Toneladas de maderas con poco uso tras María

Por Sandra Caquías Cruz

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SALINAS – Los fuertes vientos del huracán María derrumbaron miles de árboles y los que permanecieron en pie perdieron gran cantidad de ramas que ahora se acumula en pilas a orillas de carreteras o en terrenos baldíos, pero la inmensa mayoría de esa madera no la recomiendan para uso prolongado.

La razón para no aconsejar el uso de las miles de toneladas de madera que destruyó María es que el fenómeno pasó por Puerto Rico en medio de una luna nueva y la madera que se corta en esos días del año, según la creencia, se deteriora con mayor facilidad, explicó el artesano y propietario de un aserradero, Neftalí Maldonado Rosado.

“El huracán pasó en luna nueva. Y esa madera se supone que no sirve para artesanía”, aseguró el tallador de madera. ¿Por qué no sirve? “Porque se pudre”, respondió.

“Quizá sirve la caoba, la teca, le pueda resolver algo, pero tiene que tener cuidado”, indicó. “Hay unas maderas que si el huracán las partió se van a podrir”, advirtió. El momento de cortar la madera es en luna menguante, aseguró.

Maldonado Rosado, conocido por alcanzar un Récord Guinness al construir un enorme pilón en madera, señaló que los “artesanos que no trabaje con las lunas, pues lamentablemente van a tener problemas”.

Destacó que tan importante es elegir la madera como el momento en que se corta. Existe diversas teorías sobre esta situación.

Una de las teorías es que la luna influye en la corriente de savia del árbol y que cuando hay luna nueva la savia corre por la parte baja del árbol (área de la raíz), o sea que el árbol no está rebosante de savia, y por eso puede secar más rápido sin rasgaduras.

Otros estudiosos del tema apuntan a que durante la luna llena se almacena mucha agua entre las fibras de la madera y eso hace que las maderas fácilmente se rajen y retuerzan con el calor que dilata los espacios porosos donde la madera  almacenan el agua.

Lo ideal, según algunos conocedores de la madera, es cortarla en la luna menguante en enero o febrero. Para esas fechas, el frío y la poca luz de la noche contraen la savia del árbol y eso hace que el secado sea mucho más rápido, más uniforme y con menor probabilidad de que se arquee la madera mientras se seca.

Maldonado reconoce que hay diferentes teorías, entre ellas, las de los que no creen que las fases de la luna afectan la madera, por lo que lanzó un reto de que puede probar que es cierta su teoría de que para que la madera dure y no se afecte deberá cortar en menguante.

“Yo puedo retar a cualquier persona a hacer una prueba entre menguante y la luna nueva, y puedo probar que en luna nueva la madera se pudre, en menguante dura bastante tiempo”, indicó Maldonado, quien hace 30 años realiza trabajos en madera.

No obstante, los árboles que María derrumbó, pero que se mantuvieron alimentándose del suelo se podrán usar para trabajos a largo plazo si se cortan en menguante. Resaltó que eso hizo con un árbol de caoba.

Mientras, el  Museo de Arte Dr. Pío López Martínez, de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Cayey, comenzó talleres comunitario utilizando como material principal los árboles abatidos por el huracán María.

Los talleres, denominados ‘Del Árbol caído’, son ofrecidos por el artista Antonio Martorell junto al profesor Harry Hernández.

“La pauta la establecieron los mismos árboles caídos que se negaban a morir. Estos se desmayaron, que desplomaron, con sorprendente elegancia como demostrando que su belleza y valor no residía tan solo en su vertical voluntad”, dijo Martorell.

Por su parte Maldonado explicó que muchos artesanos, al igual que él, prefieren utilizar para sus piezas las raíces del árbol y no las ramas. “La raíz es más densa”, describió.

El aserradero está en los terrenos de la Hacienda Los Maldonados, en el sector Naranjo, del barrio Parcelas Vázquez en Salinas. Allí construyó una casa que ha convertido en Museo con diversos tipos de madera donde exhibe varias de sus piezas, incluyendo un busto en madera de  Pedro Albizu Campos.

En los terrenos de la hacienda, donde acumula pilas de diversas maderas, también tiene el colosal pilón y un cristo crucificado de unos 16 pies de alto. La intención, describió, es convertir el lugar en uno donde pueda orientar al público sobre las maderas y un poco de historia que recoge en sus piezas, las más antiguas de motivos indígenas.

 

Fotos: Tony Zayas – tzayasponce@gmail.com