Punta Pozuelo: paraíso de recursos naturales asediado por contaminación

 

Por Sandra Caquías Cruz

Fotos y video: Tony Zayas

redaccion@esnoticiapr.com

 

GUAYAMA – La Real Academia española define a Pozuelo como una vasija empotrada en tierra para recoger líquidos. Los residentes en Pozuelo lo describen como un islote en la costa de Guayama, que en las pasadas décadas, ha estado asediado por empresas que lo han abonado con contaminación.

Los mangles a su entrada revelan un paradisíaco paisaje. La carretera en medio de mangles parece no terminar. Los autos que transitan son pocos. “Esto es un islote creado por la naturaleza”, describió Miguel Ángel Ortiz Serrano, nacido y criado allí.

Los restos de una estructura en hormigón cobran vida desde hace unas semanas. Un grupo de jóvenes decidió rescatar la casa que de la noche a la mañana apareció en el lugar tras un desyerbo.
En la pequeña estructura de hormigón, la joven artista Cristin Sánchez Gallardo, pintaba una banda de peces que parecían moverse por las paredes de lo que una vez fue la sala.

En el comedor de la casa, toda sin techo, creció un enorme árbol de almácigo. A pasos, la joven mezclaba colores para pintar los lazos que utilizan para representar cada uno de los diversos cánceres. El rosa para el de mama, el anaranjado de leucemia y así continuó identificando y pintando la pared.

“A veces a uno le cuesta hablar de la comunidad. Mi pueblo ha salido con alta incidencia de cáncer”, lamentó Miguel Ángel. El hombre describió una a una las industrias que han impactado esa comunidad y por último señaló la montaña de carbón de la empresa Applied Energy Systems (AES).

Antes, recordó con detalles el tanque con mercurio que llevaron a lo que hoy es el Paseo Tablado Punta Pozuelo. El tanque cedió y el mercurio se derramó. “A veces uno se siente frustrado, porque quiere lograr unas cosas”, comentó con los brazos recostados sobre su bote.

Miguel Ángel, presidente de la Villa Pesquera Punta Pozuelo y la Federación de Pescadores Comerciales de Puerto Rico, explicó que “el carapacho” que revisten de arte y color fue parte de las comunidades que a mediados del pasado siglo expropiaron para dar paso a una petroquímica.

El lugar lo llamaban barrio Matulla y sector Gerardo. Allí vivián decenas de familias. A los residentes los dispersaron con la llegada de una refinería de petróleo a finales de la década de 1960. Unos los trasladaron a la comunidad Las Mareas y otros emigraron al sur de Pozuelo. Miguel Ángel y sus padres fueron parte de los que decidieron quedarse en Pozuelo.

Los que se fueron a Las Mareas volvieron a ser expropiados y terminaron en la comunidad Barrancas, todas en Guayama. Los que se quedaron, comentó Miguel Ángel, comenzaron a vivir otro Punta Pozuelo.

Los cocales fueron desapareciendo con los años. Ya ni vestigios hay del ajonjolí que sembraba. Tampoco puede recoger sal en cubos para luego venderla. No hay de batata, piña ni otros frutos que allí cultivaban.

“Según pasó el tiempo, todo iba mermando, todo iba disminuyendo. Iba desapareciendo”, lamentó. “Ya en mi comunidad no hay fincas. Antes tumbaba 100 cocos, en dos o tres palmas, para venderlos en $15. Ahora tienes que subirte a 100 palmas para buscar 100 cocos”, señaló.

“Yo he visto como todo ha cambiado, la naturaleza, los árboles, los frutos, desapareciendo prácticamente todo”, dijo.

¿A qué se debe?, se preguntó. “Al mal manejo del Gobierno. El dar permiso a compañías que se establecen a orilla de la costa sin pensar en las consecuencias… a veces uno se siente frustrado”, se respondió.

Pozuelo no tiene sistema de alcantarillado. Miguel Ángel explicó que hace varios años el municipio contrató una compañía que instaló el sistema de alcantarillado sanitario, pero nunca ha sido utilizado y existe evidencia que en algunos lugares comenzó a colapsar. “Ha colapsado en más de seis sitios”, dijo.

En Pozuelos hay uno 10 restaurantes y varios negocios ambulantes en los que venden frituras, mayormente los fines de semana.

En la comunidad no hay hoteles y sí personas que alquilan habitaciones, informó Miguel Ángel. La playa Los Limones es visitada por muchos residentes de la costa. Otra de sus playas es recomendada solo para los selfistas.

 

La pesca como sustento

El mar continuaba y continúa siendo el refugio de la mayoría de los residentes de Punta Pozuelo, aun cuando la cantidad de pescadores y la pesca ha mermado. “Me atrevería a decir que un 50% de los residentes viven de la pesca. Hay muchos pescadores aquí”.

Pozuelo, donde residen entre 700 y 1,000 personas, es una comunidad pesquera que ahora apuesta al turista interno. Allí consigue la anaconda, una alcapurria de casi una yarda de largo. También tiene la Casa de los Pastelillos o empanadillas, como la llaman los ponceños, que atrae cientos de comensales.

Varios restaurantes, entre ellos la Villa Pesquera Punta Pozuelo, intentan sobrevivir y generar empleos con los frutos del mar. María de los Ángeles González es una de las que vende su pesca a la Villa.
Pozuelo tiene una de las pocas mujeres pescadoras que hay en Puerto Rico. En ocasiones vende 30 libras de pescado en otras podría superar esa cifra, relató.

María de los Ángeles pesca en la Bahía de Jobos. Lo hace al atardecer luego de mucho esfuerzo para convencer uno de sus dos hijos a que la acompañe. Al mar no entra sola aun cuando sea a la bahía. Necesita ayuda para sacar su chinchorro del agua, en ocasiones cargado de peces.

El camino de regreso es oscuro. Apenas se ve un alma en la salida de Punta Pozuelo. Atrás, María de los Ángeles seguía en la bahía para al día siguiente, madrugar a escamar los peces y vender su pesca al igual que lo hace el que vende ostiones a orillas de la carretera o el que sale a capturar jueyes.

 

La vida en Punta Pozuelo