Joven pareja revive sus ranchos de pollos y el sembradío

Por Eduardo L Questell Rodríguez

Fotos y video: Tony Zayas

redaccion@esnoticiapr.com

 

SANTA ISABEL – El reloj marcaba las 5:50 de la mañana y el joven matrimonio salía de su casa a organizar con sus únicos dos empleados lo que sería la jornada en el sembradío de plátanos y los ranchos de pollos que tiene en el sector Gabia, en este municipio.

Los esposos Rody Rosaly Santiago y Jailine Marie Rodríguez Ortiz, de 30 y 27 años respectivamente, aran contra viento y sequía. Apuestan a la agricultura, uno de los sectores económicos que más embates ha tenido que enfrentar para levantarse, esto tras el despiadado azote del huracán María, en el 2017.

Rosaly Santiago tiene 35 cuerdas sembradas de plátanos, producto al que se dedica hace cinco años en terrenos de usufructo agrícola, lo que significa que son para sembrar o crianza de pollos.

“A mi papá le dieron esta finca cuando yo nací, así que llevo 30 años de mi vida aquí. Antes de mi no había agricultores en la familia, mis papas tienen una panadería y ahí trabajaba yo”, explicó.

“En ese negocio conocí a don Samuel Gómez, un agricultor de la zona. Cultivamos una amistad. Un día me dijo que cuando saliera del turno lo visitara en su finca del sector Palmas. Ese hombre me ayudó mucho al principio, fue la persona clave para arrancar en esto, me enseñó el proceso, me regaló las primeras 5,000 semillas de plátano y me mostró los químicos que debía usar”, continuó su narrativa.

La siembra se ha expandido según han ido progresando, con mucho esfuerzo y paso firme. De las cuatro fincas, dos son suyas y dos son alquiladas. Actualmente están sembradas por etapas para contar con plátanos todo el año.

Además de sus dos empleados, Luis A. Rivera Santiago, quien es su primo, y Manuel Rodríguez Polanco, también trabaja con su esposa hace unos meses. En la mañana comienzan la jornada cortando los plátanos que horas después deberán entregar a los clientes; luego echan herbicida y desyerban.

El joven agricultor explicó que la semilla es buena porque echa muchas veces hasta más de 50 plátanos por racimo. De igual forma asegura que la calidad del plátano, es excelente, grande, carnoso y de buen sabor que sirve para cualquier producto que se quiera comer.

“Esta variedad que tengo se llama Maricongo, tarda de 7 a 8 meses en echar la flor o pámpana y al año es la parición, entonces se corta el fruto y se saca la semilla que se usa tan pronto tenga terreno preparado para sembrarla”, relató mientras mostraba con orgullo los frutos de su cosecha.

 

Luego de un paso firme llega María

La pareja está junta hace 12 años. A los 15 de ella y 18 de él se casaron, justo cuando tuvieron a su primera hija.

La joven madre, poco antes del huracán, era secretaria ejecutiva en una empresa. Trabajaba de lunes a viernes de 8:00 am a 5:00 pm. Él se encargaba de los nenes ese tiempo sin descuidar la agricultura.

“Él me dice que renuncie para que le ayude con todo y ahí viene (el huracán) María. Aquí perdimos el techo de la casa y por consiguiente todo lo de adentro. Ahí tuve que irme a trabajar en la panadería de sus papás y el dinero que traía era para invertirlo aquí”, señaló.

“Tuvimos que empezar de cero, dormíamos en la casa de mis abuelos, pero yo no dormía llorando casi todas las noches. Luego de eso volví a trabajar por mi cuenta en una tienda y renuncié a mi trabajo hace dos meses para entrar de lleno a la finca. Aunque esto yo lo hago por mis hijos, que es lo más importante, me da miedo volver a pasar por lo mismo”, enfatizó la joven madre y agricultora.

Luego del paso del huracán, gracias a que la finca cuenta con cuatro tanques de agua con su propio pozo, la familia no careció de agua potable durante la emergencia, por el contrario, fueron bondadosos compartiéndola con los vecinos.

 

¿Qué fue primero los plátanos o los pollos?

“El plátano vino primero para nosotros en la familia, pero estos eran terrenos de crianza de pollos de la desaparecida Canto Alegre y Picú. Hace apenas unos meses aprovechamos que teníamos ranchos de pollos y entramos en la crianza”, enfatizó Rosaly Santiago.

La empresa To-Ricos, dedicada a la venta del pollo del país, siempre había concentrado sus ranchos de crianza en el área de Aibonito y Barranquitas.

Sin embargo, luego del huracán, esos ranchos quedaron devastados y su mercado se vio seriamente afectado, así que se dieron a la tarea de buscar ranchos en los que la inversión para rehabilitarlos no fuera tan grande y agricultores interesados.

“La empresa (To Ricos) hizo la reconstrucción al momento y con la ganancia les vamos pagando un porciento de la inversión”, comentó Rodríguez Ortiz.

“Esto sucedió hace poco, aquí se dejó de criar pollo hace años y ahora se ha retomado después de María. Estamos criándoles 32,000 pollos cada 45 días. Son dos ranchos de 400 por 40 pies, así que es a razón de 18,000 pollos por cada uno. Ya voy por mi tercera cosecha porque a los 45 días alcanzan las cinco libras y se los llevan.

Al principio que los traen, uno rápido descarta el pollo malo, el que vino con algún defecto o moribundo. Luego de eso, y que aumenta la mortalidad, se reduce a prácticamente nada.

Los primeros siete días son de mucho trabajo. Bajamos las calentadoras a seis pies, porque el pollo tiene que estar entre 85 a 92 grados para sobrevivir, describió.

Cuando están listos, el día comienza mucho más temprano, a eso de las 2:00 am. los empleados de To Ricos los pasan a buscar.

Les corto la comida a las 6:00 pm. del día anterior, subo los equipos a las 8:00 de la noche y ya a las 3:00 de la mañana, ya los han recogido. Vienen como 30 recogedores y ubican hasta 240 pollos por jaula, dividiendo el rancho en cinco o seis partes.

“En To Ricos están locos con el pollo de acá (Santa Isabel) por el clima, el caliente de acá dicen que es bueno. Tanto así que ahora hay tres, pero van a abrir dos más”, contó entusiasmado el agricultor santaisabelino.

El pollo lo pagan por libra, aseguran que es rentable y mientras se siguen expandiendo en ese producto, no descartan sembrar otro vegetal para continuar ampliando la oferta de su granja.

“Cuando llegué, esto estaba perdido, tuve que meter maquinaria para limpiar, puse verja y gracias a eso llevo cinco años como agricultor y me encanta todo lo que tenga que ver con la tierra”, dijo.

“Siempre me crie en esta área y mis padres me enseñaron lo que era el trabajo fuerte. Cuando a uno le gusta lo que hace, lo relaja y la pasa bien. A veces dan las 2:00 de la tarde y no nos queremos ir”, confesó.