El Faro de Ismael lleva 44 años en La Playa de Ponce

PONCE – Cuando Roberto Vargas Cañizares tenía 17 años, comenzó a trabajar en el negocio de comida que su papá estaba comenzando.

“Mi padre era pescador y vendía la pesca para diferentes restaurantes, pero un día se le ocurrió abrir un negocito para vender comida y hacíamos los platos con lo que mi papá pescaba. Luego, se integró mi hermano menor, que era muy bueno en la cocina, y mi mamá, que hacía diferentes recetas y platos desde casa”, recordó Roberto, quien salía de la escuela superior y se iba a trabajar para ayudar en el negocio.

Según el ponceño, su papá recalcaba que había que atender a la gente con mucho amor y, sobre todo, con mucha humildad. “Nosotros éramos seis hermanos, cinco varones y una hembra, fuimos criados de forma muy humilde, pero nos inculcaron la importancia del trabajo y de la honradez y esos valores siempre han permanecido en mí. Yo fui a la universidad y estudié educación, pero salía corriendo de clases para ir a ayudar en el restaurante”, narró.

Pero cuando el negocio comenzaba a florecer y adquirir popularidad, sufrieron la pérdida de Héctor Vargas, el hermano menor de Roberto. Dos años después murió el papá.

“Fue un golpe bien duro, pero en honor a ellos decidí seguir con el negocio. Fue bien conmovedor recibir la visita de los pescadores del área para hacerme saber que contaba con ellos. Mi mamá me ayudó mucho y me daba mucho ánimo, pero lo que yo no sabía es que luego venía la pérdida de la vieja a causa de Alzheimer”, contó Roberto.

Sin embargo, el educador de profesión decidió transformar todo su dolor en fuerza y ánimo. “Yo entendí que este negocio era un patrimonio familiar y de comunidad. No ha sido fácil, pero es lindo ver que gracias a Dios seguimos de pie”, expresó el también director de escuela.

“Yo salgo de la escuela y arranco para el negocio, pero no es algo que me moleste porque amo ambas cosas. Me encanta la educación y servir a la gente. Hago ambas tareas con mucha pasión”, expresó Roberto, propietario del establecmiento de comida y bebidas: El Faro de Ismael.

“Mi papá siempre nos decía que lo más importante era nunca perder la humildad y es lo que siempre trato de hacer. Aquí nadie vale menos o más que otro, aquí tratamos a todos con dignidad y respeto”, dijo el negociante y aclaró que su pequeño restaurante siempre se ha mantenido como un lugar de pueblo y de comunidad.

“Yo soy un trabajador y vengo de una familia de trabajadores, por eso procuro mantener los precios al alcance de todos. Aquí un almuerzo completo tiene un costo de cuatro dólares con 45 centavos y el plato más costoso es el chillo fresco con un acompañante y fluctúa entre nueve y diez dólares”, resaltó.

Ya han pasado 44 años desde que aquel joven estudiante de escuela superior comenzó a trabajar con su padre en un pequeño negocio de comida y, a pesar de las diversas pruebas, se ha mantenido sirviendo a la comunidad de forma ininterrumpida.

Roberto Vargas Cañizares y El Faro de Ismael, ejemplo de humildad, servicio, esfuerzo y trabajo. Personas que convierten la dificultad y las pruebas de la vida en un motor de ánimo y perseverancia; gente como tú que no se rinde ante la adversidad.