Una madre dedicada a la crianza de 16 hijos

 

JUANA DIAZ – El rostro de Nérida Rosario Genel no aparenta la ajetreada vida que llevó esta mujer. Tenía apenas 15 años y no sabía leer ni escribir cuando comenzó el rol de parir y criar 16 hijos.

La numerosa familia de Nérida, de 74 años de edad y residente en Juana Díaz, también la integran: 42 nietos -9 de ellos adoptivos- y 10 bisnietos.

Nérida dedicó su vida a la maternidad. Nunca fue a la escuela, ni aprendió a leer ni escribir, pero eso no fue obstáculo para dirigir y encaminar a sus hijos para que se convirtieran en profesionales; la mayoría de ellos comerciantes.

“Éramos (ella y su esposo) del mismo barrio (Real Anón), desde chiquitos me molestaba… fue el primer y único novio que tuve. Me fui con él, salí en cinta y mis padrinos que eran religiosos, nos casaron”, recordó sobre el inicio de su vida al lado de Ángel Rivera Matías, con quien compartió casi 50 años. Rivera Matías falleció en el 2006. 

Su esposo cursó hasta escuela intermedia y se dedicó a la barbería durante toda su vida. Al lograr ahorra $1,500 consiguió comprar una casita en el barrio Jacagüas, en Juana Díaz, donde aún reside Nérida y varios de sus hijos. “La casita era de madera y poco a poco la hicimos de cemento”, explicó sobre el lugar donde vio crecer a sus retoños.

Narró que al nacer su primer hijo varón se mudaron a la calle El Agua, en Ponce, y al año se mudaron a la calle Jobos, en Coto Laurel. Allí nacieron otros tres hijos y una niña.

Los médicos le habían dicho que no podía tener más de uno o dos hijos porque el ser factor RH negativo se lo impediría. No obstante, al mudarse a Jacagüas tomó una pausa y estuvo seis años sin tener más hijos y de ahí en adelante tuvo 11 hijos corridos.

 

Comida para todos

“Cocinar, lavar, planchar, pasar mapo”, fueron el diario vivir de Nérida. “Todos los días se iban nueve libras de pan”, dijo sobre la ardua faena de alimentar a sus hijos y a todo aquel que aparecía.

“La comida nunca faltó, siempre venía un amigo que comía… mami cocinaba en una hornilla de gas propano y todo con manteca, todos éramos gorditos y colora’os”, contó Joel Rivera Rosario uno de sus hijos.

Recordó que cuando salían se sentía protegido porque siempre andaban en “manada”. Los hermanos se defendían y se ayudaban unos a otros.

Compartir fue la mayor enseñanza en su hogar; la ropa se heredaba de los hermanos mayores, había un cuarto para las mujeres y otro para los hombres y, jugar bolita y hoyo o a las escondidas era parte de la diversión. El médico por excelencia era su padre, quien todo lo curaba con penicilina y las heridas con gas, recordó Joel.

Cada domingo era obligatorio ir a Misa y todos los días en esa casa se rezaba el rosario, aunque todo aquel que no quisiera hacerlo debía esperar fuera de la vivienda hasta que culminaran de rezar.

 

Familia patriarcal

Joel recordó que la muerte de su padre marcó un antes y un después en la vida de su madre. En su hogar su padre tenía la mentalidad de que el hombre era quien salía a trabajar y la mujer se quedaba en la casa para las tareas domésticas y servirle a los hijos y al marido.

“Ahora está más joven que antes, con 74 años”, resaltó Joel, quien entiende que su madre ahora tiene la libertad y la fuerza para viajar y disfrutar de aquel amor que sembró en su familia por más de 50 años.

Nérida pudo viajar a los 62 años a Disney y planifica viajar a ver a varios de sus hijos que viven en Estados Unidos. “Se monta a donde quiera que la lleven”, expresó su hijo sobre el nuevo diario vivir de su madre.

Este año está por superar la decena de bisnietos y uno de sus nietos “postizos” será su orgullo y cumplirá el sueño de su abuelo de ser sacerdote.

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