Santas Pascuas: devastada y sin ayuda

Por Sandra Caquías Cruz

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PONCE – En Santas Pascuas, un apartado sector rural del barrio Guaraguao, en esta Ciudad, se respira destrucción, pobreza y la esperanza de que les llegue alguna ayuda.

De la antigua escuela de esa comunidad, que desde el paso del huracán Hugo (1989) era la residencia de Ángel L. Mercado, su esposa Wanda I. Rivera y los dos hijos del matrimonio, queda el suelo y una que otra pared.

La estructura de madera y zinc, al igual que decenas de viviendas de la comunidad Santas Pascuas, quedó destruida por el embate del huracán María, el pasado 20 de septiembre.

“Era una escuelita vieja”, describió Rivera, quien en la distancia divisaba el lugar donde ayer el viento movía las sabanas y decenas de piezas de ropa que tenía tendida tras lavar en el manantial del que ahora se suple esa comunidad.

“Treinta años viviendo allí”, comentó Mercado. Lo que una vez fueron salones prácticamente desaparecieron. Al antiguo comedor escolar quedan varias paredes sin techo, un juego de cuarto y uno de sala.

“Churumba (exalcalde de Ponce, Rafael Cordero Santiago) me dijo que si esa escuela estaba abandonada me quedara ahí. Después vino (el exsecretario de Educación, Rafael) Aragunde y nos dio el permiso para que pusiéramos agua”, explicó Rivera sobre como consiguieron que la escuela se convirtiera en su hogar.

“Estoy tratando de levantar los setos un poco, pa’ irme pa’ allá”, dijo Mercado, quien junto a su esposa e hija se albergó en la vivienda de un familiar que se encuentra en los Estados Unidos.

Mercado trabaja por su cuenta. “Chiripiando”, describió cuando se le preguntó por su empleo. “Hago todo lo que aparezca por ahí”, comentó el hombre. La esposa es ama de casa.

¿Tienen comida y agua? “Tenemos comida. Agua no tenemos, pero cogemos agua de la quebrada”, respondió Naybeth Mercado, la hija de la pareja.

¿Cuántas familias se afectaron en esta comunidad? “Se afectaron un montón. Mira como está todo esto. Mi primo lo perdió todo. Lo que queda es el cantito de cemento del baño”, describió la joven.

¿Qué van hacer ahora? “Esperar por las ayudas ¿qué se puede hacer? La economía está mala”, dijo Naybeth.

¿Vino personal del municipio? “Mayita se ha olvidado que este barrio existe”, respondió.

Al dolor por la destrucción de la vivienda, la familia Mercado Rivera suma la pérdida de uno de sus dos hijos. Murió de cáncer hace dos meses. Dejó huérfanos a una niña de 2 años y un bebé de dos meses. El joven murió tres días después del nacimiento de su segundo hijo.

Ángel L. Mercado y su esposa Wanda I. Rivera perdieron la casa en la comunidad Santas Pascuas, en Ponce.

Darilis Caraballo, de 26 años y madre de los dos niños, también perdió el techo de su hogar y todo su mobiliario, pero en el sector La Cuesta del Pecho, en el barrio Marueño.

Indicó que unas noches se queda con un familiar en Marueño y otras en Santas Pascuas. “Perdí la casa”, lamentó.

Otras de las residencias que perdió su techo fue la de Diomedes Santiago, su esposa y una hija de 14 años. “Según cayó la casa se regó todo por ese monte. La estufa está allá abajo. La nevera cayó allá. Está todo regado”, describió frente a los escombros que quedan de su vivienda.

“Pasé el huracán por allá. Cuando vine traté de salvar lo más que pude, pero no tuve break”, describió el hombre frente a los escombros que quedaron de su vivienda.

El huracán María destruyó la residencia de Diomedes Santiago, su esposa y una hija de 14 años.

Explicó que luego de la destrucción por el huracán llegaron ladrones y le robaron el contador de electricidad. “Me picaron la cablería y se llevaron la caja”, indicó. 

¿Qué vas hacer? “Esperar por las ayudas, sino buscar la manera de hacerlo yo mismo”, respondió.

Casi frente a la destruida casa de Diomedes, está la de Ivelisse Torres y Wilfredo Rivera. La estructura perdió el techo de zinc de los dormitorios y el agua se encargó de dañar las pertenencias de los hijos de la pareja, de cuatro y siete años de edad.

“Perdí las camas, una ropa de los nenes, los juegos de cuarto, par de cositas”, describió Rivera. “Hicimos la reclamación por teléfono, pero no nos han dicho nada todavía”, indicó.

¿Qué esperas? “La ayudita o algo para comprar la cama de los nenes. Eso es lo más importante”, dijo.