más peligrosa y pobre del barrio El Tuque, en Ponce.  

Su padre era epiléptico y su condición de salud se agravaba al mezclar el consumo de alcohol y drogas con sus medicamentos. Esa peligrosa combinación le causaba un descontrol  que le llevó a maltratar a su familia, recordó Edgardo.

Esta situación insoportable motivó a la madre de Rivera a huir con su hijo al barrio La Playa, en Guayanilla, cuando apenas él tenía seis años.

“Ahí, entonces, la vida me muestra lo que es sentir el dolor del hambre, lo que es tener necesidad, lo que es no tener lo que los demás tienen aunque desearías tenerlo y aprendí a vivir lo que es la marginación… vemos como el mundo es intolerante ante la pobreza”, dijo.

La depresión en la que vivía su mamá la llevó a refugiarse en el alcohol. Esa enfermedad crónica no le permitió darle todos los cuidados que como niño necesitaba. La ropa en mal estado y su poca higiene, según dijo, le fueron motivo de burlas y humillaciones.

A los 11 años escuchó una conversación entre su madre y su padrastro que le cambió la vida. De sentirse el fruto del amor que se tenían sus padres cuando fue concebido, pasó a sentirse fruto del sufrimiento y el silencio de una joven madre bajo la sumisión de un hombre abusador.

 

Producto de una violación

“Mi papá y mi mamá vivían en cuartos separados; mi papá una noche decidió que quería estar con mi mamá, se mete a su cuarto estando borracho, drogado y decide acostarse con mi mamá, violentarla, mi mamá decide batallar, pero en silencio, porque mis demás hermanos estaban durmiendo en los cuartos contiguos y entonces se da el acto de la violación y producto de ese acto de la violación, le explica mi mamá a mi padrastro, fue que quedó embarazada de mí”, narró mientras recordaba ese momento que marcó un antes y un después en su vida.

“Cuando me entero que por esta razón yo no era la historia de amor de la vida de mi mamá, eso me traumatizó, me cambió la vida y es cuando comienzo a ser rebelde, comienzo a tomar a alcohol, a robarme las bebidas que mi mamá guardaba en la casa, a llevármelas para la escuela, alcoholizarme… comienzo el uso de la marihuana”, recordó Rivera.

A los 13 años se había convertido en un “niño problema” e intentan expulsarlo de la escuela, pero al hacerle diferentes exámenes físicos y emocionales se dan cuenta de que no podían hacerlo porque descubren que tiene problemas de aprendizaje, déficit de atención, hiperactividad y que –además- había sido diagnosticado con alcoholismo.

 

Madre murió en sus brazos

Rivera embarazó a su novia cuando tenía 16 años y se fue a convivir con ella. Poco después, su mamá se enferma de cirrosis hepática, enfermedad que le consumiría poco a poco.

Ver partir a su fiel protectora le devastó su vida. Sus ojos brillan de tristeza y se le hace un nudo en la garganta cada vez que recuerda aquel momento.

“Mi mamá está en la casa quejándose y agonizando de dolor, su piel está amarillenta, verdosa, los ojos amarillentos a causa de la cirrosis; cuando me la llevo al hospital no la atienden con la premura, la habían desahuciado, yo no lo sabía”, indicó sobre la mala notica que le había ocultado su padrastro.

“Cuando estamos en sala de emergencias, ella empieza a vomitar sangre por todos los orificios de su cuerpo, la llevo al baño del hospital público y allí desangrándose mi mamá de alguna manera u otra me pide permiso y me dice que ella quería morirse, que sentía mucho dolor y le dije que se fuera con papito Dios… y ahí muere mi mamá, en mis brazos”, contó con la tristeza aún latente.

 

Intentó suicidarse

“Cuando se acabó el velatorio y llego a mi casa intento quitarme la vida con una navaja para cortarme las venas y mi esposa llega con el bebé de meses de nacido y me gritaba ‘a ti no te importo yo, no te importa tu hijo’ y de alguna manera yo creo que desde ahí yo pude ver la mano de Dios marcando sobre mi vida”, aseguró.

Ver a su esposa y a su hijo le hizo reflexionar sobre lo afortunado que había sido al tener la oportunidad de formar su propia familia. Sin embargo, ese pensamiento se opacó al continuar en vicios.

Tras un evento de infidelidad su esposa lo saca del hogar. “Mi hermana, que era la única persona cristiana cercana que tenía, me propone la oportunidad de asistir a un retiro espiritual que Dios estuvo a bien que fuera Juan XXIII, donde tuve un encuentro con Dios”, contó sobre el día que recobró la esperanza.

Entre entradas y salidas de la Iglesia Católica, decidió tomar su llamado con mayor seriedad y formarse espiritualmente. Luego de educarse, estudiar la Biblia, tomar cursos y talleres logró formar el ministerio de jóvenes ‘Jesucristo el faro que me guía’ donde por medio de la predicación y la música le comparte su testimonio. Recién el año pasado conformo el ministerio de ‘Matrimonio sobre la roca’.

Rivera, quien es trabajador social y tiene un centro de envejecientes, expresó que si no hubiera optado por la vida de fe “tal vez no existiría, estuviera preso, fuera un deambulante o estuviera muerto”.

Deja un comentario

*