Antes de entrar al 2018

 

En estos últimos días del año 2017, es saludable pasar revista por los eventos que marcaron nuestras vidas.  Las experiencias vividas, independientemente hayan sido alegres o angustiosas, alguna lección podemos tomar de ellas.

La reflexión de la vida es un ejercicio relacionado a la filosofía en cual nos permite analizar las situaciones que nos han marcado, cuestionar nuestras posibilidades ante tales experiencias.  Formarse como sociedad empoderada y soberana requiere de una mentalidad histórica y crítica.

Se debe exigir respuestas contextualizadas y mirar con recelo las ideologías que el orden social, muy sutilmente, establece en nosotros/as.  Para alcanzar eso, hay que conocer los orígenes y tensiones de nuestra sociedad puertorriqueña a lo largo de su condición colonial.

Hay que seguir buscando, cuestionar, defender, exigir.  Eso se logra a través del conocimiento, de la reflexión.  Una reflexión que nos lleve a hacernos violencia, que nos lleve a desmontar construcciones que por mucho tiempo nos han encadenado.

Las experiencias de este año 2017 permiten que nuestra mente se violente, que a través de una sana y seria discusión podamos examinar las cosas desde distintas perspectivas pero con apertura a nuevas posibilidades.

Sin embargo, me inquieta el mutismo de muchos/as que no participan activamente en los espacios de discusión sobre la situación actual del país y lo que se nos viene encima.

Me pregunto: ¿están conscientes de lo que se asoma en el nuevo año? ¿conocen las implicaciones de esta nueva realidad que enfrentamos?, ¿conocen, si quiera, las implicaciones si se “levanta” el país al que vivíamos antes del azote de María?, ¿comprenden el cántico del Congreso hacia nosotros?

La desconexión inducida de nuestra propia historia debe encontrar su fin. Hay necesidad de un movimiento de pueblo hacia la reconstrucción del país. Si no recurrimos a las raíces de nuestra historia, difícilmente tendremos una postura crítica que podamos defender ante las situaciones que nos depara el nuevo año.

La actual situación nos debe llevar a reflexionar sobre el tipo de sociedad que vislumbramos ser. No hay necesidad de métodos cuánticos para conocer la “verdad” de la situación colonial que vivimos.  Se requiere de apertura a una infinidad de posibilidades que debemos trabajar.

Para afrontar los difíciles retos que acarreará el 2018, es importante reconectarnos con nuestra humanidad, con nuestro cuerpo antes de intervenir con otros.  Desde “ahí” podremos reconectarnos con nuestros vecinos, con nuestra comunidad y, por consiguiente, con nuestra sociedad.

Hace falta quitarnos las vendas impuestas y darnos con planteamientos que aprieten y sacudan nuestra perspectiva para que nos lleve a una manera de trabajar más humana.

El poder de la reflexión de un pueblo es el arma para afrontar la vida. Si esa vida no es examinada no vale la pena vivirse. Sin reflexionar caminamos sin caminar, pensamos sin pensar y hablamos sin hablar.  ¿Qué harás tú?