Proletariado en precario

 

Como viento que trae tormenta, así, el gobierno de turno propone una nueva reforma, mejor dicho, deforma laboral para los/as empleados/as del sector privado.

Como si no fueran suficiente las cuatro décadas desde que el neoliberalismo comenzó a precarizar nuestras vidas, ahora se propone limitar a siete días las licencias de vacaciones y enfermedad y eliminar la indemnización por despido injustificado.  Es decir, el gobernador colonial y colonizado, en su fetiche por parecerse a la jurisdicción federal, le entrega al patrono privado una clase trabajadora que se puede despachar al primer antojo que se le presente.

La clase trabajadora puertorriqueña pasa de la precariedad a la miseria. La desigualdad social y económica que se vive en este país lleva consigo un alto nivel de estrés que, sumado a condiciones no saludables de empleo, constituyen un excelente banquete explosivo contra el bienestar de la clase trabajadora.

Según el Gobierno, esta gestión corresponde a la urgencia de atender la crisis económica y fiscal del País, evitando aceptar que son decretos de la Junta de Control Fiscal.  Por tanto, como medida para “reactivar” la economía local, conviene flexibilizar, aún más, las leyes laborales.

Sin embargo, es indignante el hecho de que estas gestiones se han tomado a la ligera sin considerar las posibles consecuencias y el impacto psicosocial que pueden tener en la clase trabajadora.

La flexibilización merma, no solo en la calidad y cantidad de empleos producidos sino en la salud mental, psicológica, física y social de los/as empleados/as.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) indica que la flexibilización supone un nuevo modelo organizacional que pretende asegurar las ganancias privadas a coste de “mano de obra barata”, produciendo, por consiguiente, una sociedad precaria y polarizada.

El Gobierno ha dejado de ser garantía de estabilidad para el país.

Desde el 2009, el Pacto Mundial para el Empleo ha llamado a los gobiernos a gestionar a favor de la protección social de sus trabajadores, y a defender y promover el “Trabajo Digno” según los artículos 23, 25 y 28 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

El trabajo da sentido, propósito y estructura a nuestras vidas.  Por tanto, las relaciones laborales deben ser mecanismos que permitan el acceso a condiciones de equidad para la sociedad en general.  Legislaciones unilaterales y no participativas atentan contra los derechos humanos.

El camino de la austeridad que se insiste en continuar genera graves daños a nivel psicosocial dentro de un ambiente de incertidumbre.  Esto puede generar situaciones de alto estrés con el potencial de desencadenar episodios de ansiedad, depresión, conductas violentas, incluyendo el suicidio, uso y abuso de sustancias y el desarrollo de otros trastornos psicológicos severos. Por lo que es imperante reconocer que los factores psicosociales estresantes pueden mermar en la medida que las condiciones de trabajo sean dignas para los/as empleados/as.

Muchas investigaciones confirman que la salud física peligra cuando el trabajo deshumaniza o mercantiliza al empleado/a. Las legislaciones neoliberales han fallado en cumplir con las expectativas de desarrollo económico para el país.  Estas han producido poca estabilidad económica y movilidad social en la clase trabajadora.  Por esto, el Pueblo debe rechazar contundentemente y exigir que las relaciones laborales sean mecanismos que permitan el acceso a condiciones de equidad para la sociedad en general.

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