La quenepa no es exclusiva de Ponce

Salinas es el pueblo que más horas de sol recibe, lo que permite que el proceso de fotosíntesis favorezca el crecimiento y desarrollo de diversos cultivos, entre ellos, el de las quenepas.

Por Angelique Fragoso Quiñones

redaccion@esnoticiapr.com

El apodo “La ciudad de las quenepas” con el que muchos denominan al municipio de Ponce,  ya no es exclusivo, pues aunque muchos no lo crean, en esta ciudad solo se siembra quenepas en los patios, pero las fincas dedicadas a este cultivo se encuentran en los municipios de Salinas, Santa Isabel y Guayanilla.

Existen cinco variedades de quenepas y en la finca de Salinas se cultivan cuatro de ellas: martínez, sotomayor, sasa blanca y sasa roja. Se diferencian por su dulzura, suavidad y por la facilidad con la que se desprenden de la semilla al chuparlas.

La martínez es la más común, pues se puede adquirir comprándola al borde de la autopista, la sotomayor es de las más sabrosas y es muy suave cuando está madura. La sasa blanca es la más dulce, lo que la convierte en la mejor para hacer licores. Y la sasa roja es la que más le gusta a las personas mayores porque se desprende rápido de la semilla.

La Hacienda Costa Verde, que consta de 200 cuerdas de terreno llano en Salinas, comenzó a sembrar quenepas bajo el cuidado del agricultor Jesús “Manny Machete” Ortiz en el 2014, luego de varios años de lucha para obtener los permisos.

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“Esto fue un proyecto que se hizo con fondos federales. Ellos sembraron 29 cuerdas con mil y pico de árboles de quenepa. Sembraron 48 de guanábanas y después que las sembraron las dejaron abandonadas”, indicó Ortiz, quien desde hace dos años se dedicó a revivir los árboles de quenepa para hacer de esta fruta su principal cultivo.

El éxito de estos cultivos, según explicó, lo sustenta el que “Salinas está considerado como uno de los lugares que más sol hace en Puerto Rico, aquí es donde más tiempo de luz hay y eso ayuda a que la planta se desarrolle más, porque esto trabaja con fotosíntesis”.

El sistema de riego que alimenta el sembradío es por medio de un sistema de bombeo de agua proveniente de un pozo que se utilizaba para los años 60 cuando se sembraba caña y que aún se mantiene en funcionamiento. El agua, aunque no se puede utilizar para el consumo humano, es cristalina y provee una serie de minerales que mantienen verde la siembra.

Aunque no llueve con regularidad en la zona, la lluvia que cae en las montañas de pueblos aledaños va a parar a los acuíferos y así se va abasteciendo de agua el pozo que da vida a los árboles de quenepa.

“Se empieza preparando el campo, se procede a plantar la matita y se le van dando los cuidados hasta que llega a dar la fruta. El tiempo que tarde en dar fruto depende de la mano del agricultor. Si la tratas bien y estás pendiente de que las plagas no la ataquen, puedes avanzar y hasta en 70 días ya tiene fruto”, explicó.

La época del año en que mejor se da la quenepa es entre julio y octubre. La recogen manualmente por un equipo de entre cinco y seis agricultores, en su mayoría jóvenes, que trabajan de sol a sol, doce horas, cinco días a la semana.

En la finca de Salinas se venden mensualmente entre 1,200 y 1,500 cajas de 25 libras de quenepas. Hay 1,100 árboles y cada uno puede producir mil libras de este fruto, aunque no todas se logran vender.

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Ortiz informó que por el momento la quenepa que cultiva en Salinas solo se vende en el mercado local, pero se está haciendo la gestión para eventualmente comercializarla en el extranjero.

En Santurce hay algunas personas que están empezando a inventar un trago con la fruta, aunque algunos de ellos se limitan a quitarle la cáscara y echar la quenepa dentro de la copa de licor, testificó Ortiz.

Hasta el momento el cultivo principal de la hacienda es la quenepa, pero se está trabajando con la siembra de melones, guanábanas y azucenas.

El terreno para sembrar los melones está casi listo, en octubre se comenzará a sembrar la semilla y se espera que para diciembre se recoja la cosecha, que ya está vendida.

Por su parte, el cultivo de guanábanas es un proyecto a largo plazo, que según Ortiz, podría tomar varios años en dar los frutos esperados.

En cuanto a las azucenas es un “proyecto experimental piloto”, que nace por la necesidad de buscar un producto artesanal y natural que sustituya los productos odorantes artificiales que poco ayudan a la salud, indicó.

Varios de los problemas que ha tenido Ortiz en su finca han sido por “la falta de respeto a la propiedad privada” de parte de la gente que roba frutos, las personas que entran ilegalmente a correr “forktracks” y los cazadores que matan palomas por deporte.

En adición, está el asunto de las plagas que, por lo general, son más frecuentes cuando florecen los árboles en el mes de marzo y que le obliga a invertir miles de dólares en fumigación.

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