María: de las pocas mujeres dedicadas a la pesca

 

Por Sandra Caquías Cruz

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GUAYAMAAl atardecer, tras convencer a uno de los hijos que la acompañara, María de los Ángeles González echó el bote al agua y comenzó una faena que aprendió y realiza desde muy niña: pescar.

María de los Ángeles es una de las pocas puertorriqueñas que se dedica a la pesca. Nació en una familia de pescadores que le enseñaron los retos y bondades del mar.

La mujer no se conformó con esperar la pesca para escamar y prepararlos, sino que decidió ir tras ella y aprender ese oficio que la ayuda a generar un ingreso. Comenzó con la pesca de orilla y ahora, tras varias décadas en la faena, prefiere utilizar un chinchorro (red). “Mi hermano me enseñó mucho a pescar”, dijo.

María de los Ángeles vive con sus hijos en una humilde casa de la comunidad Punta Pozuelo, en Guayama. Dos botes de madera ocupan su patio. Sobre una mesa, a pasos de un toldo donde se sienta a pasar la tarde, tenía sus redes amarradas con sábanas.

En la tranquilidad del patio, a pocos pasos de la orilla del mar, narró varias de sus aventuras en el agua salada. Una de ellas, contó, fue cuando la cogió un mal tiempo en medio del mar y tuvo que anclar y detenerse a esperar que pasaran la lluvia, el viento y el fuerte oleaje. “Eso jamás se me olvida”, comentó.

Tampoco borra de su mente cuando una red se le atascó en el motor ni cuando el bote se le apagó en medio del mar y otros pescadores llegaron a su auxilio.  

Al mar no entra sola aun cuando esté pescando en la bahía, aseguró. “Me quedo en la orillita… a veces la bahía se pone mala”, dijo. También necesita llevar un acompañante que le ayude a sacar el chinchorro del agua, en ocasiones cargado de peces. María de los Ángeles vende su pesca a la Villa Pesquera, esto luego de escamar.

Ella ha logrado pescar hasta 200 libras. En otras ocasiones la pesca es mucho menor.  

María de los Ángeles enseñó a sus hijos a pescar. Ambos se ponen de acuerdo, preparan lo que necesitan, alimentos y equipo de pesca; se visten con camiseta de manga larga, gorra y un pañuelo para cubrir el rostro, y salen en busca de peces.  

“Me fascina. Esto es como si fuera una terapia”, describió la mujer, quien también disfruta coger jueyes.

Pescadora María de los Ángeles González