Descolonizarnos

 

Andrés y Marcia -nombres ficticios- son jóvenes de 30 años, puertorriqueños, productos de años de formación académica colonizadora. Sus familias, de fuertes raíces tradicionales, tanto políticas como religiosas, depositaron en éstos la herencia de la colonización.

Desde los grados primarios, experimentaron cursos que parcamente mencionaban la histórica condición colonial del país, al menos no con esa crudeza.  Se les presentó una historia que exaltaba a los españoles y a los norteamericanos como los extranjeros que venían a ayudar al país.

La conquista y colonización de Boriké se publica en los libros como el salto a la utopía para todos/as los/as habitantes de la isla.  Siempre se les enseñó que lo de “allá afuera” era mejor que lo de acá.  Por tanto, nunca cuestionaron tal cosa.

La indiferencia de ambos jóvenes ante la situación sociopolítica de Puerto Rico es producto de la privación de la memoria histórica del país. No sienten que debe interesarle mucho menos participar y/o aportar en ello.  Todo lo contrario, codician igualarse al “de afuera”, bajo el supuesto de la ciudadanía americana y apetecen gozar de todos sus bienes.

Ambos abusan severamente del bilingüismo colonial como parte de su proceso de asimilación a la cultura estadounidense.  Andrés y Marcia entienden que ese talento les da posición ante sus colegas mientras se niegan a sí mismos.  En ellos, la historia de su país fue anestesiada y se va borrando lentamente.

La escuela les configuró la idea de un mundo que no se parece al suyo. Por un lado, conocen personajes como Washington y Lincoln hasta Obama y Trump pero desconocen las aportaciones de Julia de Burgos, Lola Rodríguez de Tió, Ramón Emeterio Betances, Eugenio María de Hostos, Pedro Albizu Campos,  por mencionar algunos.  El pensamiento de los jóvenes  colonizados se ha construido desde el colonizador.

A 65 días del paso del huracán María, han sucedido muchos eventos que muestran la impotencia del país debido a su condición colonial. La solidaridad de países hermanos como Uruguay, Méjico y Cuba, y organizaciones internacionales, fueron detenidas por el Gobierno Federal.

La agobiante recuperación que vivimos responde a que no podemos abrirnos al mundo a aceptar su ayuda.  El mensaje es claro: todo, absolutamente todo, se hace a través de los Estados Unidos y cuando éstos decidan.  Es decir, ellos ordenan y el gobierno colonial acata sus gestiones, así se pierdan cerca de 500 vidas en el transcurso.

Ante tal escenario, muchos/as puertorriqueños/as se han manifestado como Andrés y Marcia. La indiferencia o enajenación sobre las implicaciones de la condición colonial no permitirán al país salir de la fatalidad en que vive.  El desconocimiento histórico y la ceguera y sordera tienen que ser inmensas para ignorar la condición colonial.

¿Cómo se puede aceptar dicha relación? ¿Cuánto amor se desborda hacia lo que diga el Congreso mientras se ahínca el odio hacia sí mismo?  El aguante de Puerto Rico no es digno.  Esa conducta presupone la admiración hacia el colonizador y la aprobación de la subjetividad colonizada.  Por tanto, si queremos transformar al país, primero debemos identificar el colonialismo en nosotros/as para emprender un proceso de emancipación, tanto a nivel individual como colectivo.

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