Tiempos de tormenta en el ámbito laboral

 

El 4 de agosto de 2017, un anuncio cayó, sin duda alguna, como un balde de agua casi helada en el sector del trabajador público y sus familiares. Típicamente cuando un cambio significativo se anuncia dentro del escenario organizacional, se impacta el empleado y los seres significativos de su entorno familiar.

Pero encima de la herida, limón. A la reducción de jornada de trabajo, se le une la incertidumbre que supondrá la amenaza de un pleito que a este momento luce incierto, imprecisamente extenso, y sin duda costoso, más allá del dinero. Una lucha que tiene un aura de preservar cara, más que nada.

En otras palabras, la herida es la mentada reducción de jornada laboral para empleados públicos, y el limón, la incertidumbre de un posible litigio legal. En una columna anterior dialogamos sobre el efecto psicosocial que tiene en el ser humano un estado de incertidumbre prolongado.

A este momento, muchos “expertos” especulan sobre lo que podría ocurrir, vaticinan al estilo del icono Walter Mercado, en ese campo que tildan de “analista político”, quienes juran tener el sartén agarrado por el mango, y parecen ser custodios de la certeza más absoluta.

Lo que sí es una certeza, es la tormenta categoría 5, que nos viene pa’ encima, como colectivo. Sin duda, de mantenerse la recomendación de la Junta de Supervisión Fiscal, por lo menos tres (3) segmentos son las que realmente se afectan, como poco: el empleado, su familia, y los compañeros de trabajo que sobreviven.

Pero ante una crisis tan comentada y tan anunciada, debemos repetir la famosa frase del Chavo del Ocho: ¡Calma, calma… que no cunda el pánico!

Me desempeñé -desde que salí de la escuela graduada- como supervisora y /o gerente de recursos humanos por cerca de 30 años, en diversas multinacionales de manufactura en Puerto Rico y fuera de Puerto Rico.

Creo que aprendí algo de administración y manejo de oportunidades que llegaron disfrazadas de crisis. Fui protagonista del diseño de estrategias en las cuales se les planteaba al personal la reducción del salario en un % dado, por un tiempo indeterminado.

Viví épocas en las que un técnico de electrónica aceptó ser guardia de seguridad ante la opción de “o elimino a la compañía de seguridad o elimino al técnico de electrónica”. Tuve la experiencia de trabajar reducciones de jornada laboral para reducir costos operacionales, así como beneficios marginales, que por tradición se ofrecían, pero que, ante el costo de materia prima, la elección era obvia. La disyuntiva era, “o mantengo el puesto de trabajo con menos beneficios, o lo elimino”.

Los empleados públicos, como grupo, han sido protegidos por décadas, siendo el gobierno el mayor patrono de esta islita.

Pero llegó la hora de mirar lo que ha hecho la empresa privada en tiempos de tormenta, para poder sobrevivir y mantenerse en pie.

También hay que mirar, a ese individuo que se las busca decentemente, con dos trabajos, sin plan médico, sin seguro de vida, sin capacidad de hacer préstamos, sin un seguro de incapacidad, y como muchos, sin una aportación al seguro social. Estos trabajadores anónimos y comprometidos consigo mismos y con sus familias, carecen de un benefactor que los defienda ante las inequidades e injusticias.

¿Qué hacer ante un anuncio de tormenta perfecta?

1. Inhalar y exhalar profundamente, repetidamente y tomar mucha agua. Los gurús dicen que eso funciona igual o mejor que un ansiolítico.

2. Crear conciencia de que NO TODO cambia a la vez. Los cambios, aunque súbitos e inesperados, no tocan todos los elementos al unísono.

3. Prepararse emocionalmente y físicamente, para lo peor, porque puede que lo peor no ocurra.

4. Prepararse emocionalmente significa, rodearse de su círculo de influencia, de esos seres que sabes puedes contar con ellos cuando la rueda de la vida te pone en el giro de abajo. Es también, pensar en positivo. Aún de las situaciones más horribles, personas “comunes y corrientes” han podido salir del hoyo, de eso terrible que es avasallante. Hay una frase que leí y llevo conmigo siempre, y es la que dice: “Esas cosas horribles, terribles, se van… desaparecen a la larga”.

5. Visualizar lo peor… que sería perder el empleo.

6. Prepararse físicamente significa…comenzar o continuar moviendo el esqueleto. Las personas que se envuelven en una actividad física sostenida una vez al día tienden a ser más positivas, sus periodos de tristeza son más breves, y “se las inventan”, son creativas.

7. Ante un recorte de jornada laboral, el presupuesto sin duda se va a impactar seriamente. Pero no le echemos la culpa a la Junta ni a los partidos políticos. El boricua ha vivido igual que el ELA, bajo una sombrilla de economía abundante pero falsa. Hemos comprado por impulso. Los closets están repletos de ropa que no utilizamos, adornos y cuadros que solo sirven para recoger y acumular polvo, conducimos vehículos caros porque es parte del caché. Estos ejemplos y más, ilustran que es el individuo el que decide como utilizar su dinero, y con la consecuencia de esa decisión hay que vivirla. Se come, se viste, se vacaciona, se respira, a base de lo que dictan las campañas de publicidad y el mercadeo. Debemos aprender a comer menos si es necesario, después de todo el sobrepeso y la obesidad, junto a sus enfermedades contingentes, arropan la isla, con su impacto económico.

8. Y hablando de decisiones, ¿ahora qué vamos a hacer? ¿Comportarnos como víctimas del imperio o como aventureros y emprendedores de la vida? Esto último se puede, si hay voluntad para sobrevivir.

9. Los individuos, que integran un país, como colectivo, renacen de las cenizas, cuando lo más terrible se ha experimentado. Como fue el caso de las víctimas del holocausto que vivieron los judíos a causa de la filosofía nazi. O como las personas que han pagado una condena carcelaria siendo inocentes (Caso de Mandela, y aquí en Puerto Rico, el de los tres hombres de Aguadilla).

Por último, no olvidemos las líneas del inspirador poema de José de Diego:

• Oh desgraciado, si el dolor te abate, si el cansancio tus miembros entumece; haz como el árbol seco: Reverdece; y como el germen enterrado: Late.
• Resurge, alienta, grita, anda, combate, vibra, ondula, retruena, resplandece…
• Haz como el río con la lluvia: ¡Crece! y como el mar contra la roca: ¡Bate!
• De la tormenta al iracundo empuje, no has de balar como el cordero triste, sino rugir como la fiera ruge.
• ¡Levántate! ¡Revuélvete! ¡Resiste!  Haz como el toro acorralado: ¡Muge!  O como el toro que no muge: ¡Embiste!
La autora es psicóloga industrial y se ha desempeñado como especialista en Recursos Humanos. Puedes escribirme a: serviciospadro@gmail.com o visitar: www.adapadro.net