Deambulantes carecen de ayuda psicológica

Por Angelique Fragoso Quiñones

redaccion@esnoticiapr.com

La persona sin hogar, más allá de no tener una vivienda, es una persona que perdió los espacios que le permitían sentir pertenencia y eso afecta su salud mental, ya que es emocional y psicológico, indicó la psicóloga clínica comunitaria Doris Quiñones.

“Hay un porciento alto de las personas sin hogar que son usuarias de drogas y el uso problemático de sustancias es una condición de salud mental”, recalcó Quiñones, directora programática de Estancia Corazón.

Las expresiones coinciden con la de Juan Panelli, director de la Organización “Amor que Sana”, otra institución sin fines de lucro que ofrece ayuda directa a personas sin hogar.

Panelli señaló que desgraciadamente en Puerto Rico, en la calle, hay muchas personas con problemas de salud mental severos como: esquizofrenia, depresión severa, doble personalidad, bipolares, neuróticos, con complejo de persecución, entre otros.

Destacó que la vida de estas personas sin hogar no es sencilla y la manera de enfrentarla es viviendo anestesiado, borracho o drogado.

El 85% de las personas sin hogar que se atienden en la Casa Ana Medina, en Ponce, tienen algún problema de salud mental serio o moderado, precisó Panelli.

“La enfermedad mental es un desorden que se caracteriza por cambios en el modo de pensar de la persona, su estado de ánimo y comportamiento y puede relacionarse con angustias, traumas de la niñez y huellas de maltrato’’, explicó Iris Domínguez, psicóloga clínica.

Domínguez explicó que a las personas sin hogar con algún problema de salud mental se les busca ayuda, pero si el paciente no firma ni da consentimiento para recibir tratamiento no se le puede obligar. La única manera sería que esté en peligro su vida o la de otra persona y en ese caso se le estaría aplicando la ley 401, aclaró.

Panelli explicó que el medio que tienen las personas sin hogar para recibir servicios de salud mental en Puerto Rico es a través del programa de salud gubernamental, pero actualmente ha habido retrasos en los pagos que hace el gobierno a los proveedores y suplidores del servicio, lo que para el paciente significa un retraso de, hasta semanas, para obtener una cita.

“Dos o tres semanas de retraso en el tratamiento son dos o tres semanas que esa persona no deja de utilizar drogas porque está en la calle”, afirmó Panelli.

Quiñones, por su parte, señaló que la posibilidad actual que tienen las personas sin hogar para recibir servicios de salud mental es a través de la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción (ASSMCA) o a través de servicios voluntarios de psiquiatras, psicólogos y personal preparado para trabajar con ese tipo de condiciones.

Quiñones, explica que los servicios de salud mental en Puerto Rico se han visto históricamente muy limitados y uno de los factores es que los planes médicos están determinando los tratamientos para la salud tanto física como mental.

En la Isla, desde la década de los 70, explicó Quiñones, se empezó a transformar el modelo de “intervención, tratamiento y terapia” a un modelo de “medicalización” que alivia el síntoma, pero no resuelve el problema emocional, psicológico o físico que hay detrás.

“La medicalización es una tentación a la adicción, pues muchos de los medicamentos van a ser narcóticos y de esta manera estamos creando la misma adicción que penalizamos y rechazamos”, afirmó Quiñones.

La directora de Estancia Corazón de Mayagüez, Ivonne Santiago, comentó que las instituciones que trabajan con deambulantes necesitan los servicios de psicólogos y psiquiatras, pero desgraciadamente no cuentan con el dinero para tenerlos, lo que dificulta su trabajo.

Santiago recalca que la forma más efectiva que han encontrado en sus instituciones para trabajar con esta población es el afecto y asegura que funciona.

En el Informe de Conteo de Personas sin Hogar del 2015 se observa que el 37.6% de esta población es usuaria de drogas, el 35.1% tiene algún problema de salud mental y el 29% consume alcohol. Si se suma el porcentaje de personas usuarias de sustancias y de problemas de salud mental, se puede concluir que un 72.7% de las personas sin hogar requieren servicios de salud mental para rehabilitarse y reintegrarse a la sociedad.

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