El amiguismo, el panismo y la política en las empresas

Por Eva Judith López Sullivan, Ph.D

 

El título de esta columna pretende recoger una preocupación que como ciudadana de este país tengo. Permítanme explicarles y comentarles mis puntos de vista. Estoy convencida que, en el mundo del trabajo, al interior de muchas empresas (no todas), hay un fenómeno, enfermedad, gusano como deseen llamarle, que ha llegado parece que para quedarse. Yo le llamo el amiguismo o panismo.

Los criterios para escoger las personas como empleados en las empresas se basan principalmente en relaciones de amistad o recomendaciones de amigos o de su partido político. La expresión “el que no tiene padrinos no se bautiza” es una realidad en este bendito país. Conozco estudiantes egresados que me hacen historias realmente deprimentes. “Si no tengo una pala, profesora no voy a entrar a trabajar”.

Para un patrono lo importante deben ser las cualificaciones, destrezas, habilidades y conocimientos del candidato a la posición o puesto de trabajo y en muchos casos la experiencia.

Sin embargo, puede tener más peso criterios muy subjetivos que pueden provocar que se seleccione al candidato menos apropiado, que ya de entrada puede llegar con actitudes nada saludables porque viene “bautizado”. El lograr conseguir el trabajo de esa manera lo puede hacer más propenso a ser menos dedicado, más cómodo… una “batata política”.   ¿Conoces algún caso así?

Soy universitaria y en las universidades también se da esta desagradable situación. Enseñar requiere de muchas destrezas, también de madurez, estabilidad de carácter, solvencia moral, excelente record académico y deseos de conocer, estudiar, aprender y trabajar duro. Cuando se escoge al empleado porque es familia, amigo del amigo…. Y cumple con los requisitos mínimos, pero hay personas más cualificadas y preparadas y se deja a ese candidato fuera por escoger al mejor conectado…. le hacemos un flaco servicio a la universidad y estamos permitiendo que miles y miles de estudiantes se afecten por esa decisión.

El criterio no puede ser ‘es mi pana’, ‘mi amigo’, ‘hijo’, ‘sobrino’, ‘primo de alguien que conozco’ si dejas a una persona mejor cualificada que desgraciadamente no tiene ese contacto, esa pala. Mantenemos casi una oligarquía.

No saben mis estimados lectores, cuánto me afecta que eso ocurra en la universidad que tanto amo, donde me formé como profesional y llevo trabajando toda mi vida. Tengo que decirles, además, que acabo de vivir esa experiencia en otra universidad que no es la Universidad de Puerto Rico, ¡Que mal nos va!

Esto se ve en todas las esferas. En las empresas privadas y en las públicas. El “lame ojo” existe en las empresas privadas también.

Las experiencias que viví con las mujeres en posiciones gerenciales me hacen pensar que esa pulcritud de “que eso no pasa en el sector privado”, puede ser una concepción generalizada errada porque no conocemos las interioridades del día a día de ese mundo corporativo privado. Pueden comunicarse a empresasymercados@gmail.com. 

¡Hasta la próxima!

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