Los hijos y las hijas del mundo

 

El ser humano ha sido nómada a lo largo y ancho de la historia.  Sus razones fueron tan particulares como complejas como para simplificarlas.  Todavía, en la actualidad, hay ciertos colectivos que se trasladan de un lugar a otro cuando los recursos a su alrededor ya no les son suficientes.  Los recursos pueden ser alimentos, vivienda, el clima, entre otros.

Estos colectivos se asemejan a los seres humanos que vivieron en la Prehistoria que, al no desarrollar los mecanismos que les permitan proveerse de sus propios alimentos, se veían obligados a desplazarse a otros lugares para poder sobrevivir.  Cuando el hombre de aquel entonces desarrolló la agricultura, todo cambió.  El significado de su vida y su entorno se transformó en función a su capacidad de trabajar y producir su propio alimento y domesticar a los animales.  Esta nueva manera de vivir sedentaria le permitió mejorar sus herramientas para cazar, desarrollar la cerámica, y el fuego.  La calidad de vida de estos primeros seres humanos comenzaba a mejorar.

El desarrollo de la historia de la humanidad contrae en sí misma el movimiento del hombre y la mujer por el planeta, sin embargo, en muchas ocasiones la ambición por conquistar territorios produjo las primeras olas migratorias.  Cabe aclarar que el conflicto no ha sido la única razón para el movimiento de la gente por distintas regiones, pero en esta ocasión me centraré en ese punto.

Las olas migratorias que se están gestando en tiempos recientes son fruto de las crisis económicas y medioambientales que asfixian al planeta».

Las graves implicaciones, tanto por la sequía como por las inundaciones, producen en los/as desplazados/as una serie de heridas sociales difícil de estimar.  El ser humano, profundamente territorial, es lanzado fuera de su país por la avaricia de unos pocos poderosos que persiguen dominar todos los recursos naturales.  Para que el sistema capitalista mundial se sostenga, necesita acaparar más territorios y sus recursos.  Y, en el seno de esa dinámica, se encuentra un ser humano -de cualquier edad- sometido a la explotación laboral; recibiendo muy poco o nada a cambio.

Desde el Medio Oriente y el Mediterráneo hasta Latinoamérica subiendo por Centro América hasta la frontera con Estados Unidos, miles de seres humanos se desplazan buscando mejores condiciones de vida.  Llegan por mar o por tierra.

Los/as refugiados/as que se juegan la vida provienen de lugares muy pobres donde la guerra a provocado un caos indescriptible».

Cruzar tierras y mares es tan peligroso como la situación que viven en sus países.  Estas familias se exponen o ya están expuestas al secuestro, a la esclavitud y TRATA.  El peligro que viven estas familias no comienza en la separación en la frontera sino en su propia tierra, en sus calles, en sus comunidades.

Desgraciadamente, su situación no mejora al llegar a Europa o la pseudo “tierra de la libertad”.  Las conductas violentas por parte de las autoridades de las fronteras son alarmantes.  Las organizaciones humanitarias son las que se lanzan al rescate de estas familias, mientras el Estado busca salir rápidamente de ellas.  El asilo se ha vuelto una carga tediosa para muchos gobiernos y ciudadanos/as.   Cuando no hay espacio (o ganas) para ayudarlos, estos quedan en las calles, a su suerte.  En países como Francia, Hungría e Italia, los/as refugiados/as malviven en poblados o campamentos de indigente tamaño.

Una de las razones principales de la ola migratoria son las políticas de austeridad que la mayoría de los países implementan para “atender” la crisis económica mundial.  Las leyes del sistema capitalista presiona a los/as dirigentes de las naciones para acumular mayores ganancias mientras la clase trabajadora y pobre deben pagar los costes.  Algunos huyen por tierra y por mar.  Nosotros/as, hasta ahora, podemos hacerlo por aire.

Hemos caminado mucho desde la era prehistórica.  Nos movíamos porque necesitábamos movernos. Porque sí. Porque el mundo se nos prestó para compartirlo entre todos y todas. Pero compartir se nos hace muy difícil y marcamos fronteras, visibles y no visibles. El nacionalismo nos limita vernos como hijos/as del mundo.

Me pueden escribir a: puntocpr@gmail.com Le invito a que me siga en @puntocpr en Facebook y Twitter. El autor Ángel R. Comas Nazario estudió Psicología Industrial/Organizacional (PhD), Asuntos Públicos (MPA) y Humanidades (BA).