Testigo: Ciudadano Navarro

Pido prudencia al momento de evaluar los actos públicos del ciudadano Navarro.

Quizás deba pedir también honestidad. Aquella honestidad que podamos resistir. Y añado desde el arranque que te lo pienses bien antes de tirar la primera piedra. Porque ya no estamos para tragar la hipocresía de los comunes, aquella que se exhibe en los parajes comunes por gente común, con un dejo de corrección política  y un poquito de seriedad papal para caer bien y ganar el aplauso, mientras nos atracamos una tripleta que llora grasa y kétchup a cada bocado.

Menos estamos para columnistas tontejos que añoran el celibato de los políticos y muchísimo menos para políticos cutres, embarraos de traqueteos que se tornan circunspectos y severos cuando reclaman la pureza de los altares y la hoguera para los impíos.

Pregunto: ¿quién no se ha dado unos palitos de más?; ¿quién, alguna vez, se ha dejado arrullar por el efecto de los polvos alucinantes?; ¿quién no se ha fumado un pitillo?; ¿quién no ha deseado la pareja del prójimo? Digamos que el alcohol y la política siempre han estado coludidos.

Que muchos de los difuntos políticos puertorriqueños que intentan resucitar en bustos y tarjas, rebosaban en alcohol, en yerbas y polvos en sus buenos tiempos. Y que muchos políticos que aún respiran, rebosan en alcohol, yerbas y polvos durante su ocio perpetuo.

Advierto desde ya que el asunto del ciudadano Navarro no tiene nada que ver con ingerir o inhalar, si es que algo ingiere o inhala. Pero algunos políticos cutres en Puerta de Tierra le han recetado al ciudadano Navarro una terapia para dominar su goloso apetito por aquello que le gusta ingerir o inhalar y que aún no sabemos, pero que sospechamos con ladina intuición.

Digamos que para ganar corrección política, la jaibería puertorriqueña dicta ingresar en tratamiento al compañero desviado.

El ciudadano Navarro, quien también es un político cutre, ha aceptado la receta con tal gracia y empeño que ya lo imaginamos repuesto de todo trance y caída.

Digamos que toda esta escenografía armada por nuestros políticos cutres intenta que el ciudadano Navarro aprenda a ingerir o inhalar aquello que le gusta sin que nadie se entere y distante de los celulares que lo asechan. Aquí llegamos al meollo de este entuerto.

El verdadero problema del ciudadano Navarro no es su exhibicionismo rampante y su vocación de Pavo Real trasnochador. Menos aún lo es su afición incontenible por el lupanar, que solo compara con la del marinero que navegó seis meses sin hacer escala.

El verdadero problema del ciudadano Navarro se encuentra en esos aparatitos que se llaman celulares y que contienen una cámara de video capaz de recoger en imágenes lo que a su dueño se le antoje y reproducirlo al instante para que lo pueda ver todo aquel que posea un aparatito similar.

Digamos que ese aparatito posee la virtud de convertir lo privado en público. Si ese aparatito hubiese existido en el siglo pasado probablemente nuestra historia política y la de todas las naciones del planeta fuera totalmente distinta.

Digamos que nuestros políticos cutres deberían aguzarse pues muy pronto esos aparatitos tendrán el tamaño de una uña y casi serán imperceptibles… A este asunto no le hace falta una moraleja pues tras el vendaval, la calma. Y el político cutre que es el ciudadano Navarro continuará con éxito ingiriendo  o inhalando aquello que desee y que aún nosotros desconocemos, pero que sospechamos con ladina intuición.

Aceptemos que el representante Navarro permanecerá ejerciendo su papel de político provinciano de pocas luces, gestor del trapicheo y del socorro de sus adeptos con cargo al fondo general. Admitamos que los políticos tienen cierta calidad de espejo y que de alguna manera son el reflejo de los electores que los favorecen con su voto.

Cerremos este capítulo innoble de nuestra política de cuneta aplaudiendo al socarrón político que es el ciudadano Navarro porque a pesar de sus sesos secos hasta ahora ha emergido ileso del estercolero que habita. Para finalizar reconozcamos que el ciudadano Navarro es muy cumplidor de la ley pues solo sabe leer y escribir como exige la Constitución a nuestros legisladores.

NOTA: El contenido de las columnas representan la opinión de las y los que las escriben y no necesariamente la de Es Noticia.