“Voy pa’ lante. No me dejo caer”

Dalila Ortiz Figueroa reconstruyó la casa para tenerle un techo a sus dos nietos. (Fotos: Tony Zayas)

Por Sandra Caquías Cruz

redaccion@esnoticiapr.com

 

GUAYAMA – Dalila Ortiz Figueroa lleva tres golpes que le han demostrado que para poder tener su casa debía trabajar duro y nunca rendirse: invadió un terreno en el que con sus manos construyó su vivienda con madera y zinc, pero los huracanes George y María se las redujeron a escombros.

Dalila, de 51 años, no se amilanó y ahora, tras el paso del huracán María, por tercera ocasión, se valió de pedazos de madera y planchas de zinc viejas para tener un techo, esta vez busca proteger a sus dos nietos.

La familia espera por un toldo para su vivienda en el barrio Barrancas, en Guayama. (Foto: Tony Zayas)

La mujer, residente en la comunidad Barrancas, en Guayama, narró que aprendió carpintería cuando invadió esas tierras y no tuvo otra opción que buscar madera y zinc para martillar y hacerse su casita.

“Eso fue a machetazo. A la 1:00 de la mañana nos metimos aquí. Mi esposo no quería, pero yo quería criar a mis hijos en su sitio seguro y echar para adelante”, dijo.

“Mi esposo (con varias condiciones de salud) se quedaba en el apartamento y yo venía”, recordó Dalila, quien vivía en una residencial público de Guayama.

Las paredes de esa primera casa eran “un encerado azul” (toldo) que recogía durante el día y tendían en las noches. “Eso que le dicen paletas, de madera, eso era el piso”, recordó. Hace más de dos décadas de aquella invasión con la que sintió que al fin tendría casa propia.

Sin embargo, el huracán George no tardó en destruirle aquella primera vivienda. Dalila, con ayuda de su hermana y un vecino, volvió y levantó la casa. La Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) le dio un dinero. Más tarde, obtuvo el título de propiedad del terreno que rescató. Poco a poco fue mejorando su casa.

 

Dalila, su hermana Clara y la sobrina María reconstruyeron la casa.

“Nunca fue nueva”, comentó antes de mostrar lo que ha logrado reconstruir tras el huracán María. La vivienda la está levantando con pedazos grandes y pequeños de tablas en diversos colores y hasta cartelones de comercios que se han encontrado en la calle los usa como pared.

 

“Esto fue reconstruido buscando zincs por las calles, y playwood, porque no es el mismo material que tenía mi casa, porque los zincs volaron para otros sitios. La madera estaba destruida”, describió.

“Mi esposo va al basurero, que a veces botan cosas buenas, y un señor fue a botar el tablillero y el mueble y lo recogimos. Porque, imagínate. No teníamos donde sentarnos y una gente lo sacó porque se mojó. Y dije, pues, a usted no les sirve, pero a nosotros nos van a resolver y nos los trajimos”, dijo.

Las camas se las regaló un familiar. La nevera funcionó cuando el pasado domingo una persona colocó una cablería con la que energizaron la humilde vivienda. Dalila teme a su estufa de gas. Dice que el olor a gas es muy fuerte cuando prende la única hornilla que tiene para cocinar.

A la entrada de la vivienda está pegado un papel que le entregó una organización y que identifica la estructura como una que necesita un toldo. Dalila desconoce si las paredes que hizo tolerarían el peso de un toldo.

“Voy pa’ lante. No me dejo caer, depresión no me ha dado todavía. No la quiero coger porque no me quiero dejar caer”, dijo. Las personas que deseen ayudar a Dalila pueden comunicarse al 787-320-1029.