Don Nibo: vida entregada al cuido de ganado

Por Sandra Caquías Cruz

Fotos y video: Tony Zayas

redaccion@esnoticiapr.com

 

PONCELa tierra suelta se levantaba entre las patas de las reses mientras Aníbal Torres Guilbe los azoraba para que entraran al corral. Era media tarde y el rebaño era cada vez mayor.

Las reses llegaban en grupos a la parte trasera de una humilde vivienda del barrio La Cuarta, en Ponce. Don Nibo, como lo conocen en el vecindario, caminaba hasta el rústico portón del cercado construido con tablas y hierros viejos. Mientras, el ganado entraba al corral. 

El ganado también puede causar dolores de cabeza a los conductores.

Las reses, unas blancas y otras color crema, avanzaban a entrar y reunirse con el rebaño que poco a poco iba llenando el corral con las 206 cabezas de ganado. “No hay yerba. Caminan mucho”, expresó el hombre en referencia a los pastos secos.

“Hay que buscarlas más lejos. Lo que nos salva es un río que tenemos aquí cerquita”, señaló don Nibo, un hombre flaco de piel curtía por el sol. Tiene 75 años y cinco hijas.

El hombre narró que desde muy pequeño se dedica a la crianza de ganado, aun cuando tuvo otros trabajos, entre ellos en la Central Mercedita y como Caminero (personas dedicadas a la limpieza de caminos). Su rutina inicia a las 5:00 am. Toma café y verifica que todo en el corral se encuentre bien.

La primera tarea es sacar las reses para que coman pasto en tierras cercanas que son propiedad de la Autoridad de Tierras. Los días que vende reses cambia es rutina. Primero escoge las reses, y con ayuda de un sobrino, Pedro De La Torres Torres, las dirige hasta el camión que se las lleva.

El resto del ganado lo saca del corral para que se alimente. “Ellas buscan donde hay el poquito de yerba”, comentó. Mientras, continuaba llegando el ganado, uno detrás de otro, y entraba al cercado.

Horas antes, don Nibo dio un recorrido, con su caballo ‘Bayo’, a buscar los grupos de reses que están dispersos por el pasto.

Don Nibo aseguró que no se le ha muerto ganado debido a la sequía.

“Yo voy en el caballo a alcanzarlas. A recoger todo el ganado. Si se me queda una o dos, ellas llegan… pero tengo que ir a alcanzarlas”, describió el hombre con sexto grado de escuela elemental. Poco a poco regresa sus animales y las dirige al corral.

La tarea se repite con los diversos grupos de reses. El sobrino también le ayuda a traerlas de regreso o abrirle el portón del corral cada vez que un hato se acerca. El rebaño de las reses comienza a aumentar en la medida en que llega el atardecer. El bramido también aumenta.

Las cinco tinas de agua fresca que hay en el corral están listas para que las reses pasen la noche. El calor en el sur era asfixiante. La sequía de la región sur comienza a sentirse en el ganado. Don Nibo aseguró que no se le han muerto reses, pero que conoce un ganadero que perdió cabezas de ganado debido a la sequía.

Resaltó que sus reses acuden a una quebrada cercana que todo el año tiene agua. Además, explicó que la mayoría de las muertes ocurren en reses que están todo el día en el corral y como hay sequía dependen de que les suplan el alimento.

“Nosotros pastoreamos”, dijo sobre la diferencia de tenerlas en un corral todo el tiempo y sacarlas para que vayan en busca de alimento.

¿Le roban el ganado? “Si le digo que no me las roban, le estaría mintiendo”, respondió don Nibo, quien vende reses para carne o para la procreación.

¿Come de esas vacas? “Yo no sé, si de las que vendo para el matadero, si esa vaca es la misma que me estoy comiendo”, respondió don Nibo, quien se autodenomina como “el señor de las vacas”.