PONCE – Son las diez de la noche. En tarima toca la Sonora Ponceña. Parecen cien manos, pero son dos. Las manos de Papo Lucca se deslizan con impecable maestría sobre las teclas del piano para dar paso a una armónica fusión de salsa dura, jazz latino y son cubano con otros ritmos afro caribeños y brasileños. Los bailadores ceden al banquete musical y se desplazan hacia la pista.
En 72 años de historia, la mítica orquesta de la Perla Sureña le ha cantado a todo el mundo, a Borinquen, al amor, a la felicidad, a la unidad latina y sobre todo, le ha cantado y tocado al bailador, con sabor, con sentimiento y con caché.
La vida de Enrique Arsenio Lucca Quiñones (Papo Lucca) ha estado ligada a la Sonora Ponceña, desde que su padre, don Enrique Lucca Caraballo fundó la orquesta el 20 de abril de 1954. Él apenas tenía ocho años, pero ya desde los seis años, estudiaba música y asomaba su afición como multiinstrumentista, sin imaginar que iba a ser uno de los grandes pianistas de las Estrellas de la Fania.
Don Quique, un humilde yaucano que tocaba guitarra y hacía segunda voz, influenciado por el movimiento de conjuntos cubanos, crea con su hermano Pellín Lucca, en los años de 1940, el Conjunto Internacional, que se convirtió luego en la Sonora Ponceña. El binomio de padre e hijo, fue llamado los Gigantes del Sur. Don Quique Lucca murió el 9 de octubre de 2016 a la edad de 103 años con la satisfacción de haber fundado una de las orquestas más importantes de la música latina y atestiguar de primera mano, la meteórica carrera de su hijo.
Alejado ahora de los escenarios por condiciones de salud, a sus 80 años, Papo Lucca sigue al frente de la orquesta. Compartió en exclusiva, con Es Noticia recuerdos de su prolífica carrera musical, de su vida familiar y lo significa que una tarima en su natal Ponce, lleve desde hoy 2 de octubre de 2026, el nombre de la aclamada Sonora Ponceña.
“De mi padre aprendí prácticamente todo lo relacionado con disciplina, responsabilidad y respeto por la música. Él era un hombre trabajador, exigente y muy serio con la orquesta. Para él, si había un compromiso, había que cumplirlo.
Yo crecí viendo los ensayos de la orquesta en mi propia casa. Para mí aquello era algo normal, pero con los años uno entiende el privilegio que fue crecer rodeado de músicos y de música. Mi padre me enseñó que el talento solo no es suficiente. Hay que trabajar, estudiar, llegar preparado, respetar al público y respetar a los compañeros”, dice Papo Lucca sobre el legado de su progenitor.
“Mi padre era un enamorado de su Sonora Ponceña”, afirma con nostalgia el virtuoso pianista, cuyo “Papo” viene desde niño.
—¿Qué te hizo preferir el piano? ¿Admirabas o escuchabas a algún pianista?
“De niño me gustaban mucho los instrumentos de percusión. Después comencé mis estudios formales de música y estudié solfeo, piano, clarinete, saxofón y teoría musical en la Escuela Libre de Música y posteriormente, continué mi preparación en el Conservatorio de Música de Puerto Rico. También estudié de manera privada con el maestro Ramón Fernández que fue una persona muy importante en mi formación musical. El piano terminó siendo mi instrumento, porque era el que me daba la posibilidad de desarrollar todas las ideas que tenía en la cabeza. Con el piano podía trabajar ritmo, melodía, armonía y prácticamente escuchar una orquesta completa. Una de mis influencias iniciales también fue escuchar a los músicos que llegaban a tocar con la orquesta de mi padre. Yo observaba mucho y trataba de sacar lo que ellos hacían”, describe el intérprete.
—¿Tienes anécdotas de tu niñez con tus amigos?
“Mi niñez estuvo muy ligada a la música. La mejor anécdota es que mientras otros niños estaban haciendo otras cosas, yo tenía una orquesta ensayando prácticamente frente a mí. Yo me metía entre los músicos, tocaba los instrumentos y observaba todo lo que ocurría. También recuerdo las actividades de la escuela. Desde muchacho tocaba piano en programas culturales y tuve la oportunidad de acompañar a Héctor Lavoe cuando éramos estudiantes. En aquel momento uno no imaginaba hasta dónde iba a llegar cada cual. Éramos muchachos haciendo música”, rememora.
