La indignación de Rossetrump

 

El gobernador Rosselló no llegó a La Fortaleza ni por sus credenciales profesionales o experiencia laboral ni por su gran hazaña de cautivar a la base de su partido.  Su llegada responde al declive acelerado de nuestro sistema político, económico y social que produce una colonia capitalista centenaria.

En sus apenas dos años en el gobierno, estas personas han jugado a una política muy peligrosa, moral y éticamente hablando.

La repartición sin escrúpulos de contratos de cantidades astronómicas a individuos derrotados y de reputación administrativa altamente cuestionable fue la primera gestión que estableció claramente su propósito.  Lo mismo hizo la administración anterior y todos conocemos la magnitud del caso de Anaudi y sus secuaces.

Luego le siguió el tango de mal gusto entre la Junta de Control Fiscal y sus imposiciones de medidas de austeridad y el gobierno servil.  Si algo ha sido vergonzoso es el juego infantil que ambos entes se pasan haciendo en los medios para que al final – como todos/as sabemos- se hace lo que la Junta dicte. Punto.

La oposición política hace lo que puede cuando puede.  Y ese es el peligro que corremos.  Apenas hay una fiscalización contundente de parte de “la oposición” política.  Mientras el país se nos hizo pedazos en nuestras caras, no hay organismo político que busque recuperar todo lo que se nos ha quitado por los pasados 20-30 años.

Eso evidencia que el sistema político nuestro no está en manos del pueblo sino del poder económico que tiene secuestrado a los dos partidos políticos mayoritarios.  Cuando se habla de inversionismo político se refiere al dinero puesto en las campañas electorales de actuales funcionarios/as para asegurar se cumplan los intereses de quienes lo/la pusieron en la silla pública.  Por tanto, las legislaciones que han venido pasando “fast track” solo sirven a los intereses de quienes aseguraron que ganarían las elecciones.  No hay mayoría parlamentaria que busque el bienestar del país.

Por ejemplo, la desregulación acelerada del mercado laboral de Puerto Rico responde a los intereses de la Junta, que son patronos y están a favor del capital.  Muy poco le interesa si fulano o mengana queda desempleado/a o si se tiene que ir del país.  Lo que diga la Junta es mandato directo para toda la administración sin considerar el dolor que cause a las generaciones actuales y/o futuras.  Por tanto, el Pueblo carece de una representación significativa en el gobierno de Puerto Rico.

La crueldad que vive nuestro pueblo es respondida con indignación cuando vemos que la presidencia federal lanzó papel toalla a un pueblo dolido y, luego, se califica de A sin que el gobernador le refutara.

Cuando vemos que el gobierno cuestiona los resultados de un estudio de Harvard que desenmascaró la cantidad de muertos tras el paso de María y puso al relieve la poca capacidad de responder ante la crisis.

Cuando vemos un gobernador sonriente en la portada de una revista y jugando PacMan mientras municipios como Yabucoa siguen en la oscuridad buscando cómo sobrevivir.

Cuando se recogen millones en eventos televisivos para un entidad y no se sabe a dónde fueron a parar. Y para añadir al insulto colectivo, se hacen comentarios cínicos ante la convocatoria de llevar los zapatos de difuntos frente al Capitolio.

En fin, no basta con la negligencia en el proceso de recuperación tras el desastre.  Como todo déspota, aquí y fuera, la ética no es el valor principal de los funcionarios electos.

Han perdido credibilidad hasta para el Congreso mismo.  Han exacerbado el juego de las mentiras que históricamente ha permitido que individuos como estos llegasen al poder.  No queda nada por esperar en la burbuja Rossetrump.

Me pueden escribir a: puntocpr@gmail.com Le invito a que me siga en @puntocpr en Facebook y Twitter. El autor Ángel R. Comas Nazario estudió Psicología Industrial/Organizacional (PhD), Asuntos Públicos (MPA) y Humanidades (BA).