El ambientalismo y el consumidor boricua

 

En días pasados se dio a conocer que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió abandonar el acuerdo climático de París. Este acuerdo que Trump ha decidido abandonar busca frenar el aumento de las temperaturas en la Tierra. Tiene como objetivo principal lograr que se reduzcan las emisiones de CO2 generadas por las fábricas, los autos y las plantas eléctricas.

Muchos ecologistas y líderes de movimientos a favor de la protección del ambiente han mostrado su preocupación e indignación por la decisión del Presidente. Sin embargo, en la conversación diaria en negocios y otros lugares públicos es poco o nada lo que los boricuas hablan del tema.

Por otra parte, los grupos en contra del depósito de cenizas en Peñuelas han luchado y perseverado en su intento de vivir en un lugar más saludable. Otros movimientos ecologistas que también protegen sus comunidades y el ambiente como los residentes de Aguadilla, son noticia en los diarios de Puerto Rico. Se hacen visibles por sus protestas y por su “desobediencia civil”

El tema ambiental esencialmente es una preocupación que repercute en la calidad de vida de los consumidores. Los estudiosos de la disciplina de mercadeo reconocen que ha tenido efecto en el consumidor y en las estrategias que las empresas desarrollan.

Las variables del ‘marketing mix’, los productos, el precio, las promociones y la distribución se ven afectadas por el tema ambiental.

Sin embargo, en lo que se refiere al ambientalismo, los puertorriqueños actuamos con mucha inconsistencia y contradicciones. Preferimos “tirar pisos de cemento en los patios” y no tener árboles que generan hojas… que supone más trabajo. Esos árboles que son indeseables en los hogares ayudan a combatir el cambio climático, conservan energía, proporcionan oxígeno, ayudan a evitar la erosión de los terrenos y limpian el aire, entre otros beneficios.

No vemos el tema ambiental en la lista de aspectos que cuestiona y estudia el periódico de circulación nacional sobre las preocupaciones de los puertorriqueños. Incluso ese diario contaba con una sección llamada el ciudadano verde… que ya no aparece.

Ante la legislación aprobada sobre el manejo de bolsas plásticas en los negocios, muchos puertorriqueños se quejan por tener que separar la basura en sus hogares para reciclar porque sus municipios están comprometidos con este esfuerzo ecológico.

Personalmente considero que el ambientalismo provoca un cambio en el estilo de vida de los consumidores. Ser consumidor ambientalista supone sustituir productos por otros eco amigables, dedicar tiempo en la disposición de los desperdicios para hacer compostas, reciclar, reusar, reducir al máximo la basura y utilizar los centros de acopio.

El ambientalista apoya y patrocina empresas eco amigables. Aquí en Puerto Rico es poco el esfuerzo de las empresas por “posicionarse” como amigas preocupadas por proteger el ambiente.

Me pregunto si sus escasos esfuerzos se deben a que el consumidor boricua no presenta el tema ambiental como un criterio para seleccionar los productos o servicios de una empresa sobre otra.

Para sugerencias o dudas puede comunicarse a empresasymercados@gmail.com

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