Cinco mujeres transformadas a golpe de puntadas

Por Mario Santana

redaccion@esnoticiapr.com

 

Antes del huracán, Marta Colón Navarro esperaba la muerte en su casa. Le habían diagnosticado una grave enfermedad, sobre la que prefirió no dar detalles. Ahora vive orgullosa de ser parte del taller de costura de Pueblito del Carmen, en las montañas de Guayama, donde cose para llevar pan a su familia y esperanza al prójimo.

“Yo tengo una condición de salud. Me habían dado dos meses de vida y llevo dos años dijo doña Marta, de 63 años. “Para mí esto (el taller de costura) es volver a nacer. Es otra vida”.

Las historias de sus compañeras son menos dramáticas que la de Marta Colón, pero comparte con la de ella el profundo orgullo de formar parte de un proyecto que comenzó con mosquiteros y que ahora incluye delantales y hasta unos trajecitos para adornar botellas.

Es Noticia había visitado el taller de costura en diciembre, cuando apenas despuntaba el proyecto. Hace una semana, volvió a visitarlas para conocer cómo les ha ido.

En realidad, el alma del proyecto no da ninguna puntada a máquina o a mano; al menos no en el taller. Se trata de Isis Morales Ramos. Ella trabaja con Acción Social de Puerto Rico, una organización sin fines de lucro fundada hace 36 años que ofrece múltiples servicios sociales en todo el país.

Acción Social había identificado una necesidad: mosquiteros para que la gente pudiese defenderse de los mosquitos que, sin luz para prender abanicos y aires acondicionados, campeaban por su respeto.

Siete meses antes del huracán, Isis Morales había organizado unas clases de costura.

Las clases tuvieron lugar en la antigua escuela elemental de Pueblito del Carmen. Acción Social había reabierto la escuela en el año 2016 y hoy es el centro de varias iniciativas de autogestión comunitaria, entre ellas el taller de costura.

Enterada de la grave necesidad de mosquiteros, Morales preparó una propuesta. Reunió en diciembre a las cinco mujeres que habían tomado las clases de costura. Con la propuesta ha podido pagarle cuatro horas diarias de labor. Consiguió donativos privados para máquinas de coser, parte de las telas e hilos, una planta eléctrica y gasolina que les permitiese operar algunas horas al día. Trajeron de Estados Unidos un patrón y las costureras lo adaptaron a camas y cunas de diversos tamaños. Así nació el proyecto.

 

‘Me he sentido bien orgullosa’

“Este proyecto ha sido bien importante en diferentes áreas: poder ayudar a la comunidad y poder ayudarme a mí misma y echar a mi familia hacia adelante”, dijo Alba Torres, de 34 años.

Antes del huracán, Alba no trabajaba fuera de su casa. De hecho, todas eran amas de casa. “Yo dije ‘esto es una oportunidad para salir adelante”, recordó.

Estos meses le han demostrado que no se equivocó al presentir que el taller transformaría su vida. “Para mí, esto ha sido una terapia. “Me siento diferente. Me siento contenta. Tengo familia nueva, como uno dice, porque son personas que uno no contactaba muy a menudo y hemos hecho amistad y salido a lugares que no habíamos ido”.

Carmen De León, otra de las miembros del taller, ya era costurera en su casa. “Pero nunca había trabajado en grupo ni fuera de mi casa y la experiencia es bien satisfactoria”, afirmó Carmen, de 59 años.

“Me ha dado trabajo para yo sustentar a mi familia. Me he sentido bien orgullosa de que otros se han podido beneficiar del trabajo de nosotras. Ha sido bien bonito”, comentó Jennifer Cruz Torres, de 30 años y la más joven del grupo.

“Ha sido bien importante porque hemos impactado a comunidades que estaban bien necesitadas”, indicó María Cruz Vázquez, de 55 años.

María había trabajado en una fábrica de botas militares, hace más de 20 años, y en su casa cosía para sus nietos. “Como uno dice, me he pulido aquí porque he podido hacer cosas que nunca había hecho”, dijo.

Isis Morales creó el taller mientras atendía muchas otras iniciativas. Como la que convirtió la antigua escuela elemental en un centro de acopio para los damnificados del huracán María en Pueblito del Carmen y las comunidades vecinas. Ya no reciben y distribuyen agua y comida, pero sí equipo médico. Morales también está a cargo de centros similares que dan servicios a 14 municipios, desde Guánica a Arroyo y, en el centro, en Adjuntas y Lares.

En abril regresó la luz. Pero los mosquiteros los han seguido pidiendo. “Es que aunque tengamos luz siempre hacen falta”, explicó Alba Torres. “Desde que nos llegó la luz aprovechamos más el tiempo, como dice uno, porque la planta había que prenderla”, contó Carmen De León.

Las costureras calculan que del taller han salido más de 900 mosquiteros. Allí también cosen los delantales que Acción Social entrega a las participantes del programa de amas de llaves. “Lo de los delantales surgió al acabarse el material para los mosquiteros”, recordó Carmen.

También cosen los muy coloridos trajecitos para botellas de líquido de fregar. Al principio, Carmen cortaba las telas de los trajecitos. Ya no. “Es fabuloso. Nunca los había hecho. Me dieron trabajo al principio porque los espacios son muy chiquitos para meterlos en la máquina. Pero a la vez que uno le coge el truquito uno sale de ellos más rápido”, contó Alba.

Ahora los trajecitos le toman 20 minutos.

Tan entusiasmadas están con los trajecitos que decidieron probar suerte en una feria de artesanías. “Fuimos a las ‘Noches de Encanto’ en Guayama y vendimos poco, pero fue porque llovió mucho”, recordó Carmen.

 

Lo próximo es una cooperativa

La propuesta que dio vida al taller termina este mes y se acaban los fondos para los sueldos de las costureras. Isis Morales las ha ido preparando para que el taller de costura continúe como una cooperativa. Todas las costureras han recibido adiestramientos sobre cooperativismo y emprendimiento.

Una de las entidades que se ha sumado al esfuerzo para capacitarlas como empresarias es The Trust for the Americas. Esta es una entidad sin fines de lucro afiliada a la Organización de Estados Americanos y con presencia en toda América Latina u el Caribe, pero que antes del huracán no había hecho proyectos en Puerto Rico.

Morales ha gestionado incluirlas en un registro de proveedores federales. “Si ellas logran eso, van a tener trabajo para el resto de sus vidas”, afirmó.

El cambio ha tenido sus retos para las costureras. Alba dijo que lo más que les preocupa es el dinero que cada una debe aportar. Isis ni Acción Social las abandonarán. Seguirán trabajando, libre de costo, desde la antigua escuela.

 

Entrevista en 2017: