Panelli se entrega día a día al más necesitado

Por Angelique Fragoso Quiñones

redaccion@esnoticiapr.com

 

PONCE – Ayudar al prójimo fue una de sus motivaciones para irse de misiones por el mundo, sin pensar que uno de esos viajes le enseñaría que no hay que ir muy lejos para hacer el bien.

Tras su viaje misionero a Colombia en el 1996, donde se dedicó a atender las necesidades de las personas sin techo, el dentista Juan Panelli Ramery regresó a Puerto Rico con la intención de realizar por su gente lo que había aprendido allí.

“Si podemos ir a otros países a atender estas necesidades de estas personas, lo debemos hacer aquí porque es nuestra deuda con nuestra tierra, con nuestra gente. Alguien lo tiene que hacer y si nosotros lo estamos haciendo en otros lugares lo debemos hacer también aquí”, expresó.

A partir de su regreso durante dos años Panelli buscaba a la gente que vivía en la calle y la llevaba a una iglesia en La Playa de Ponce donde, junto a un grupo de voluntarios, le ofrecía diferentes servicios de apoyo.

En el 1999 la iglesia se les hizo muy pequeña para atender a tantos deambulantes y deciden mudarse. “Llegamos a trabajar dentro del almacén que era el punto de drogas más grande de Ponce. Luego de eso compramos la casa de al lado …  donde dábamos servicios de comida, de curaciones de ulceras y heridas, de medicamentos, de ropa y demás”, narró .

Más adelante consiguió la Casa Ana Medina en Ponce y el Centro Safe Heaven en Yauco, viviendas donde trabajaron con la rehabilitación y la reinserción de mujeres y hombres a la sociedad.

Así nace ‘Amor que sana’, institución sin fines de lucro con base comunitaria que atiende a personas sin hogar con problemas de adicción, alcoholismo, maltrato, salud mental y soledad.

“Mi esposa y yo no hemos cobrado de ‘Amor que sana’, somos puros voluntarios, al igual de los miembros de la junta, que estamos aquí porque entendemos que podemos hacer una diferencia grande en Puerto Rico”, manifestó Panelli.

Una de las tareas que busca realizar es cambiar la imagen que tienen los puertorriqueños de las personas sin hogar.

“Si soy yo que ya estaba haciendo de misionero hace 4 o 5 años y no podía entenderlo, el que no tiene un hijo o un familiar en la calle, cómo lo va a entender”, subrayó al destacar que son personas vulnerables que necesitan atención.

Aunque recientemente el proyecto ‘Amor que sana’ perdió los fondos federales que le ayudaban a sufragar la mayoría de los gastos, Panelli se siente esperanzado de que hay muchas personas comprometidas que se han solidarizado con la causa.

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