Marejada remueve viviendas y calles de la costa sureña

Por Sandra Caquías Cruz

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SANTA ISABEL – La erosión costera no es un problema particular del área norte ni de la costa oeste del país. Los pueblos costeros del sur, en una línea imaginaria desde Ponce hacia el este, poco a poco pierden viviendas.

“El mar está reclamando ese terreno”, dijo el alcalde de Santa Isabel, Enrique Questell, cuando recién se le preguntó si tenían un censo de la cantidad de viviendas que habían perdido debido a esa situación, que también es notable en el vecino pueblo de Juana Díaz.

El inventario de viviendas que han desaparecido no está especificado. Los vecinos de comunidades como Islote, Canta Sapo, Arús, Manzanilla y Pastillo, estas tres últimas en Juana Díaz, recuerdan las casas y familias que vivían donde ahora está el mar.

La desaparición de casas y negocios ha ocurrido paulatinamente. Los residentes se han marchado del lugar, muchos de ellos porque los han reubicados en comunidades más seguras, como el sector Vista Hermosa, en Juana Díaz.

Lo que los residentes describen no es la erosión por pérdida de playa y arena, son las inundaciones y marejadas que en momentos de huracán o fenómenos atmosféricos golpean y debilitan las viviendas o comercios, explicó Ernesto Díaz, director del Programa de Zona Costera del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA).

“Más que erosión y pérdida de playa, como no hay tantas playas en el sur, lo que tenemos es penetración del agua (de mar) e inundaciones costeras considerables”, explicó.

Las áreas que han sido alteradas, donde posiblemente se haya hecho algún tipo de construcción sin mucha planificación y sin seguir normas estructurales o recomendaciones de expertos, según indicó Díaz, son las que enfrentan los fenómenos de erosión de estructuras por inundación costera.

Uno de esos ejemplos ocurrió en la comunidad Islote, en Santa Isabel, donde varias maltrechas viviendas a orillas de la mar y una carretera, no resistieron el golpe del mar y se derrumbaron o desaparecieron. De la carretera solo quedan pedazos de asfalto y concreto a orillas del agua.  

Tanto el municipio de Santa Isabel como el de Juana Díaz, cada vez que anuncian la proximidad de un evento atmosférico, tiene que movilizar empleados para alertar a esas comunidades costeras de que deben buscar refugio.

Esa situación se repite con cada anuncio de un evento atmosférico. También se repite el que las familias temen salir de sus hogares hasta el momento final cuando la lluvia comienza a caer y las olas toman fuerzas.