—¿Cómo defines tu estilo?
“Nunca me senté a decir: ‘voy a crear un estilo’. Eso fue surgiendo naturalmente.
Yo siempre he tenido mucho respeto por el son cubano, por la música afrocaribeña y por la estructura de una sonora, pero al mismo tiempo me interesaban mucho el jazz, las armonías diferentes y otras posibilidades musicales. Lo importante para mí siempre ha sido que, por más elaborado que sea un arreglo, la música siga teniendo sabor y se pueda bailar. La Sonora Ponceña puede tener armonías complejas, cambios y elementos de jazz, pero nunca puede perder el ritmo ni dejar de ser música para el bailador. Ese balance es parte del sonido de La Ponceña”, asegura.
—¿Qué pieza es la que más define a Papo Lucca? ¿“Piano Man” en la voz del también ponceño Ismael Quintana?
“Piano Man definitivamente tiene un significado especial porque está directamente relacionada con mi instrumento y con una parte importante de mi trayectoria. Pero, escoger un solo número para definir tantos años es difícil. Hay temas como Fuego en el 23, Boranda, Ahora yo me río y muchos otros que tienen pedazos distintos de nuestra historia. Si hablamos específicamente del piano y de Papo Lucca, claro que Piano Man, ocupa un lugar muy especial”, comparte el también arreglista.
—Son famosos tus solos de piano, ¿con cuál se queda Papo Lucca y por qué?
“Es difícil escoger uno porque cada uno pertenece a un momento distinto. Muchas veces los solos nacen de lo que uno está sintiendo en ese momento, de lo que está haciendo la orquesta y de la reacción del público. Tengo cariño por muchos de ellos: Ahora yo me río, Boranda, Prende el fogón, Madrugando. Si tengo que mencionar una canción a la que siempre le he tenido un cariño especial, diría Ahora yo me río, también por la historia personal que hay detrás de ese número”, confiesa.
—¿Qué arreglo o arreglos consideras que marcaron tu carrera?
“Fuego en el 23 fue importantísimo porque fue uno de los números que ayudó a definir el sonido y a abrir muchas puertas para La Sonora Ponceña. También hay trabajos de diferentes producciones donde pude desarrollar más las armonías y experimentar con otros elementos musicales. Para mí un buen arreglo no es necesariamente el más complicado. Es aquel donde todo está en su sitio, donde el cantante está cómodo, los músicos tienen espacio y el público siente la música. Fuego en el 23 ciertamente ocupa un lugar importante en esa historia”, explica.
—Tu gran talento te llevó a sustituir a Larry Harlow como pianista principal en las Estrellas de Fania, también lideraste la Puerto Rico All Stars, ¿qué recuerdos guardas de esa época dorada de la salsa?
“Fue una época extraordinaria. Imagínate estar en un escenario rodeado de algunos de los mejores músicos y cantantes que ha producido nuestra música. Con Fania tuve la oportunidad de viajar, grabar y tocar ante públicos inmensos. Cada músico tenía una personalidad musical diferente y eso obligaba a uno a estar siempre preparado. Recuerdo especialmente conciertos como los del Madison Square Garden y grandes presentaciones internacionales. También Puerto Rico All Stars fue muy importante porque representaba el talento de los músicos puertorriqueños y el deseo de demostrar el nivel musical que existía en Puerto Rico. Más que pensar que estábamos viviendo una época dorada, nosotros estábamos trabajando. Con los años es que uno mira hacia atrás y entiende la magnitud de todo aquello”, expresa.
—¿Cuál es el himno de la Sonora Ponceña, el que más pide el público?
“Si hay que escoger uno que el público identifica inmediatamente con La Sonora Ponceña, Fuego en el 23tiene que estar entre los primeros. Ese tema fue muy importante en nuestra trayectoria y nos abrió muchas puertas. Pero dependiendo del país, el público pide cosas diferentes. Boranda, Fuego en el 23, Ahora yo me río, Borinquen, Yambequé, Hacheros pa’ un palo y muchos otros se han convertido en favoritos. Lo bonito es llegar a distintos países y ver cómo cada público ha hecho suyas determinadas canciones”, comparte.
