El consumidor ante la crisis económica

Por Eva Judith López Sullivan, Ph.D

 

La crisis económica que estamos experimentando influye sobre las conductas, actitudes, emociones y expectativas de los consumidores.

Ante las crisis, las personas reaccionan inicialmente no queriendo asumir la realidad, para después convertir sus posibles consecuencias en el foco de su atención, generalmente acompañado de la sensación de pérdida de control, tensión y miedo.

Un cambio en la situación económica puede provocar un proceso de ajuste o adaptación de parte del consumidor. Una de las estrategias de adaptación puede ser cambiar los hábitos de consumo o los patrones de gastos.

De acuerdo al economista Joaquín Villamil, la deuda del consumidor puertorriqueño con relación a su ingreso personal es de un 40%. Esto es el doble que en Estados Unidos, que es de un 18%. Esto significa entre otras cosas,  que somos consumidores empedernidos. Además, en una crisis no puede mantenerse esa deuda tan alta.

Por otra parte, como se mencionó, las condiciones económicas suscitan en las personas diferentes percepciones y procesos psicológicos. Es un tema muy estudiado. Los consumidores pueden sufrir de  algún problema emocional relacionado con su situación financiera personal, siendo los más frecuentes la  ansiedad, trastornos del sueño o estrés, hipertensión, depresión, entre otros. Es decir, se afecta su salud tanto emocional como física.

Si el consumidor sabe o internaliza que la crisis económica es una realidad y que su salud mental y física no pueden dañarse permanentemente, tiene que hacer los ajustes para adaptarse a la  realidad social y personal.

Personalmente creo que esta situación que vivimos en la Isla puede provocar una transformación en el consumidor que lo va a llevar a ser más parco, sobrio… Frugal en sus estilo de vida. ¡No le va a quedar de otra!

Kantar Worldpanel, empresa internacional de investigación, plantea que el nuevo consumidor será asceta: recluso y frugal.

Esto se refiere a que se recluirá en casa. Pasará más tiempo en su hogar, lo que le va a ayudar a ahorrar más. Cocinará más, recibirá más visitas de amigos y familiares, trasladará rutinas de cuidado personal al hogar… Además, no gastará  más de lo necesario, será menos derrochador, menos impulsivo y más exigente que nunca con la relación calidad-precio. Vivirá dentro de sus posibilidades.

Por otro lado, los negocios tendrán que revisar su ecuación de valor para tratar de ofrecerle al consumidor siempre la oferta o el servicio más competitivo posible en términos de calidad, innovación, conveniencia, experiencia de compra, y lógicamente, precio.

Realmente es lo que vislumbro…bueno y lo que deseo. Hasta la próxima.

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