Aterrador enfrentar a María dentro de una guagua

Por Sandra Caquías Cruz

redaccion@esnoticiapr.com

 

SALINAS – Ángel Justiniano López vivió la historia más aterradora de su vida cuando no tuvo otra opción que enfrentar el huracán María dentro de una guagua que estacionó entre dos máquinas de equipo de pesado que había en la Pista de Salinas.

El hombre llegó la tarde del martes a su trabajo de guardia de seguridad de la Salinas Speedway con la idea de que el huracán no llegaría hasta la mañana del miércoles 20 de septiembre por lo que le daría tiempo para cumplir con su horario de trabajo y regresar a su hogar en la comunidad Aguirre.

Nada más lejos de la verdad. Los vientos comenzaron a azotar Salinas poco después de la medianoche. El costero pueblo no tardó en quedar en penumbras. Los aguaceros aumentaron pasada la medianoche.

Justiniano López, quien hace 10 años trabaja en el lugar, intentó regresar a su casa en medio de la oscuridad, la lluvia y las ráfagas de vientos. “Pensé meterme en el hospital (de Salinas) buscando un refugio”, dijo.

El camino estaba bloqueado con árboles y postes de alumbrado eléctrico que le impedían el paso. La calle comenzó a inundarse y el hombre no había viajado mucho cuando no tuvo otra opción que regresar a la Pista.

Bajo la ‘torre de VIP’, de donde salen los autos de carreras, habían colocado dos “tractores” (máquinas de equipo pesado) y en medio de ellas había un espacio en el que estacionó su guagua Nissan. “Los cogí como escudo”, dijo.

Allí comenzó la mayor pesadilla en la vida de este guardia de seguridad. Ante sus ojos tenía la dantesca escena del azote de un huracán con vientos que estiman sobrepasaron las 150 millas.

“Me dio miedo. No niego que me encomendé a Dios”, recordó Justiniano López, quien estimó que el huracán entró a Salinas a las 2:00 de la madrugada. “Era algo que nunca había vivido. Lo que podía era oír porque la oscuridad era inmensa. La guagua se jamaqueaba bien fuerte”, recordó.

¿Pensó que podía morir? “Si lo pensé. Tuve miedo. Tuve temor”, respondió el hombre de 60 años.

“Yo podría decir que tembló la tierra. Lo sentí. Sentí que la tierra se movía y pensé que parte de la estructura se podía caer y ahí fue que me dio más temor. Sentí los golpes de los zincs y de los árboles cuando le daban a los tractores y a las vigas de acero que sostienen la torre”, describió.

Justiniano López mostró que una plancha de zinc raspó su guagua y dejó una marca. El temor era que un proyectil rompiera un cristal a la guagua y le quitara la vida. “A esto le llamo un milagro de Dios. Yo sentí cuando (la plancha de zinc) pasó”, dijo.

El hombre se sentía a la intemperie en medio de un huracán. Lo único que le daba valor era saber que había otras personas vivas que hablaban por una estación de radio. Se refería a la emisora radial WAPA Radio que no perdió la transmisión.

“Me gustaría conocerlos (personal de la emisora). En parte me ayudaron. Yo no tenía con quien hablar. Yo hablaba con Dios audiblemente, pero los oía a ellos a la misma vez. Eso como que me daba seguridad. Estaba oyendo a alguien”, dijo.

Narró que durante todas esas horas hablaba solo. Según dijo, le entregaba su vida a Dios y le pedía perdón porque tenían la certeza de que de allí no saldría vivo. “Me mantuve tranquilo, quieto”, describió.

La Pista de Salinas estaba en tinieblas. El sonido de los vientos era aterrador. “Parecían gritos, como si hablara, como quejidos. Así era que yo oía el zumbido. No era como el sonido de la brisa”, aseguró. El ruido del viento se mezclaba con los sonidos de las planchas de zinc, los postes que caían, letrero y todo lo que el viento ponía a volar.

“Sentí que la tierra tembló”, dijo antes de señalar que temió que colapsara la torre donde buscó refugió. “Si la oscuridad fue horrible el amanecer fue peor”, aseguró.

La luz del día le reveló algo que no podía creer. “Fue cuando ví lo peor”, dijo. La destrucción a su alrededor era inmensa. Un tornado levantó los bancos de metal donde se sienta el público. “Lo torció como si fuera un juguete y lo lanzó al medio de la pista”, señaló. Así pasó el día. La lluvia ni los vientos amainaban.

El hombre logró abandonar la Pista de Salinas a las 5:00 de la tarde del miércoles, 24 horas después de haber llegado al lugar. No recuerda si comió o no en esas 24 horas. Cruzó caminos inundados y condujo por el Expreso 52 en dirección contraria hasta el Albergue Olímpico en busca de un camino que le permitiera llegar al barrio Aguirre.

La entrada a su comunidad lo dejó perplejo. La fila de palmeras ya no estaba. Había destrucción en todas las esquinas. Varios miembros de su familia, que son de esa comunidad, perdieron el techo de sus casas. La casa de él también se afectó por un árbol que cayó sobre ella. Una hermana y una tía perdieron sus viviendas.

Don Chelo, como lo llaman sus amigos, buscará ayuda psicológica para enfrentar el trauma que le roba el sueño en las noches y que le ha provocado sentir temor cuando oscurece y no está en su casa.

“Si volviera a venir un huracán, buscaría un pasaje y saldría del país”, dijo antes de afirmar: “mi vida corrió peligro”.