¿El fin del trabajo?

 

El trabajo es la actividad principal y el marco de referencia que le da sentido a nuestra existencia.  Esta acción humana constituye el punto principal donde nos estructuramos, se articula nuestra vida y, conjuntamente, se organiza la sociedad puertorriqueña.

Además, el trabajo funge como actividad fundamental para nuestro desarrollo integral donde no solo adquirimos conocimientos y habilidades necesarias para desempeñarnos en la vida laboral, nos permite trazar aspiraciones personales y el estilo de vida que deseamos. En fin, nuestra vida se ordena alrededor del trabajo que, a su vez, configura nuestra identidad y la de los otros.

Cuando entramos al mercado laboral, ingresamos en una relación compleja dentro de un sistema que despersonaliza las relaciones humanas. Aun cuando el trabajo nos hace socialmente significativos y nos permite aportar algo a la sociedad, la falta del mismo resulta una grave falta para el bienestar de un país.  A 57 días del paso del huracán María por nuestro país-colonia, el mercado laboral está prácticamente extinto.

Comerciantes de todos los sectores enfrentan por igual el reto de caer en la precariedad social y económica.  Estos, desde sus distintas trincheras, han levantado su voz y han ocupado las calles en reclamo por la supervivencia de su trabajo.

Por otro lado, en el Congreso de Estados Unidos se debate un controversial proyecto que impondría un 20% de impuesto en las industrias exportadoras establecidas aquí.  De aprobarse dicha fatalidad, la desaparición de las pocas industrias y comercios y el desplazamiento de miles de trabajadores a la calle sería la orden del día.

A ese cuadro se le suma la cantidad de personas que ya estaban haciendo fila en el Departamento del Trabajo con la esperanza de recibir el beneficio por desempleo. Encontrar empleo en el contexto post-María es una de las principales preocupaciones que enfrentamos.

En el sistema capitalista neoliberal que vivimos, muchos/as personas trabajan para subsistir.  La desaparición acelerada de centros de trabajo sería el golpe final para la economía del país y el crimen humanitario para muchos/as puertorriqueños/as.

Sin embargo, el huracán María no provocó específicamente el decaimiento del mercado laboral. Desde hace más de tres décadas, los gobiernos de turno- en Puerto Rico y Estados Unidos- comenzaron a flexibilizar las leyes laborales que provocaron el despido masivo de empleados/as, tanto en el sector privado, público y del tercer sector.

Nuestra economía venía decayendo sin frenos, miles emigraron en busca de un trabajo digno, otros/as andan a la espera de la llamada que, por suerte, llegó a las manos de un contratista interesado.

No se debe olvidar que la realidad laboral puertorriqueña ha sido objeto de intervenciones por parte del colonialismo y de la globalización (modelo colonial corporativo).  Dicho sistema rinde culto a lo económico por encima del bienestar de los/as trabajadores/as.  Por ejemplo, la Reforma Laboral del 2017 fue discutida a la ligera sin considerar las posibles consecuencias y el impacto psicosocial y económico en la clase trabajadora. La imposición las medidas de austeridad producirán mayores brechas no equitativas trastocando las oportunidades de empleos sustentables.

En fin, el contexto laboral puertorriqueño enfrenta una situación muy difícil. Mientras se dilucida cómo, quién y cuándo se reactivará el servicio de energía eléctrica y telecomunicaciones, muchos/as trabajadores/as optan por irse para no regresar y pequeñas/os empresarias/os cierran sus centros. La aportación de cada trabajador/a sostiene la cadena oxidada del mercado laboral.

Empero, no podemos pretender que se queden. El mercado laboral apenas valora el esfuerzo de la clase trabajadora. Urge revertir el poder político de los/as trabajadores/as para evitar el fin del trabajo.

El autor es Psicólogo de Trabajo. Pueden comunicarse a puntocpr@gmail.com y seguirme en las redes sociales como: @puntocpr