La soledad que duele

Por  Gil Rosario Ramos – Maed.

 

Una nieta fue a pasar unos días con los abuelos en compañía de su esposo hasta que le entregaran su casa. Las semanas que pasaron juntos fueron un encuentro con la tertulia, las risas, las anécdotas y las remembranzas.

Todas las tardes, los abuelos esperaban con dulce ansiedad la llegada de sus huéspedes. Cuando llegó el momento de la partida, la tristeza se manifestó de inmediato. Así surgieron proposiciones casi en tono de súplica:

¿Por qué no se quedan unos días más? “Mañana les prepararé una rica paella y pasado mañana una lasaña”, eran parte de esa forma de expresar el miedo a la soledad.

La abuela fue más allá de las invitaciones al expresar: “Cuando se vayan nos quedaremos nuevamente solos y perderemos la ilusión de esperar por alguien que llega”. Aquí está la frase clave de todas esas pequeñas historias: “alguien que llega”.

Es siempre reconfortante, motivador, espera por alguien con la ilusión de poder compartir unas palabras, unos momentos, unas vivencias y, posiblemente. Alguna queja y desilusión. Ese alguien que llega puede contar los pormenores de un día de trabajo, sus logros y las situaciones que pudo enfrentar. Ese alguien que llega ofrece algo valioso de su vida al compartirlo con otros ser humano. Alguien que llega puede hacerse acompañar de un pequeño, pero significante obsequió: un postre, una fruta o un pan acabado de salir del horno. También podría traer una sonrisa a flor de labio acompañada de múltiples gestos cargados de amor.

Ese alguien puede traer en el equipaje de su vida mil tesoros con los que puede enriquecer la existencia de otros ser humanos.

Me decía un caballero de los que ya peinan solo canas: “Estar solo, sentirse solo, produce dolor. Es peor que perder grandes riquezas materiales. Yo he pasado por esas dos experiencias. Le juro que la soledad de sentirse abandonado es terrible”.

Ahora quiero compartir contigo una invitación: “¿Quieres ser ése que llega y trae consigo aliento, alegría y vida? ¿Quieres formar parte de un maravilloso ejército de voluntarios en el mundo que son portadores de palabras y gestos amorosos, cariñosos y edificantes?” ¿Qué te parece si hoy te conviertes en ése que llega a casa de tus padres, abuelos y el amigo que se consume en soledad?

Más aún, ¿por qué hoy no eres el que llegas a tu propia casa con una cara sonriente y con deseos de compartir tu riqueza interior? Sugerencia puedes escribirme a: gilrosario1@gmail.com Para conferencias favor de llamar al 787-837-8574.

Deja un comentario

*