Papi y el mar

Hace muchos años que papi no va a la playa. No le gusta el sol. Tampoco los lugares en donde hay mucha gente. Cuando yo era pequeña me llevaba a la playa a las cuatro de la tarde para evadir ambas cosas, el sol y la gente.

Lo curioso es que papi es un hombre de mar. “Al mar hay que tenerle respeto”, me dice mientras recuerda que una vez se fue al garete navegando entre Santa Isabel y Salinas. Dice que el secreto para la longevidad es comer pescados o frutos del mar, como lo hacía mi abuelo; papi ya tiene 77 años.

El pescado es un ritual en casa. Me tomó mi tiempo descubrir el encanto del penetrante olor de un capitán o un chillo en el congelador. O el proceso nada simple de limpiar la cocina después de freír pescaditos. Más de una vez me senté bajo protesta a tomarme el caldo de pescado que papi había preparado “con unas cabezas que me regaló González” o una receta que le dio una señora en la fila de la farmacia. Con el pasar de los años y la nostalgia de haberme ido a estudiar lejos, entendí que cocinar para otros es uno de los actos de amor más humildes y genuinos que existe. Cuando papi fríe otra tanda de tostones y pone el plato en el centro de la mesa en realidad está reteniéndonos un poquito más con él.

Porque papi, como es un hombre de mar, nunca nos ha dicho a ninguna de sus hijas que nos quedemos un poco más en casa. Mucho menos nos reprocha si no llegamos el día acordado. Papi siempre nos ha querido y nos ha dejado ser libres. Extraña inmensamente la versión de país que conoció. Papi nació en 1940, pero de las convicciones machistas de su época no retiene nada. Seis hijas mujeres lo convirtieron en un fiel creyente de la equidad.

Papi nunca come primero, siempre lo hace después. Compra los alimentos, los cocina, los sirve y después limpia la mesa y la cocina, saca la basura y luego se sienta a ver Televisión Española. Cuando me fui a España papi adquirió el rito de ver las noticias españolas y era él quien me llamaba para advertirme de cualquier evento.

“Allí estuvimos, ¿verdad?”, me pregunta si es que transmiten algún lugar de los que visitamos cuando, junto a mami, me acompañó en mi defensa de tesis. “Nunca pensé que hubiese visto el Guadalquivir”.

No sé mucho de cómo era mi papá antes de que yo naciera. Fue en este cumpleaños que vi fotografías suyas de joven. Me enseñó a tener cuidado con las espinas, y sé que cuando lo hizo no estaba hablando solamente del pescado. Intuyo que vivió mucho. Y con la esperanza de la hija menor que nació cuando ya todos eran adultos, cruzo los dedos y espero que viva mucho más.

Con papi no existe el tiempo. Papi es como el mar infinito.

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