El arte de la careta cartón piedra

Por Sandra Caquías Cruz

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PONCE – Al final del Paseo de los Artesanos, a la sombra de un árbol, estaba la enorme careta de cartón piedra a la que le colocaban pequeños pedazos de papel para mejorar su aspecto. Una mezcla viscosa era usada como pega.

El artesano Jaime Zayas Medina se esmeraba en cada detalle de la careta del Carnaval Ponceño que hizo hace un tiempo y que rescató para mejorar su aspecto y ponerla a la venta.

A la hilera de casas le llaman Paseo de los Artesanos. Así la bautizó un cartero porque cuando llegaba con las cartas se tropezaba, en medio del solar, con tres vecinos dedicados a las artesanías, dos de ellos a realizar caretas de cartón piedra.

La comunidad Playa, en Ponce, se ha distinguido por sus vejigantes. Y hasta tienen su propio carnaval, independiente del que realiza la administración municipal. Los vejigantes ahora son escasos. Apenas se ven las comparsas que recorrían las calles de Ponce para asustar a los ciudadanos.

La tradición del vejigante y sus comparsas se ha ido perdiendo, pero la elaboración de caretas cartón piedra se mantiene, en su mayoría para suvenir o coleccionistas de las coloridas piezas, explicó Zayas Medina.

Las caretas de cartón piedra del Carnaval de Ponce son muy distintas a las de Loíza y las de Hatillo. “El Carnaval es el que le dice adiós a la carne y en Ponce se celebra desde 1858, cuando se celebró una fiesta de enmascarado”, dijo antes de explicar que el Carnaval de Ponce “es una fiesta para despedir la maldad, termina el martes antes del miércoles de cenizas y es una fiesta que heredamos de Francia y España”.

Señaló que Loíza celebra en julio la fiesta de Santiago Apóstol, donde el vejigante representa a los moros, a los malos que van en esa batalla contra los cristianos, pero no guarda relación con decirle adiós a la carne, por lo que no es carnaval.

Mientras, en Hatillo celebran la fiesta de los Santos Inocentes, donde el vejigante representa a soldados malos napoleónico. Esta celebración es en diciembre.

Y dentro de las caretas de cartón piedra del Carnaval de Ponce hay diversos diseños. “Mis caretas se distinguen porque les integro formas de serpientes y dragones. También por el estilo de los cuernos que les pongo”, dijo Zayas Medina antes de abrir las puertas de su pequeña vivienda para explicar paso a paso como hace la careta del Carnaval de Ponce.

En un reducido espacio de la vivienda, construida sobre zócalos, tenía una mesa y sobre ella botellas con pintura, pinceles, periódicos, varias yuntas de cuernos y los moldes en cemento que utiliza para darle la forma a la careta.

A pasos, sobre la estufa, estaba la olla en que prepara el engrudo, una mezcla de harina de trigo con varios ingredientes, entre ellos ácido bórico para evitar que los insectos dañen la careta.

Las caretas se realizan sobre un molde de cemento, aunque en un pasado lo que utilizaban era el fango que los jueyes sacaban de sus cuevas, así comenzó una explicación mientras rasgaba pequeñas tiras de papel periódico para cubrir el molde, esto procurando que no se pegara el papel al molde. Explicó que una pieza le puede demorar una semana hacerla. El tiempo depende de los detalles que le desee dar. 

Hay caretas para usuarios y piezas para decorar. La cantidad de cuernos la determina el artesano o cliente. utiliza cuernos reales como molde. También tiene moldes de barro, madera o hasta con una horqueta de un árbol. 

“Es importante que los dos cuernos sean bastante exactos para cuando los ponga en la pieza tengan la misma simetría”, mostró. Cada artesano tiene un estilo para pegarlos, pero el proceso es similar.

“Mi maestro fue (el artesano) Freddy Soto, con él fue que aprendí”, dijo antes de explicar que también conoció muy de cerca el estilo de dos grandes artesanos de caretas de carnaval: Juan Alindato y Miguel Caraballo. Las caretas de estos dos artesanos las distinguió por la forma en la que colocaban los cuernos y el estilo de pintar sus piezas.

“La pintura es esencial para darle el toque del arte”, dijo. Las técnicas de pintar son distintas y son las que hacen la diferencia entre las piezas de un artesano y otro. “Yo soy un vejigante a orgullo”, dijo. “Tenemos que hacer crecer esta tradición”, expresó.