Soledad y pobreza en hogar de Guayama

Por Angelique Fragoso Quiñones

angelique.fragoso@esnoticiapr.com

 

GUAYAMA – Engracia Ortiz Rivera tiene 91 años. Enviudó hace casi medio siglo. Vive en la comunidad Pueblito del Carmen, en Guayama, con un hijo que tiene varios problemas de salud.

La casa de doña Engracia está bajo cables de una torre eléctrica. Allí abunda la pobreza y la escases.  Los enseres del hogar tienen décadas de uso y algunos no funcionan.

Doña Engracia no quiere salir de ese lugar. Fue donde crió a sus nueve hijos y donde, con la ayuda de una partera, parió a los dos más pequeños.

“Se me han muerto algunos (hijos). Hay una que se fue para afuera (Estados Unidos) y yo creo que se murió porque no he sabido nada de ella”, expresó sobre el paradero de ella y de cerca de la mitad de sus retoños.

En tiempos de tormenta, doña Engracia se refugia en la casa de una de sus hijas. Una nieta la lleva al hospital cuando se enferma.

“Él (hijo que vive con ella) no hace nada, padece de los riñones, a veces no puede ni andar”, expresó. La mujer y su hijo dependen del Seguro Social y el Programa de Asistencia Nutricional para sus gastos.

“Mi esposo trabajaba picando caña, talando. Murió hace muchísimo tiempo. Me parece que yo tenía como 42 años. Era mucho mayor que yo. Murió a los 64 años”, indicó.

El camino que conduce a este hogar se vuelve fango cuando llueve. Las piedras hacen muy peligroso el llegar a la vivienda. Tablas sueltas, bloques y piedras sirven de peldaños para subir al pequeño balcón de la casa en la que almacena muchas cosas, entre ellas un inodoro y una lavadora.

La salita tiene alrededor de cinco butacas desgastadas por el uso sobre un piso de planchas de madera sin tratar. Imágenes religiosas adornan las paredes sin pintura y la nevera va perdiendo el color blanco con la llegada del moho.

Una tela sirve para cubrir la parte de abajo del gabinete de su cocina, el cual se encuentra deteriorado por la humedad. El grifo del fregadero está dañado y el agua -que proviene de pozo- fluye sin detenerse.

Sobre el tope del gabinete y de la estufa se levanta una montaña de ollas y envases con telarañas. Las perillas de las ventanas están inservibles y para cerrarlas y evitar que entren insectos y roedores utiliza palos de escoba.

Dona Engracia dijo que de allí no se muda porque la casa es de ella, el agua de pozo y solo tiene que pagar el servicio de energía eléctrica.

Son muy pocas las visitas que doña Engracia recibe de sus familiares. La mujer ni su hijo tienen la fuerza para darle mantenimiento a su hogar.

Isis Morales, empleada del programa Acción Social trata de ayudar a esta familia. Los interesados en colaborar pueden llamar al 787-557-5203.

Deja un comentario

*