Jóvenes en la edad dorada

Por Gil Rosario Ramos, Maed.

 

Allí estaban sonrientes y disfrutando de una amena conversación. La vida les sonreía, la felicidad les pertenecía. Uno tras otro chiste y comentario jocoso, surgía con la gracia especial de la espontaneidad.

Estos “jóvenes” estaban en el Aeropuerto de Miami esperando la salida del avión quién sabe con qué destino. Comencé a observarlos a una distancia prudente, pero al poco rato pasé a formar parte del grupo.

“Somos un grupo de retirados que decidimos unirnos para compartir nuestra juventud”, eso me dijo el más antiguo de aquellos alegres envejecientes decididos a no dejarse aplastar por los años.

Durante las horas de vuelo a Puerto Rico pensé una y otra vez sobre el verdadero significado de la juventud. Me dije: “Los viejos no existen cuando se tiene la capacidad de echar a un lado esas ideas equivocadas de lo que significa ser joven”.

El general Douglas McArthur ha legado una definición muy sabia: “La juventud no es un período de la vida, es un estado del espíritu… joven es aquel que se sorprende, se maravilla y pregunta como el niño insaciable. No se es viejo por haber vivido un cierto número de años; se es viejo por abandonar su ideal. Usted permanecerá joven mientras sea receptivo; receptivo a cuanto es bello, bueno y grande; los mensajes de la naturaleza del hombre y del infinito”. En palabras simples, esto significa, que la juventud es una actitud ante la vida; es ver la existencia con el entusiasmo del niño que busca descubrir siempre algo nuevo, distinto e inquietante.

Esa búsqueda de la novedad nos permite mantenernos alerta para la llegada de un nuevo amanecer, de una oportunidad para sorprendernos, como nos dice McArthur.

Dichosos los que atesoran en su ser la experiencia de los años con gracia y no están dispuestos a dejarse seducir por quienes idolatran la juventud de los rostros lozanos.

Al fin y al cabo, ¿de qué vale tener 15 años si vivimos bajo el manto del desaliento, de la tristeza y de la inercia? ¿Sirve de algo?

Por eso les digo, dichosos los que han logrados desplazar la edad cronológica y han hecho florecer la edad psicológica. La actividad prudente es su mejor antídoto contra el deterioro físico (edad biológica). En esa lucha vencen los que quieren.

Es cierto, la juventud es asunto de querer; de querer cada minuto, cada oportunidad, cada sueño.

Es un acto supremo de enfrentar problemas y situaciones con la determinación de quien vive el presente y se ilusiona con un futuro prometedor; porque el pensamiento determina, limita o engrandece al hombre.

El autor es conferenciante y ofrece seminarios. Para información llamar al 787-837-8574 o escribir a gilrosarioramos1@gmail.com ¡Hasta la próxima!

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