Puerto Pobre

Señal de los Tiempos – Parte 3

 

Puerto Rico es la jurisdicción de los Estados Unidos con mayor desigualdad socioeconómica.  Así lo evidenció el Coeficiente GINI en el 2016 al posicionar a la isla en el puesto número uno ante los estados con un valor de 0.559.

El Coeficiente GINI mide la desigualdad en cuanto a la distribución del ingreso, donde un valor de 0 es una distribución perfecta del ingreso y un valor de 1 es una distribución totalmente desigual.  Aunque la desigualdad y la pobreza no son lo mismo, podemos acordar que la estructura económica capitalista y la condición colonial del país inhabilitan resolver ambos conceptos.

En 1975, el gobierno de los Estados Unidos extendió hacia Puerto Rico programas de ayuda social para la pobreza.  Recordemos que el Congreso siempre diseña su política social de acuerdo a sus necesidades.  Por tanto, las transferencias que recibe el gobierno local apenas pueden aliviar las fuertes tensiones y necesidades producidas por la desigualdad, el desempleo y la pobreza; mucho menos transformar los cimientos de la estructura colonial.  Dicha relación agudiza la codependencia psicosocial y económica que ambos países mantienen.

Para el año 2015, en Puerto Rico, el 46% de las personas vivían bajo el nivel de pobreza.  Según los estándares del Negociado del Censo de Estados Unidos, tener un ingreso anual de $23,497 o menor por familia es considerado como pobreza.

El Centro para una Nueva Economía en el 2010, indicó que el 20% de los hogares más ricos en la isla obtuvieron el alarmante 55.3% de los ingresos generados en el país.  Mientras, el 20% más pobre del país apenas obtuvo un 1.7% de los ingresos generados.  Este contraste tiene una particularidad, el 60% de los hogares pobres son liderados por mujeres afrontando los retos de la pobreza.

“Afortunadamente” se creó la Ley 16 del 2017 que persigue cerrar la brecha salarial entre los géneros.  Sin embargo, su vigencia será a partir del año que viene. Para ese entonces tendríamos una muy posible reducción de la jornada.

Me pregunto: ¿realmente se atiende –bajo esta Ley- las raíces de la desigualdad y pobreza en el país?, ¿la Ley incluye personas que se auto identifiquen más allá del concepto binario hombre/mujer?, ¿ha generado la Reforma Laboral empleos dignos, bien remunerados y sustentables que nos alejen de la dependencia y la pobreza?

De acuerdo a la socióloga Luisa Colón, hay más personas viviendo bajo el umbral de la pobreza que los que reciben asistencia gubernamental.  Por lo que es un terrible error juzgar a las personas que reciben estas ayudas o responsabilizarles de la crisis económica que atraviesa el país.

Otros grupos amenazados por la pobreza son los/as retirados/as y desempleados/as que, según investigaciones indican, apenas cuentan con ahorros disponibles o quedarían en la miseria si los sistemas colapsaran o no lograran reinsertarse en el mercado laboral.  De hecho, ya hay un segmento significativo de la población de envejecientes que viven en condiciones paupérrimas.  Todos los días, estos grupos se enfrentan a las altas tasas de inflación que han ido socavando su poder adquisitivo.  Es decir, los productos suben de precio pero los salarios apenas les alcanza.

En fin, las medidas de austeridad, lideradas por la Junta de Control Fiscal y aplaudidas por el gobierno colonial de turno no prometen un cambio de dirección frente a las condiciones de pobreza en nuestras vidas.  El país fue advertido por economistas responsables del camino hacia la miseria si no se impulsa la economía local.  Muchos/as continúan perdiendo sus empleos, sus pocos ahorros y sus bienes.  En consecuencia, se registra un alza en familias sin hogar a causa de las condiciones económicas deplorables.  ¿Qué haremos?

La presente columna es una de tres propuestas sobre la alimentación sustentable, la pobreza y el cambio climático como temas trascendentales y muy pertinentes para nuestros tiempos.

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