Las cenizas de carbón: Un problema más allá de Peñuelas

Muchísimo se habla de la administración Trump que dificulta seguir alguna secuencia lógica de lo que sucede diariamente en la Casa Blanca.

Escritoras de calibre internacional como Naomi Klein indican que la administración Trump es un caos ya que constantemente se lidian con escándalos, ya sean de parte del mismo presidente, su familia cercana o de algún miembro (o de los que se convierten muy rápido en “ex miembro”) de su gabinete.  Esta situación ha llevado a líderes de países extranjeros a repensar en su relación con los Estados Unidos ante la actitud déspota, segregacionista y machista del presidente en cuestión.

En cuanto a su propia sociedad, Trump ha sometido ordenes ejecutivas que atentan contra la dignidad de las poblaciones latinas, musulmanes, afro descendientes, refugiados que huyen de sus países en conflicto, comunidades LGBTTQI, la clase media trabajadora, entre otros.

Sin embargo, poseyendo una colonia bajo su gobierno corporativo-imperialista, apenas ha mencionado palabra en relación a lo que sucede aquí.  El libro de Klein No Is Not Enough, me hizo esbozar una teoría sobre la relación poco ortodoxa entre Trump y nosotros: la industria carbonera.

Debemos conocer que el multibillonario presidente ha ensamblado su gabinete con magnates blancos muy interesados en aumentar sus cuentas de banco cada vez más.  Este equipo tienen relación con organizaciones que atentan contra los sectores más desventajados y al ambiente.  Tan es así, que varios individuos en puestos clave tienen relación con las industrias especializadas en la quema de combustibles fósiles (petróleo, gas natural y, por supuesto, el carbón).

Se hace irónico que estos hombres de la elite dirijan agencias cuando no creen en la misión de esas instituciones (por ejemplo, el director de EPA Federal, Scott Pruitt no cree en el cambio climático).  Peor aún, están a cargo de eliminar fondos federales de sus propias agencias; afilándose los dientes para provocar la próxima crisis (una guerra, por lo general) que pueda elevar los precios del petróleo y, así, justificar sus ganancias, directa o indirectamente.

Para ensanchar ese poder ganancial, la industria carbonera, una de las principales en Estados Unidos, tiene que ir atado con el desmantelamiento de leyes y regulaciones ambientales estatales y federales (ignorando el impacto a la salud y seguridad en el trabajo) para que las industrias capitalistas carboneras puedan libremente ir por encima de cualquier reclamo del pueblo.

El pueblo, que exige vivir en un mundo más limpio y seguro, estará sujeto a la ofensiva salvaje de parte del agencias federales y el capital de las organizaciones carboneras.  Por tanto, la salud, mucho menos el ambiente, de los que vivimos “acá abajo” no está en los niveles de prioridad para estas empresas.

Ante la censura de las consecuencias del evidente cambio climático, tanto el gobierno local como el de Trump insisten que la única manera de producir energía es a través de la quema de carbón o excavando frenéticamente por todo el mundo para extraer petróleo o gas natural (¿Alguien mencionó el Gasoducto?).

No es de sorprender que el presidente Trump haya eliminado programas que regulaban a la industria petrolera y de gas de notificar los niveles de metano se descargan al ambiente.  Por tanto, si el Gobierno no quiere saber cuán nocivas son las operaciones de estas industrias, ¿cómo nos protegemos?

El plan de Trump es sencillo: enterrar toda evidencia científica de que la quema de carbón es productor de gases invernadero que agudizan el cambio climático; así se hace de trillones de dólares en minerales regados por el mundo aún sin explotar.  Toda acción o propuesta que atente contra la quema de carbón llevará a esta clase elite a perder sus ganancias.  Por tanto, podemos inferir que el Presidente estadounidense se retiró del Acuerdo de París el pasado mes de junio para mantener las industrias petroleras y carboneras generando millones.

En fin, estamos frente a un sistema/gobierno que diviniza el dinero por encima de la vida y ambiente.  La multibillonaria AES y el asesor de Fortaleza, Alfonso Orona, defienden las cenizas bajo la protección Ley 40-2017.

Con ese cuadro, les dejo estas preocupaciones: ¿claudicó el Gobierno ante el poder económico de esta industria carbonera? ¿cómo el pueblo puede enfrentar el atentado a la salud si la EPA, bajo el mando de Pruitt, indica que las cenizas no son tóxicas?  ¿Cómo nos educamos con los científicos ambientalistas censurados por la administración Trump?  Las respuestas las podemos encontrar en Peñuelas.

Referencias:
– El Nuevo Día. (2017). Fortaleza asegura que AES no está echando cenizas de carbón en Peñuelas. Recuperado de https://www.elnuevodia.com/noticias/locales/nota/fortalezaaseguraqueaesnoestaechandocenizasdecarbonenpenuelas-2339768/
– Forbes. (2017). The world’s biggest public companies. Recuperado de https://www.forbes.com/companies/aes/
– Helman, C. (2013). America’s 20 worst corporate air polluters. Recuperado de https://www.forbes.com/forbes/welcome/?toURL=https://www.forbes.com/sites/christop
herhelman/2013/06/10/americas-20-worst-corporate-air-polluters/&refURL=https://www.google.com.pr/&referrer=https://www.google.com.pr/
– Klein, N. (2017). No is not enough. 1st. Ed. Chicago: Haymarket Books
– The New York Times. (2017). Trump’s cabinet is complete. Here’s the full list. Recuperado de https://www.nytimes.com/interactive/2016/us/politics/donald-trump-administration.html