Los talentos

Por  Gil Rosario Ramos – Maed.

 

Un albañil tenía un hermano pianista muy famoso. En una ocasión conoció a uno de sus muchos admiradores.

-“Debe usted sentirse muy orgulloso de ser hermano de una persona tan extraordinaria”.

Sin pensar las consecuencias de sus palabras, continúo hablando:

-“Tengo que reconocer que el talento no se distribuye de una manera uniforme… ni siquiera en una misma familia”.

-“Es cierto”, respondió el albañil. “Pues fíjese, mi hermano no tiene ni la más remota idea de cómo poner un bloque de cemento. Él tiene que pagar para que otro le haga su casa”.

Todos los seres humanos tenemos unos talentos y unas potencialidades de las cuales somos responsables. Cada uno de nosotros tiene un lugar en el mundo y debemos ocupar esa posición. Tan importante es el ingeniero que hace el plano, como el albañil que levanta el edificio, el médico como el mecánico, el músico como el poeta, el maestro como el conserje, el vendedor de periódicos como el periodista.

Cualquier servicio es importante para el desarrollo de quien lo realiza y para quien lo recibe. Somos como una máquina en la cual cada pieza, cada tornillo, cada circuito, cada parte, desempeña un papel importante para el funcionamiento del todo.

Por estas razones debemos sentir satisfacción y orgullo por lo que hacemos cuando ese trabajo es realizado con dedicación. Entonces y solo entonces, el trabajo se va convirtiendo en una obra de arte.

Quien utiliza al máximo sus capacidades y talentos es un virtuoso en el arte de hacer bien lo que le corresponde.

En una empresa, grande o pequeña, cada empleado es importante y necesario para poder manejar la misma. Debe tratarse a todos con deferencia y con dignidad. Si esto no ocurre, tarde o temprano el ambiente de trabajo se tornará cargado. Comenzarán los resentimientos, la falta de lealtad a la empresa y la productividad se ve afectada.

Escuchaba a un obrero decir: “En la compañía donde trabajo aprecian mi labor y la reconocen”. En esta expresión está claramente definido el concepto de pertenencia. Es otra forma de decir: “soy parte de mi compañía y estoy a gusto con ella”. A partir de este hecho se trabajará con alegría y mayor eficiencia, porque siente que se le considera una persona y no una cosa. Además, se sentirá importante, con talento y agradecido a Dios por haberle dotado de unas habilidades para ganarse la vida con la mejor de las alternativas: el trabajo.

El autor es conferenciante. Para información llamar al 787-837-8574 o escribir a  gilrosarioramos1@gmail.com

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