Malabares durante cinco meses sin luz

Por Jackeline Del Toro Cordero

jackelinedeltoro@esnoticiapr.com

 

YAUCO – La fatiga, la ansiedad y hasta la depresión han afectado a doña Virginia Camacho Torres, cuyo vecindario lleva más de cinco meses sin servicio eléctrico tras el paso del huracán María, y no existen muchas esperanzas de que sea restablecido pronto.

Durante una visita a su hogar, ubicado en el sector El Hoyo, del barrio Caimito, en Yauco, la mujer de 62 años confesó con los ojos humedecidos que durante la semana, cuando lleva al nieto a la escuela, pasa “el mayor tiempo posible en la calle porque estar aquí es difícil”, por lo que el plantel se ha convertido en su lugar de distracción.

La familia de seis miembros, compuesta por Camacho, su esposo, Víctor Rosario; su hija, Naida Santiago Camacho y los dos hijos de ésta, Anfernee Pérez, de 20 años, quien estudia para ser paramédico, y Daniel, de 12, ha visto su vida trastocada.

Y es que su día comienza temprano, cuando enciende la estufa de dos hornillas, de gas propano, para hervir agua para el café y preparar el desayuno. En las tardes, la elaboración de la cena se hace más compleja que de costumbre, por la misma razón. A esto se suma que tienen que ir al supermercado cada par de días, para tener carnes frescas.

Virginia Camacho, residente en Yauco

Sus días se acortan, ya que, aunque tienen generador eléctrico desde diciembre, el costo diario de mantenerla encendida los obliga a limitar su uso. “Son 20 dólares diarios en gasolina. Mi esposo tiene que traer gasolina cuando viene del trabajo”, explicó Camacho, quien es líder comunitaria en el sector.

Mayormente prenden la planta por la tarde y la apagan a las 9:00 de la noche. Es cuando aprovecha para lavar la ropa de la familia, ya que durante el fin de semana lava la de su hermana y sobrinas, que son sus vecinas, y su suegra, de 84 años. A ambas residencias también les suplen extensiones eléctricas para conectar los enseres más necesarios.

“Casi siempre se usa unas 10 horas; (se enciende) un rato por la mañana, y en la tarde. Y los fines de semana”, añadió el esposo. La hija señaló al benjamín de la casa como “el operador” de la planta de generación de electricidad.

A las nueve, Daniel ‘manda’ a todos a dormir. “No importa lo que esté viendo en la televisión, el “operador” dice ‘hay que apagarla’. Todos hemos tenido que hacer ajustes (en los horarios)”, dijo la abuela en tono de broma, pero con un dejo de tristeza.

Aunque el tiempo pasa, aceptó que no se acostumbran. Tras dejar escapar un suspiro, Camacho, quien está incapacitada por su padecimiento de fibromialgia, describió que “lo más difícil es tener que lavar a mano”, lo que tuvo que hacer cuando no tenían generador. Sus nietos le ayudaban a “batir la ropa y exprimirla”. Por lo pronto, no esperan que se restablezca el servicio eléctrico, hasta mayo o junio.

En lo económico, también representa una fuga inesperada en el presupuesto familiar. “El dinero no nos da, es bien difícil”. Y aunque sus tres hijos varones residen en Orlando, Florida, quisieron llevárselos, pero no aceptaron. “Sería como abandonar a la comunidad, dejarlos solos”, dijo la líder de Todos unidos por Yauco.

“Hemos sufrido todos por igual”, comentó su esposo, quien trabaja en Juncos, a donde no pudo llegar hasta una semana después del huracán, dado que los caminos estaban intransitables.

Además, el servicio de agua potable se ve afectado con frecuencia por la misma falta de electricidad. “Tenemos una semana sí y dos, no. Aunque tienen cisterna, no está conectada a la tubería de la residencia, lo que les obliga a cargar baldes de agua al interior del hogar.

Al menos, han encontrado un poco de alivio en la compra y agua embotellada que les suple el municipio y que proviene de FEMA, indicó.