Claman por toldos para regresar a su maltrecha casa

Por Sandra Caquías Cruz

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PEÑUELAS – Un salón de la escuela Adolfo Grana Rivera, en este municipio, tiene catres y no pupitres. En ellos duerme una familia de cinco miembros, tres de ellos menores de edad a los que el huracán María dejó sin techo.

Frankie Román recurrió con desespero al personal del municipio. Llevaba 21 días en el refugio.   Pidió dos pequeños toldos que pudiera poner sobre los cuartos de su maltrecha casa y con ellos avanzar a salir del refugio.

Desespero. Impotencia. Eso era parte de lo que transmitía el rostro del hombre desempleado, quien perdió su trabajo cuando se fracturó una pierna.

María Martínez es su esposa. Tiene seis meses de embarazo y en su barriga el cuarto de sus hijos. La mujer mostró sobre media docena de medicamentos y una máquina de terapia respiratoria antes de explicar que ella y sus tres hijos son asmáticos y que, con el segundo de ellos, tuvo que correr para el médico porque se enfermó en el refugio.

Una actividad que ofreció un comerciante, según explicó, terminó con los niños enfermos de problemas gastrointestinales. Al hijo de María se le complicó con fiebre y asma.

El alcalde de Peñuelas, Walter Torres Maldonado, al igual que personal del municipio se comprometió a visitar la casa de los Román Martínez, en el barrio Jaguas, en Peñuelas.

El ejecutivo municipal explicó que el refugio no está en sus manos. El Departamento de la Vivienda contrató una empresa que lo administra y son ellos los encargados.

El refugio es el hogar temporero de 57 peñolanos, un perro y dos pericos. El patio del plantel se ha ido transformando en la vivienda de los sin techo. La ropa colgaba en varios cordeles que amarraron en el patio.

Varios niños pequeños jugaban en el pasillo del segundo piso de la escuela. Dos féminas se tomaron las manos sobre una Biblia y rezaban. Un hombre, adulto mayor, barbudo, se cubría el rostro con una mano. Con la otra, agarraba el bastón. 

La empleada que atendía el refugio dijo que no estaba autorizada a hablar con la prensa, pero informó la cantidad de personas que dormían en el plantel, el único refugio gubernamental abierto en Peñuelas.

La cifra de refugiados en las escuelas está lejos de la cantidad de familias que no tienen techo para dormir. La mayoría de las personas que perdieron sus casas prefieren vivir en el hogar de familiares o amigos, reiteran los alcaldes entrevistados por Es Noticia.

Martínez reconoció que cuando regrese a su casa no tendrá matress ni camas en que dormir, pero estará en un lugar que le pertenece. Los muebles se los dañó la lluvia.

La mujer evidenciaba con fotos lo ocurrió a su vivienda. Las fotos las tiene en un celular. Así dejó ver sus dedos llenos de marcas. Explicó que las marcas son por la piel que perdió lavando ropa a mano para los cinco miembros de la familia.

“Son las marcas de lavar a mano”, respondió. “Lavo hasta que sangro, espero unos días y vuelvo a lavar”, dijo sobre la nueva rutina del que no tiene energía eléctrica. A ella le tocó lavar a mano la ropa para su esposo y tres niños de 14, 8 y 3 años.