Legislaciones Violentas – Parte I

 

Recién se celebró un foro en Ponce donde, en conjunto con dos excelentes deponentes, abordamos el tema de las legislaciones violentas. Les comparto la primera parte de mi exposición.

El orden social puertorriqueño- y en Occidente- es uno fundamentalmente patriarcal, heterosexista y heterosexual.  Por lo que voy a utilizar el término “necropolítica” para referirme a la exposición a la muerte a un sector excluido de la sociedad, con muy poca o ninguna posibilidad de reinsertarse con el resto de la sociedad y gozar de sus derechos humanos y económicos como lo hace su contraparte: “los/as incluidos/as”.

Estableciendo que la salud y la sexualidad humana son constructos muy complejos, no debemos asumir la diferencia como mecanismo de estigmatización y exclusión de los servicios básicos y necesarios para nuestra supervivencia.  Mucho menos pensar que los “adelantos” que haya logrado la comunidad LGBTTIQ signifique superación al rechazo y marginación.

Por tanto, debe quedar claro que la imposición del paradigma heteronormativo como la única expresión de la sexualidad amplía la desigualdad en poblaciones socialmente vulnerabilizadas.

La Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico es la salvaguarda de los valores y derechos relativos a la dignidad, integridad e intimidad indispensables para la convivencia en una sociedad democrática.

Además, el Código Penal de Puerto Rico responsabiliza a la Asamblea Legislativa de defender la vida, propiedad y seguridad de todos los miembros de nuestra sociedad.  Por lo que les corresponde tomar las medidas necesarias para prevenir, controlar y reducir la incidencia de la actividad criminal.

Sin embargo, los casos de violencia y homicidios contra personas LGBTTQI nos arrojan luz del grado de intolerancia que tiene la sociedad puertorriqueña.  Este fuerte rechazo se fundamenta en el pensamiento del siglo 19 y 20 donde la homosexualidad era categorizada por psicólogos y psiquiatras como una patología mental.  Se elaboraron diversas terapias y tratamientos para “curar” la homosexualidad, tales como, electro shocks y otros enfoques aversivos.

En revistas de medicina se incluía la homosexualidad junto a otras condiciones no relacionadas como el alcoholismo, las adicciones a drogas, la delincuencia, conductas antisociales, etcétera.  No fue hasta el 1973, que la American Psiquiatric Association decidió no incluir la homosexualidad como patología en el DSM-3 TR por no poder evidenciar científicamente que las homosexualidades fueran trastornos mentales.  A pesar de esta postura, gran parte de la sociedad mantiene el pensamiento del siglo 19-20 sobre las homosexualidades.

Por otro lado, a pesar de los adelantos conceptuales y políticos, las personas trans han reportado mayor nivel de violencia física y psicológica debido a la fuerte carga de rechazo e incomprensión que le inyecta la sociedad.  Muchos estudios psicológicos donde participaron personas LGBT informaron haber experimentado mayores estados de depresión, ansiedad, uso, abuso y dependencia de sustancias y alcohol, ideación e intento suicida que las poblaciones heterosexuales.

Para el 1990, el Congreso establece el Hate Crime Statistics Act para incluir toda información de aquel crimen realizado o motivado por el discrimen en su definición más amplia.  Interesantemente, en nuestro país-colonial, el Código Penal de 2012 (Art. 66, inciso “q”) especifica los condicionantes para determinar si el crimen cometido fue por discrimen hacia la víctima en todas sus variantes. Sin embargo, la definición de género (Art. 14, inciso “y”) solo se circunscribe a los dos sexos “hombre y mujer” en el contexto de nuestra sociedad.

Un estudio publicado en el 2011 en E.U., incluyendo a P.R., con una muestra de 6,436 personas arrojó lo siguiente:

  1. 78% de los/as participantes han sufrido acoso
  2. 35% sufrieron agresión verbal y física
  3. 12% sufrieron agresión sexual, la prevalencia de la agresión sexual hasta un 66%
  4. 6% sufrieron agresión sexual en el empleo
  5. 9% indicaron haber sido agredidos por oficiales de la Policía
  6. 10% indicaron haber sido agredidos por proveedores de salud

Por otro lado, el reportaje “A Nadie le Importo” indica que cada 19 horas un/a miembro/a de la comunidad LGBT es asesinado/a o se suicida debido a la homofobia o transfobia.  Identificar crímenes de odio en países latinoamericanos, incluyendo Puerto Rico, es muy difícil puesto que, en muchas ocasiones, se oculta la orientación sexual de los/as fallecidos/as.

No obstante, el nivel de crueldad que emplea el/la asesino/a hacia la víctima puede ser indicador de odio: mutilar, quemar, violar, apedrear, empalar, descuartizar o acuchillar múltiples veces a la víctima.

La poca formación de la Policía en estos temas los/as lleva a cometer actos abusivos contra la población LBGT.  En consecuencia, se implementó la Orden General 624 con el fin de establecer guías a seguir durante la interacción con personas trans.

Todavía hoy, el reclamo de activistas indica que a la comunidad LGBT se les mata impunemente y el gobierno se hace de la vista larga.

La semana entrante les compartiré la parte final de la exposición.  Aquí comparto el visual del foro: Legislaciones Violentas