Un país en dos vías

Analizar, desde cualquier punto o postura asumida, la situación de nuestro país, es un ejercicio complejo y abrumante.  Las condiciones socioeconómicas y políticas producidas luego del paso del huracán María, han destapado la cruda relación colonial que tenemos con los Estados Unidos.

Para cierta parte de la población, la relación colonial no era algo nuevo, de hecho, se venía incluyendo en los discursos políticos, de economistas internacionales y locales, entre otros.  Hoy, el concepto colonia, coloniaje y colonialismo, se discuten plenamente aunque algunos sectores insistan en negar la condición.  Los medios de comunicación lo dicen, las redes sociales se desbordan de mensajes y vídeos sobre el tema, al punto que podemos decir que se aceptó, finalmente, que Puerto Rico es una colonia.

Me parece importante que partamos desde el acuerdo «somos colonia» para comprender por dónde se manifiesta esa fatídica condición social.

Para entender la estructura de Puerto Rico hay que ir de lo macro a lo micro.

De manera vagamente resumida:

Estados Unidos invadió en 1898 a la isla y desde entonces la domina completamente.
En 1952 se llega a un «acuerdo» que establece una relación política (ELA) entre ambos países para no tener que rendir cuentas en las Naciones Unidas sobre la ilegalidad de poseer colonias luego de la Segunda Guerra Mundial.
Desde entonces, los gobiernos han tenido muy poca autonomía.

No obstante, se valieron de cómplices para configurar la psique de los habitantes en el paraíso caribeño.  Han pasado 65 años y Alicia se dio cuenta que no hay tal cosa maravillosa en la relación con el Tío Sam.

Sin embargo, gracias a la relación colonial, Puerto Rico se está vendiendo a magnates norteamericanos para que hagan negocios aquí.  Hace unos años el emblema para atraerlos era “Puerto Rico la Isla Estrella”, ahora le dicen abiertamente “Puerto Rico is open for business”. Esto puede sonar beneficioso para algunos.  Son personas y corporaciones con mucho capital, interesados en venir a la isla y discutir asuntos para “revitalizar” al país.

La trillada inyección económica directa extranjera es la manera (o la única) que a los gobiernos coloniales se les ocurre pensar.  Para atraer a esos magnates y/o corporaciones hay que hacerles el negocio atractivo: eximirlos de todos los incentivos y alivios contributivos y pasarle factura al resto del país.  A eso le llamo colonialismo laboral o esclavitud moderna.

Cabe preguntarse:

¿Qué tipos de empleos van a realizar estas personas que para atraerlos hay que, prácticamente, regalarles el país?
¿Cómo van a contribuir a la revitalización económica del país si apenas van a aportar económicamente al fisco?
¿Cómo la flexibilización de leyes laborales van a producir empleos dignos y estables?

Puerto Rico sufre una crisis de memoria histórica.  Seamos exigentes sobre la racionalidad de Junta de Control Fiscal, sobre el colonialismo, las reformas que atentan contra la clase trabajadora.

No es negar la entrada de corporaciones a la isla. Si tienen el capital para hacer negocios aquí, deben aportar al menos un 10% de sus ganancias al fisco.  Con eso y las fuerza de los pequeñas y medianas empresas, desarrollamos una economía local sustentable.  Todos debemos aportar al país, empero, el negocio no puede favorecer solo a una parte.  ¿El coloniaje nos limita a desarrollar un país así?  Sí.  ¿Qué haremos entonces?

Me pueden escribir a: puntocpr@gmail.com Le invito a que me siga en @puntocpr en Facebook y Twitter. El autor Ángel R. Comas Nazario estudió Psicología Industrial/Organizacional (PhD), Asuntos Públicos (MPA) y Humanidades (BA).