Madre: la mujer-robot multitasking

El trabajo de un hombre es todo el día, pero el de una madre nunca termina. – Autor desconocido

 

Ser madre es una bendición, la más grande de todas sin duda alguna.  Pero no es la única función de una mujer con hijos.  Desde que nos levantamos hasta que pasa la hora de dormir e incluso en “descanso” nuestras mentes, corazones y cuerpos andan como pulpos haciendo de todo, calculando, planificando y hasta pensando por todos: por el puro placer de amar no solo a nuestros hijos sino a nuestras familias inmediatas y extendidas. 

Si bien un hombre que trabaja 8, 12, 16 y hasta 20 horas diarias tiene una vida agotadora (física y mentalmente), la mujer que es madre y que no solo se conforma con serlo sino que trabaja, estudia y se atreve a soñar tiene una vida mucho más complicada de lo que aparenta.  Callamos mucho, descansamos y hasta comemos poco.  Celebrarnos un solo día como reinas no substituye el apoyo, la solidaridad, el agradecimiento, la paz y tranquilidad que preferimos el resto del año.

Esta mañana escuchaba yo a un conocido reportero en un programa de noticias alabar aquellas madres que renuncian a sus sueños y a sus esperanzas en el nombre de la maternidad, por sus hijos.  Me provocó una sonrisa desencajada. SI bien una madre dedicada a su prole es digna de ensalzar porque renuncio a todos por dedicarse a su familia, aquellas que se atrevieron y aun atreven a soñar y a luchar por sus sueños con sus hijos en las caderas y brazos, lo merecen igual o más.  Renunciar a soñar, a crecer como profesional y a sobresalir entre tus pares puede ser sacrificado y muy difícil de sobrellevar pero no hacerlo implica una vida más agotadora aunque llena de mayores satisfacciones.  No dejemos atrás las que no están dispuestas a renunciar a sus hijos ni a sus sueños, luchan el día a día pero viven atadas a voluntad o por amenaza a una carga adicional: al egocentrismo de otro ser humano que constantemente reduce esas ganas de soñar, crecer, seguir adelante con las luchas propias y de la familia… que les quita las ganas de vivir y aun así siguen dando el resto dispuestas a lograrlo algún día. Cuando el valor les permita continuar solas con sus hijos sin mayor inconveniente que el económico y hasta el social.

Es precisamente en ese rol de ser madre, mujer, trabajadora o empresaria que surge el robot multitasking.  Si, esa mujer biónica que se levanta de madrugada a cocinar, a recoger como pueda la casa mientras sus hijo(a)s se preparan para la escuela o universidad y luego sale corriendo para lograr llevarlos a tiempo a sus aulas y ella llegar a su empleo donde el ponchador no perdona ni siquiera un dolor menstrual o de espalda. 

Ese robot que, en su hora de descanso (si es que tiene alguno), coordina citas médicas, laboratorios, terapias, ensayos o entrenamientos deportivos de los hijos, compromisos familiares, repite recetas por teléfono y paga las cuentas ya sea en persona o por la web.   Y así transcurre la mayor parte de su día.  Luego en la tarde, si el horario se lo permite, sale a la carrera del trabajo a recoger a sus hijos para regresar al hogar donde lo que se recogió en la mañana queda doblemente revuelto en par de minutos con los torbellinos de dos piernas; donde la cocina está hecha un desastre pues hay que recoger y limpiar de nuevo los trastes que dejó la familia luego de la cena.  Incluso en ocasiones llegan a las casas para luego salir corriendo a las prácticas de música, los talleres de costura o los entrenamientos deportivos. 

Llegan a las casas extenuadas a seguir luchando con las tareas escolares; trabajando con la limpieza del hogar; lidiando con el cansancio y las limitaciones físicas y hasta emocionales.  Madres que en un abrir y cerrar de ojos a penas tal vez les dio tiempo a ver su novela o programa favorito sino están envueltas en sus propios libros soñando con días mejores, con fuentes de ingreso seguras e independientes, con lo que pudo y puede ser pero aun no es.  Y así la venció la noche, con un libro o computadora entreabierto, las piernas sopladas de tanto trajín, el estómago vacío porque olvido cenar y un cansancio que no se remedia con una sola noche de sueño… Amén de las cantaletas que le toque soportar de quien se haga llamar el hombre de la casa. 

Si, honremos a todas y cada una de nuestras madres pero no con fresas, flores y chocolates por un día.  Honremos su reiterado sacrificio con solidaridad, apoyo y respeto.  Porque al fin y al cabo todas y cada una de nosotras dentro de nuestros respectivos mundos hemos tenido que ser o seguimos siendo los robots multitasking, las vigas que con fuerzas limitadas sostenemos el pilar principal de nuestros hogares: ¡por nuestros hijos!