¿Quién mejora? “Se va en 55 mil”

 

Por Sandra Caquías Cruz

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COAMO – La inconfundible voz de Norma H. Dávila, mallete en mano, repetía una cifra tras otra: $43,000 a la una. A la una 46, repetía mientras la cifra seguía aumentando. “50”, gritó un hombre del público.

“Ahora hay $55,000”, dijo Dávila mientras golpeaba un mallete sobre madera y otras voces se escuchaban de entre las mesas superando la cifra. Dos hombres colaboraban en avisarle cuando alguno de los clientes aumentaba la apuesta.

“Se va en $55 mil”, afirmó antes de que cesaran las ofertas del público. “Vendido en $55 mil”, dijo y volvió a golpear con fuerzas el mallete. Mientras, un hombre lucía de un lado a otro un enorme caballo color marrón con la crin azabache.

Era la ‘Gran Subasta’ de caballos de carrera que una vez al año realizan en el Potrero Los Llanos, en Coamo, y que reúne cientos de personas interesadas en comprar equinos. Los precios de las apuestas comenzaban en varios miles de dólares, pero un caballo de carrera puede llegar a costar cientos de miles de dólares.

El calor era intenso en el potrero Los Llanos, en Coamo. El público se mantuvo bajo una enorme carpa blanca en cuyo techo colocaron abanicos. La comida y bebida y abundaron durante el evento. Y mientras unos clientes llegaban otros se iban. Así transcurrió la subasta que comenzó a media mañana de un miércoles.

La subasta de caballos es una actividad que realizan una vez al año y requiere mucha organización, explicó Eduardo Maldonado, propietario del potrero Los Llanos. Requiere que los dueños del potrero avisen a todos los posibles clientes, amantes de los caballos de carrera.

Un folleto con las especificaciones de los caballos era entregado a todos los clientes que llegaban al Potrero. En el folleto están las especificaciones para la subasta y las alternativas de pago. Para participar en la subasta hay que registrase como comprador o puede autorizar un agente a realizar la transacción.

La subasta se rige bajo el Código Civil de Puerto Rico, la Ley Hípica y el Reglamento Hípico. Todos los caballos que allí se subastan aparecen inscritos en los registros del Jockey Club y la Administración de la Industria y el deporte Hípico.

“Llevamos 48 años vendiendo caballos de carrera y hoy vendemos la cosecha que nació el año pasado, en el 2018, post María”, destacó Maldonado.

“Se ponen al menor postor, es una subasta, y los dueños de caballos, especialmente los del Hipódromo Camarero, vienen primero a verlos y luego a apostar por ellos y comprarlos”, explicó.

El día de la subasta los compradores llegan, algunos ya han visitado el lugar, para conocer el equino, los que son vendido toman en consideración su conformación, la línea de sangre, el pedigrí, entre varias consideraciones.

Entre subasta y subasta la gente se divertía y pasaban un día en camaradería. Otros se dirigían al establo y hacían preguntas de los caballos, observaban, ofrecían y compraban.

El día termina con decenas de caballos en otras manos, con otros dueños, rumbo a otro establo. Mientras, los caballos para la subasta del próximo año apenas tienen semanas de nacidos.