—Se dice que con tu sonido armónico hacías hablar al piano, ¿cómo se logra esa perfección?
“Eso es estudio, práctica, escuchar mucho y respetar el instrumento. Siempre he dicho que uno nunca termina de aprender música. Hay que escuchar lo que está pasando alrededor de uno. El piano no puede estar peleando con la orquesta, tiene que conversar con ella. También es importante dejar espacios. No se trata de tocar muchas notas por tocarlas. Cada nota debe tener una razón. Después de muchos años el instrumento se convierte prácticamente en una extensión de uno mismo, pero detrás de eso hay muchas horas de trabajo”, remacha.
—¿Cómo Papo Lucca ve el género de la salsa hoy día? ¿Ha evolucionado? ¿Hay relevo generacional?
“La música siempre evoluciona y cada generación tiene su manera de expresarse. La salsa también ha cambiado. Han cambiado las formas de grabar, la tecnología, los arreglos, la manera de promocionar la música y hasta la forma en que el público la consume. Pero, mientras haya buenos músicos, buenos cantantes y gente joven interesada en conocer de dónde viene esta música, la salsa va a continuar. Yo pienso que hay que permitirle a cada generación hacer su aportación, pero también es importante estudiar la raíz. Para saber hacia dónde uno va, hay que conocer de dónde viene”, afirma el también intérprete del fliscorno, instrumento de viento parecido a la trompeta.
Para Papo Lucca la tarima que se le dedican hoy a la Sonora Ponceña en el sector La Guancha, de la Ciudad Señorial tiene un significado muy grande. “Nosotros hemos recibido reconocimientos en muchos lugares del mundo y estamos profundamente agradecidos por cada uno de ellos, pero cuando el reconocimiento viene de Ponce tiene otro sentimiento. Aquí comenzó todo. Aquí mi padre creó su orquesta. Aquí ensayamos, crecimos, comenzamos a tocar y soñamos con llevar nuestra música a otros lugares sin imaginar hasta dónde iba a llegar”, afirma.
“Que una tarima en La Guancha lleve el nombre de La Sonora Ponceña no es solamente un reconocimiento para mí, es un reconocimiento a mi padre, a todos los músicos y cantantes que han pasado por la orquesta, a nuestras familias y a todas las personas que durante más de siete décadas han formado parte de esta historia. Y, sobre todo, es un reconocimiento que queda para las próximas generaciones. Para mí tiene un valor sentimental enorme porque viene de mi pueblo, de Ponce”, atesora el director musical de la orquesta.
Por la Sonora Ponceña han pasado grandes y destacados músicos, al igual que una cantera de inigualables voces: Tito Gómez, Toñito Ledée, Miguelito Ortiz, Luigi Texidor, Yolanda Rivera, Héctor (Pichie) Pérez, Luisito Carrión, Mannix Martínez, Edwin Rosas, Daniel Dávila, Darvel García, Jorge Nicolai y Charlie Martínez. La colección discográfica de la banda y de Papo Lucca incluye más de 50 álbumes.
“Disciplina, respeto por la música, calidad y nunca olvidar al público”, es la receta de la Sonora Ponceña para seguir repartiendo buena salsa.
“Siempre hemos tratado de mantener nuestra identidad. Uno puede evolucionar musicalmente, incorporar cosas nuevas y experimentar, pero no puede perder la esencia. La Sonora Ponceña tiene un sonido que la gente reconoce y eso se ha cuidado durante todos estos años. También ha sido fundamental contar con excelentes músicos, cantantes y personas comprometidas con la orquesta. Pero, posiblemente, la clave más importante es el público”, sostiene Papo Lucca.
“Son más de 70 años porque han existido generaciones de personas que siguen escuchando nuestra música, que llevan a sus hijos y a sus nietos a vernos y que han hecho de estas canciones parte de sus vidas. Mientras el bailador escuche una Sonora Ponceña y tenga ganas de levantarse a bailar, nosotros hicimos nuestro trabajo”, subraya el Piano Man de la legendaria orquesta de Ponce.











































