Duerme en una hamaca a la espera de ayuda

Por Imalay Cruz Figueroa
redaccion@esnoticiapr.com

 

GUÁNICA – A casi dos meses del paso del huracán María por el pueblo de Guánica, Pedro Torres Alers duerme en una hamaca que logró amarrar de lo único que María le dejó en pie: una pared el balcón.

Torres Alers, de 67 años de edad, vive en el barrio la Joya, en Ensenada, desde pequeño. Los vientos del huracán María le dejaron su casa al descubierto. La tablas de madera y las pocos pertenencias quedaron esparcidas en el patio. La maleza arropa el lugar y le impide caminar por lo que fue su patio.

La hamaca la tiene amarrada a la única pared de cemento que tenía la estructura. El olor a madera descompuesta impregna el balcón en el que acomoda las botellas de agua y los víveres que le regalan. Los animales merodean los alrededores y los mosquitos interrumpe la tranquilidad.

Don Pedro no pierde la sonrisa mientras espera la ayuda prometida por la Agencia Federal para el Manejo de Emergencia (FEMA, por sus siglas en inglés).

Empleados de FEMA lo visitaron hace unas semanas. Torres Alers conversó con ellos. Los funcionarios le aseguraron que volverían con la ayuda. A principios de esta semana no se había concreta la promesa de visitarlo. “FEMA vino, llenó unos documentos y retrataron la casa, pero no han vuelto”, manifestó en el humilde balcón.

El hombre reconoce que el reclamo  a FEMA tardará varios meses. Él vive esperanzado de que algún día regresen. “Yo espero que el año que viene FEMA me ayude para hacer mi casa nueva… Mire, Mire eso, la sala, comedor y cuarto están desbaratado con la fuerza peligrosa del huracán destrozó todo por dentro. Me tumbó todo las paredes y techo”, describió frente a su hogar.

“Lo único que María me dejó fue el balcón, lavamanos e inodoro que ahí es donde hago mis necesidades. Y me baño, en esta esquinita (lo que queda de la puerta del balcón) con la manguera que el vecino me presta”, explicó.

Ante la situación que enfrenta, ha tenido que reinventarse para poder hacer sus necesidades básicas y abastecer su hambre. Los solidarios vecinos le proveen desayuno, almuerzo y cena.

Don Pedro no cuenta con los recursos económicos para poder levantar su casa y muchos menos tiene familiares cercanos.

El hombre pasó las primeras lluvias del huracán en su humilde hogar, pero la casa comenzó a ceder y aterrado tuvo que ser socorrido por las autoridades que lo trasladaron a un refugio.