Paradigma radical

Desde mediados del año pasado, expertos en economía y política venían profesando la precariedad que nos iba a empujar el 2018.  A penas 18 días luego de la transición hacia el nuevo año, el país enfrenta tantas crisis que no da el espacio para abordarlas como merecen.

La fatídica relación entre la isla y la metrópoli agudiza las opciones y las oportunidades que tenemos para comenzar a recuperarnos del cantazo quasi mortal que dejó el huracán María aquel 20 de septiembre del 2017.

Las tensiones que se gestan en el Congreso de los Estados Unidos abonan a la inseguridad e incertidumbre que vivimos desde que comenzó la debacle fiscal hace ya más de una década.

Un ejemplo tangible es la reforma contributiva federal que, según expertos, es el golpe mortal a lo que resta de nuestra economía.  Esta reforma permite que se ensanchen los bolsillos de los millonarios que, ideológicamente, entienden que su dinero no debe servir de dependencia para aquellos que no gozan de la “suerte de fortuna”.  Por tanto, a la clase trabajadora y pobre le toca cargar con el hueco contributivo que dejan de aportar los ricos.

Las noticias que nos agobian diariamente y los programas de farándula que en nada aportan al pensamiento crítico son elementos que necesitan ser mirados con mucha suspicacia. Hay otras maneras de entretenernos y divertirnos.

Sin embargo, esos programas agudizan la condición de enajenación individual que se traduce en hipnosis colectiva.  El contexto actual requiere de todos y de todas, mayor comprensión del por qué suceden las cosas en este país.

Existen, al menos, dos posturas generales en cuanto a enfrentar nuestra situación.  En un extremo están los que siguen como si nada, creyendo que el gobierno colonial está haciendo algo por mejorar nuestra calidad de vida y, por otro lado, están los que postulan que los confines de la relación colonial impiden todo tipo de desarrollo social y económico para todos y todas que vivimos aquí.  Por tanto, hay que librarse de las cadenas del coloniaje.

Expertos también indican que hay iniciativas económicas que han dado frutos exitosos aún en la colonia. Las cooperativas y organizaciones dirigidas por los trabajadores e impuestos progresivos son alternativas para impulsar una economía sustentable.

Sin embargo, para que este modelo social y económico pueda desarrollarse necesitamos cambiar la manera de relacionarnos.

Vivimos bajo un sistema que fomenta el individualismo. Por tanto, comenzar el cambio de paradigma conlleva un proceso arduo de educación, disposición a trabajar en colectivo y emanciparnos de lo que nos quiere mantener sometidos.

La ideología que permea en el país es la de abandonar la participación política en cuanto a reivindicación de derechos o transformar nuestras comunidades.  El momento actual urge para comenzar a entretejer los cuerpos y las mentes separados por el neoliberalismo.

En las próximas semanas, el gobierno entregará el plan fiscal a la Junta de Control Fiscal nuevamente.  En esta ocasión el término de implantación que se le requiere es de 5 años.  El apretón promete ser asfixiante.

Las medidas de austeridad socavarán más nuestras posibilidades de vivir en un país justo y con oportunidades para todos y todas. Por el contrario, seguimos bajo la línea de achicar el gobierno, de menos inversión en programas sociales para dejarle todo en bandeja de plata al sector privado.

Andamos desprotegidos. Todavía el gobierno colonial no decide tomar las riendas del país y reestructurar todo aquello que necesita la gente. Su visión va en sentido contrario. Por tanto, es tiempo de estudiar bien lo que queremos como pueblo.

Las alternativas son mínimas. La condición colonial debe resolverse con urgencia y prontitud. Ante el descrédito que nos golpea el mal manejo gubernamental local y federal, es tiempo de pararnos por nuestros propios pies.