¿Qué es lo que pasa aquí…ah?

 

Para los que aún cuentan con la suerte -o mala suerte- de saber cuántos días han pasado luego del Huracán María, les digo que son 44 días o 6 semanas para reducirlo o, quizás, empeorarlo.

Ciertamente es de poca importa el número cuando nos percatamos que apenas ha sucedido algo significativo en cuanto a la recuperación de nuestro país-colonia.  Muy pocos sectores ya cuentan con el servicio de energía eléctrica y agua; otros muchos continúan en penumbras, hambrientos y sedientos.

La ayuda ciudadana ha sido titánica pero hay elementos, como la comunicación, que son importantísimos para poder avanzar.  Asimismo, las empresas billonarias de comunicaciones han fallado gravemente en restablecer su servicio y muchos clientes se muestran molestos y frustrados al recibir la factura de un servicio no cumplido.  Estas compañías no pasan de anunciarse en los periódicos con un discurso positivo de que en algún momento regresará el internet y la telefonía.  Al parecer la AEE anda bailando bolero en una loseta con las compañías de teléfono e internet.

En cuanto a la energía eléctrica, tema que ha indignado a la mayoría de los abonados, hemos presenciado el manejo de la corrupción con el contrato de la empresa Whitefish por 300 millones.  Aunque se llevaron aproximadamente 30 millones, es dinero que se desembolsó de nuestro bolsillo a través de la AEE.  Ya con Whitefish Energy Holdings “fuera” del escenario a finales de este mes, se asoman otras compañías privadas –Cobra- cobrando mucho más para restablecer el sistema energético.  La indignación en cuanto al manejo de la situación por parte del gobierno colonial ha calado en todos los ciudadanos/as, incluyendo la diáspora, funcionarios del gobierno local y federal y, obviamente, en la oposición política.  No es para menos.

Por tanto, es de esperarse que nos preguntemos, ¿qué es lo que pasa aquí…ah?

Una de las teorías de mayor peso para analizar esta situación es la implantación de lo que la periodista canadiense Naomi Klein denomina como “la economía del desastre”.  A esto, Klein se refiere a cómo los gobiernos avanzan en implementar sus políticas neoliberales luego de fenómenos traumáticos, tales como golpes de estado, guerras, crisis financieras, desastres naturales, entre otros.

Luego de un evento de fuerza traumante -la Doctrina del Shock- el proceso de recuperación es propicio para darle paso a políticas que en tiempo ordinario la mayoría de la población no aceptaría.  Es decir, mientras la gente está ocupada y preocupada buscando comida, gasolina, telefonía y/o regresar a su empleo (si es que no cerró donde trabajaba o le despidieron), el gobierno le sirve en bandeja de plata los activos públicos a empresas privadas.

Se puede entender que muchas personas en la desesperación de que regrese la energía eléctrica avalen que la empresa privada, cualquiera que fuera y a cualquier costo, tome las riendas de la AEE.  También, sucede en el sector educativo, de la salud, de carreteras, entre otros.  Esto es lo que precisamente el gobierno neoliberal y la empresa privada quieren lograr: llevarnos al desespero para aceptar cualquier solución, por más amarga que sea, a los problemas que enfrentamos.  Por tanto, es importante conocer que privatizar servicios públicos no necesariamente significa eficiencia.

Otra razón de peso es la sustitución de la población.  Ante el marasmo que experimentamos hoy y la crisis social y económica que vivíamos antes del huracán María, muchos compatriotas optaron por buscar una mejor calidad de vida en el extranjero.  Esa “facilidad” de relocalización no la gozan muchos países.

Bajo la condición colonial, nos podemos mover a los Estados Unidos sin el tedioso proceso que personas de otros países vivencian.  Esa movilización, que no es nueva ni es anti natura, se da en todos los países del mundo.

No obstante, son los causantes los que hay que analizar críticamente.  Nuestra particularidad es que en la medida se vaya reduciendo la población puertorriqueña en la isla-colonia, entra la población anglosajona a “retirarse” aquí.  Muchos expertos en el tema toman como referencia la sustitución de la población y sus consecuencias sociales, políticas y culturales del estado de Hawaii.  Eso es peligrosísimo para cualquier país.

En fin, muchas cosas están sucediendo en el país que caen fuera del alcance de esta columna; los analizaremos semana tras semana.  Por ahora es importante establecer que Puerto Rico vive bajo un “Estado Fallido”, no obstante, puesto a la merced de aquellos que quieren dominar sus recursos.  Hay muchos organismos políticos y corporativos interesados en las riendas de esta gran isla.  Interesantemente, la gente está alerta y activa ante los mencionados eventos aunque de momento no se comprendan claramente.  Ese es el camino a seguir.  Para levantar a Puerto Rico, primero, tenemos que despertar.

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