País Portátil – Parte 2: Hipnosis colectiva

NOTA: Para entender mejor esta serie de 3 columnas, sugiero escuchen la canción “País Portátil” de Rubén Blades

Recuerdo desde que se dio a conocer la opinión del caso Sánchez-Valle, el concepto colonia para referirse a la relación (impuesta) entre nosotros y los Estados Unidos, comenzó a tener mayor presencia en el discurso público.

Luego, la imposición (como ya es costumbre) de una Junta de Control Fiscal para que tomara las decisiones cruciales de cómo y a quién se le brindará servicios, también trajo como evidencia la relación colonial ya mencionada.

Durante el año eleccionario 2016, el discurso sobre la crudeza colonial que vivimos fue traído a cuanto foro, programa de TV y radio, libros, columnas, blogs, etcétera.  Quien dudara, ignorara o le fuera indiferente la condición colonial, simplemente, era ejemplo tangible de la enajenación producida por la conquista colonial o un(a) fanático(a) partidista.

Entrando en aquel fatídico año 2017, económica, social y políticamente, el país iba a la deriva. Las legislaciones implantadas desde el día uno se dirigieron a desmantelar aceleradamente lo que quedaba de país para que las ordenes de la Junta de Control Fiscal se cumplieran.

No obstante, un sector significativo e influyente del país comenzó a ejercer frente a las legislaciones impuestas.  El pueblo comenzó a reconocer lo que es vivir bajo decreto de un organismo que no permite la participación democrática.  El 1ero de mayo del 2017 evidenció la molestia y gallardía de un pueblo que se lanzó a la calle para dejar claro que la condición colonial y sus implicaciones no aguantaba más.

Sin embargo, la invisibilidad del poder neoliberal se hizo sentir inmediatamente.  Esa misma tarde, varias personas fueron detenidas por un supuesto atentado a un banco en la cercanía de la manifestación.

Nunca quedó claro la trampa realizada por el poder para que los medios corporativos sacaran partido a ese evento por encima del éxito de la manifestación que ya había culminado.

Todo aquel que creyó la opinión del poder entró en un estado de hipnosis colectiva: “todo lo que atentara contra las condiciones de vida impuestas en el país tenía que ser castigado, encerrado o desaparecido”.  La fuerza del poder necesita que la gente se envuelva en asuntos de consumo desenfrenado, enajenación e indiferencia de lo que sucede en país para que la agenda neoliberal se sostenga.

Luego del paso del huracán María, las medidas fallidas para la recuperación del país por parte del gobierno federal y estatal han agudizado las condiciones de vida en la colonia.  Muchos (as) se sorprendieron con la pobreza evidente que vivía en país desde antes del huracán.

Ya no había excusa para reconocer que la situación de país tenía que buscar otro rumbo.  Empero, el gobierno local ha entrado en múltiples controversias en cuanto al restablecimiento de la energía eléctrica y la posible privatización de la corporación pública, comisiones de igualdad, casos de hostigamiento, legislaciones que socavan derechos, en fin, el país no parece levantarse.

Cuando en muchos países del mundo, el pueblo, incómodo con legislaciones que atentan contra sus condiciones de vida, se lanzan a las calles y enfrentan el poder, los cambios democráticos se avanzan.  Solo con buscar noticias en el Internet, usted puede ver como las gentes comunes se vuelven un conjunto de poder para acabar con la inseguridad social.   En nuestro país no sucede eso.

El cántico de sirenas a través de la TV y otros medios corporativos, aún tienen poder de enajenar al pueblo. Tiene el poder de demonizar actos de reivindicación de derechos manteniéndonos sentados en el sofá desinformados o en los pasillos de centros comerciales donde el consumo les lleva a encontrar una felicidad pasajera mientras el poder neoliberal se roba el país.  Eso es, mi gente, hipnosis colectiva.

La presente columna es la segunda de tres propuestas sobre privatización, hipnosis colectiva y respuestas alternas.  Síguenos Punto C en Facebook o escríbenos a puntocpr@gmail.com